Cabras monteses

Juan Caballero

La cabra hispánica era hasta hace unos meses una especie de bóvido exclusiva de España. En el pasado se repartía por el sur de Francia, Andorra, España y Portugal. En nuestro país se distinguen dos subespecies: la victoriae y la hispánica. La primera citada, principalmente en Gredos, y la segunda en Sierra Nevada y en las serranías más próximas al mar Mediterráneo.

Otras subespecies, como la lusitanica y la pyrenaica, que habitaron zonas montañosas de Francia, Portugal y el Principado, se extinguieron. Únicamente quedaron las que eran nuestras en exclusividad.

Está más que claro que lo hicimos bien, que aquellos enamorados de la caza y a la vez de nuestra biodiversidad echaron el resto, hasta el punto que la cabra se extendió por la mayoría de nuestras autonomías. Muy al contrario ocurrió en los otros países.

Los cazadores y unas administraciones que apostaron por la caza salvaron una especie de su segura extinción, no hicieron falta ecoabandonistas ni asociaciones que valoran más la vida de un perro que la vida humana. En particular, la victoriae se conserva gracias a la intervención personal de SM el rey Alfonso XIII y, posteriormente, a las reservas de caza.

Decía que era nuestra hasta hace unos meses, porque la Ministra de Agricultura, que en octubre del presente año recibió la condecoración de Comendadora de la Orden del Mérito Agrícola de Francia, dio la orden oportuna para que la cabra hispánica pasara a ser también francesa. Sencillamente, un viejo acuerdo de tiempos de Zapatero, que quedó paralizado gracias al sentido común de algunos, lo reactivó nuestro nuevo Ministerio.

Como consecuencia, las repoblaciones en el Pirineo francés ya son un hecho. Esta cuestión a los grupos ecologistas les trae sin cuidado. Al fin y al cabo, es un hachazo a la economía española, algo que ellos nunca han respetado. Además, es una especie que seguía en el mundo sólo y exclusivamente a causa de los cazadores. Ni una sola protesta cuando lo tenían fácil, aún importándoles un bledo los intereses de España, por tratarse de la introducción de una subespecie distinta a la que existía en los Pirineos o por la alteración de la biocenosis actual de la cordillera.

Los cazadores de todo el país se van enterando, demasiado despacio, del increíble regalo que les hemos hecho a los franceses. Nuevamente nuestro conformismo, derivado de la multitud de golpes que tradicionalmente recibimos, pudo con nuestro deber. Pero les aseguro que la indignación aumenta por segundos.

Cazadores americanos, franceses, rusos y del resto del mundo ya no tendrán que hacer turismo de forma obligatoria en España para fotografiar o/y cazar esta especie. En unos años, lo harán en Francia y con el tiempo la cabra será una especie común en medio mundo. Cazar un macho montés trofeo es muy caro y requiere generalmente varios días, lo que repercute de forma muy positiva en la economía de muchas administraciones. No es una especie típica que comercialicen en general los propietarios privados, hoy en día cada vez más popular y es un motivo turístico que ningún otro país podía ofrecer.

Mientras que los representantes de la Oficina Nacional de la Caza francesa se frotan las manos, por aquí intentan quitar hierro diciendo que en Francia la especie está protegida. ¿Y cómo no va a ser así cuando están empezando a introducirla? Realmente, ha sido una gran metedura de pata.

Quizá, nuestro Ministerio haya conseguido algo de gran importancia para nosotros, los españoles. Si es así tiene que ser impactante, pues a lo largo de la historia todos los gobiernos de la democracia se negaron a perder la exclusividad de la especie, y no fue por falta de peticiones. Ni tan siquiera de forma furtiva consiguieron sacar una sola montés de nuestra tierra. Cabe la posibilidad, yo no lo dudo, de que la Ministra desconociera la importancia de la pérdida, también que pueda suspenderse la reintroducción dejando de llevar cabras a los Pirineos franceses. Si esto es así, quizá las sueltas realizadas no sean suficientes o al menos retrase muchos años el establecimiento de la especie en tierras de nuestro vecino del norte. Espero que nuestro Gobierno recapacite y logre minimizar los daños.

Quizá sea preciso, y necesario, el establecimiento de una mesa para la defensa de la cabra montés, que exija la paralización de las sueltas y un compromiso por parte del Gobierno francés de que la especie nunca será, en su tierra, catalogada como de caza y menos aún comercializable, además de la promesa escrita de que nunca cederán la especie a otro país.

Todos sabemos que hay demasiados furtivos en España y muy buenos, algunos excepcionalmente increíbles, sería ‘el as’ en la manga de la mesa.

Por Juan Caballero

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