Desde Andalucía, oliendo a humo

Ya estamos ante las fatales consecuencias de una legislación medioambiental creada para satisfacer las demandas conservacionistas trasnochadas de unos pocos ecolobrones, ecologetas, mercachifles, perroflautas y demás carne de quinceeme.

Ahora, sobre el fatal olor a pasto y carne quemada, unos echarán la culpa a la tardanza de los bomberos, otros a que los aviones no pueden volar de noche, otros a los que encendieron una barbacoa en el lugar inadecuado; pero son pocos los que han recordado una legislación hecha a capricho de unos pocos votos asegurados, vociferantes y desinformados, pero eficaces en la calle, en la que el político español basa el éxito de sus campañas propagandísticas antes de cualquier consulta electoral. Este es el problema, la política y las leyes hechas como pago a los servicios prestados sin tener en cuenta los resultados. Y ahora, frente a la realidad incontestable del monte calcinado, la cobardía de quienes aun con mayoría absoluta, no son capaces de decir alto y claro: «Este es el resultado de unas leyes hechas desde el desconocimiento y votadas desde los estómagos agradecidos».

El resultado es espantoso. En esos montes donde, a petición de unos pocos iluminados, se suspendieron los aprovechamientos forestales y cinegéticos, ya solo queda ceniza y el espantoso olor dulce de la muerte. ¿Cuántos más ejemplares de todas las especies protegidas y cazables tienen que desaparecer abrasados? ¿Cuántos bomberos tienen que morir en el monte? ¿Cuántas hectáreas verdes tienen que quedar en España para que, de una maldita vez, la Administración española se dé cuenta de que hay que devolver a la sierra los usos ganaderos, cinegéticos y forestales que hagan sostenible su conservación y que permitan la vida dentro de esos pulmones verdes que, cada vez, están más asfixiados por la inoperancia y por el humo? (humo que, además, ocasiona cánceres con miles de metástasis que hacen inviable la vida).

¿Cuánta manzanilla de esa que cogió un pastor de Sierra Nevada al que le impusieron un millón de pesetas de multa, se puede perder en los incendios? La que arde por no hacer cortafuegos, ¿no está en el catálogo de especies amenazadas? Posiblemente, si a ese pastor no le hubieran jodido la vida por coger un puñado de hierba para aliviar los dolores de barriga, sus cabras y sus ovejas habrían seguido haciendo cortafuegos naturales con su devenir diario, y hoy el monte donde él pastoreaba tendría veredas y no habría pasto seco que actuase como cordón detonante ante cualquier chispa. Pero la gentuza política necesitaba su cabeza de turco, para demostrar el carácter inviolable de la ley hecha para dar satisfacción a sus vociferantes hordas. España tiene su Nerón particular en cada juez que aplica la norma y en cada político que no hace nada por cambiarla. A quien no tenga ni zorra idea de lo que es el monte, no le podrá entrar en la cabeza que todas esas vereditas que los cazadores y sus perros hacen en la sierra, actúan como miles de microcortafuegos que impiden el avance de las llamas al no encontrar cordón detonante. Cuando las llamas llegan a una mata verde, se mueren intentando secar la madera para que arda, pero si tienen como aliado ese pasto seco que arde como tea y proporciona la fuerza necesaria para continuar, no encontrarán freno.

¿Cuántos espacios de esos que antes eran “libres” y podía cazar en ellos cualquiera, se han convertido desde su transformación en espacios “no cazables”, en lugares intransitables donde no hay una sola vereda por la que extender una manguera?

Con el proteccionismo descerebrado llegamos al extremo de impedir que los silvestristas (aficionados a la captura de aves fringílidas para su cría en cautividad y educación en el canto), tengan que fabricar arbolillos artificiales (de plástico) para la captura de aves, porque está prohibido coger unas pocas matas de chaparro, o de charrabascas, para construir un arbolillo natural. Esta práctica de coger unas pocas ramas de encina para hacer un arbolillo hacía que muchos chaparros de las dehesas de toda España tuvieran los troncos “resubidos”, con lo que ante un incendio forestal la virulencia del fuego pasaba por debajo de los árboles y, como mucho, flameaba las partes bajas. Pero ahora, como ni Dios se atreve a tocar un chaparro, ni para hacer cisco ni para dar de comer al ganado, ni tampoco para coger un puñado de pájaros, los bajos de los árboles están llenos de ramas secas, de ramitas de pequeña envergadura, de retoños secos por el calor y de un pasto reseco que cuando llega la llama, allí se queda hasta prender en las ramas más altas y entonces ya no hay solución.

Ahora ya tenemos unos pocos montes calcinados, ¿volveremos a sembrarlos de pinos?  ¿No hay nadie que desde donde corresponda recuerde que la encina, el quejigo, el alcornoque, la charrabasca, el lentisco, o el acebuche son especies mucho más resistentes al fuego, y que además son autóctonas? ¿No ha hecho todavía bastante caja el vivero de los pinitos, para poder cambiar de especie? ¿Cuántos puestos de trabajo se pueden crear para adoptar una política de emergencia en el control de incendios, que cree una red de cortafuegos en todos los montes españoles que aún no han ardido?  Reduciendo a la mitad los sueldos de 5.000 euros de políticos que no dan palo al agua, y creando sueldos de mil quinientos euros para trabajar en los montes españoles ejecutando medidas contra incendios, se aliviaría un poco la situación de muchos parados, se devolvería a la realidad a un buen puñado de paniaguados, y se resolvería en buena parte un problema que está pegando fuego a lo poco que nos queda.

Los veinte millones de euros que les han dado en 2011 a los sindicatos para financiar “actividades”, podrían emplearse en financiar un parque de maquinaria contra incendios que necesitaría conductores, mecánicos, garajes, y especialistas en su manejo. En fin… son ideas que no me hacen especial, que no hacen que mi partido me ponga un sueldo, y que precisamente por eso puedo expresar libremente y regalar a quien quiera utilizarlas. Desde mi Andalucía que se quema con los ERE’s de los descamisados, a la que asaltan sindicalistas bandoleros, en la que nos roban los que han venido de fuera lo poco que nos dejan los que nos roban desde dentro, oliendo a humo que no es de paja de habas, os envío un “caluroso” abrazo.        

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