Revuelta rehalera (II)

images_wonke_opinion_felipe_vegueSeguro que a la lectura de estas líneas tendremos algunas novedades sobre el tema que tanta crispación provoca entre las filas de los rehaleros y, por supuesto, de todos los practicantes de la montería española. Me extraña, bastante, el poco eco que está teniendo, incluso en nuestros medios especializados, este gravísimo problema que, de continuar, revolucionará (nosotros creemos que a peor) a todos los practicantes cinegéticos. El enrroque de la Inspección en las causas excluyentes, los expedientes ya en marcha y el trato de los inspectores, empleando amenazas y coacciones con los podenqueros, multiplicados en el caso de jubilados y pensionistas (excluidos, como no coticen, de cazar con rehala, al menos que lo hagan sin percibir nada a cambio, o dándose de alta en la actividad los días que acudan a cazar…). Es tal el enfoque en las inspecciones realizadas, con desconocimiento de las reglas deportivas de la caza, una actividad, social, deportiva y legal, con participación de personas que comparten, en la inmensa mayoría, los gastos que se generan en todos los clubes deportivos y sociedades sin ánimo de lucro, que no terminamos de entender cómo la Inspección no comparte nuestra tesis de que en la montería social los gastos se dividen sin más, no son retribuciones dinerarias las que perciben los rehaleros, es el compartir una mínima parte de los gastos que tienen con sus perros, transporte, sanidad y eso, a mi juicio, es a todas luces legal.

Sí es cierto que en ocasiones el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social admite que algunos gastos dedicados a transporte o residencia compartida no deben contar como retribución, ¿por qué, entonces, persigue a los rehaleros? Ninguno de los objetivos de la rehala deportiva es convertirse en empresario con ánimo de lucro; la caza sigue siendo un asunto de libertad de elección, de cómo ocupar tu ocio.

Seguiremos intentando que el Ministerio entienda nuestra postura, nuestro derecho y nuestra elección, siempre que no exista el ánimo de lucro. Cosa muy diferente será poner en el monte a cuatro rehalas del mismo propietario y con podenqueros contratados y no querer cumplir las normas que todos como ciudadanos nos debemos, que de ese palo también los hay, y estos sí que obtienen retribuciones económicas por la caza, la ejercen como profesión y deben cotizar como todo hijo de vecino.

Solicitamos el reconocimiento de la compensación de los gastos compartiendo jornada cuando no exista ánimo de lucro, declaración de la caza con rehala como actividad deportiva, pedimos a los distintos departamentos de Medio Ambiente autonómicos informes para enviarlos al Ministerio de Trabajo. No pedimos tratar a la rehala superficialmente, existen muchas obligaciones en otros rangos que cumplir, no hay que agobierla con tantas absurdas medidas y controles, ni tan siquiera superficialmente, a los cazadores esto nos resulta exagerado.

Pero no sólo se persigue el cumplimiento de las rehalas, también que en las monterías el resto de auxiliares no puedan ser voluntarios o aprendices de un oficio que necesita la imitación para desarrollarse. Así excluirán a futuros podenqueros del necesario aprendizaje y en la rehala creemos que, para subsistir, les necesitamos. Que no pueda acompañarnos el amigo o tu mujer, que tus paisanos no puedan hacerte las migas, eso es exageración, si, además, todos los presentes tienen que demostrar que no están ejerciendo labor remunerada alguna.

Pero, ¿qué ocurre con la caza comercial? Los ingresos rehaleros que no superen el salario mínimo no tendrán que declararse; pero, para curarse en salud, las orgánicas exigen el alta en el sistema, llevando aparejada la obligación de las pertinentes declaraciones posteriores. ¿Cómo evitarlo? Ése es el mecanismo que nos debe facilitar el Ministerio: si estamos fuera de la norma, no tenemos que contraer obligaciones fiscales futuras. Ciertamente, las empresas pueden llegar a vislumbrar aptitudes acaparadoras que en nada beneficiarían el futuro de los cazadores en general; no todos pueden permitirse acudir a monterías comerciales, ni es ése el espíritu que mantiene a muchos en activo, no todos tienen ingresos suficientes para pagar requerimientos de rentabilidad y, por qué no decirlo, la rehala también necesita de los ingresos de la caza comercial, aun teniendo la deportividad como meta.

Las diferentes aptitudes de empresas, asociaciones, clubes y sociedades marcando el territorio, también nos perjudica. Puede dar al traste con un mejor futuro más ordenado y provocar deserciones masivas en unos momentos tan graves para fomentar aficiones de los nuevos cazadores, y esto ante un entendimiento social que empieza a comprender el negocio de la caza como esencial por las rentas que produce. El concurso rehalero tendría, por tanto, otras exigencias teatralizadas y tradicionales más que en la actualidad y que serían normas de obligado cumplimiento. En cercones y grandes fincas de trato, como poco excluyente, las juntas monteras se cerrarían al paso de venadores que también participaban por la ilusión de la caza, sin contraprestación alguna, se excluirá de la fiesta que hasta la fecha nos ofrecía la montería, con personajes dispares en recursos económicos y planteamientos, de amigos, familiares y aprendices, radicalizando ciertas posturas, enfrentando la caza comercial y la deportiva, y esto no ofrece muchas esperanzas promocionales, controlando a todos los participantes de tributación y aguantando los requerimientos legales a que están obligados los rehaleros con sus perros (los que queden), si no quieren recurrir en graves faltas susceptibles de sanción.

Para que esto no suceda se están convocando movilizaciones y asambleas en todo el país. Algunas asociaciones esperarán a cumplir plazos antes de lanzarse a la calle; otras ya han convocado las protestas y, de no recibir respuesta, el clamor será extensivo a todos los rincones, con propuestas como no cazar la próxima temporada. Para todos un deseo: que los rehaleros ¡no se encuentren solos!.

 

Por Felipe Vegue.

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