Ecologismo subvencionado

felipe vegue

“En España de diez cabezas, nueve embisten y una piensa”

Antonio Machado

Seguro que a muchos nos ha pasado, al conversar, que siempre hay alguien queriendo imponerte su opinión y si no se le da la razón, utilizan cualquier arte para imponerla –por mi parte, si lo que esperan es una disculpa o justificación por lo que soy o lo que hago, ¡van dados!–. El exaltado cree estar dotado de tal poder de convicción sobre las causas que expone que, más que ayudar a resolver el problema(?), que sería loable, termina desacreditado.

Los nuevos tiranos adoptan diversas formas, siendo quizás la más recurrente la de vestirse de verde, y como premio, las comunidades que tienen una población de animales emblemáticos (lobos, osos, urogallos) les subvencionan, y con cada noticia relacionada con éstos, comienza una caza de brujas con el apoyo de los medios generalistas, que deben tener un filón en este tipo de noticias.

Cada habitante del planeta que sostenga su locura con la soberbia de la condición de su clase consigue distanciar, cada vez más, la imagen que del grupo obtengan los demás y seguirá contribuyendo a la destrucción del único mundo que conocemos.

Y como en esto no hay grandes verdades, nunca encontramos soluciones en los distintos enfrentamientos sostenidos por cierta condición de clase (yo vegano, tú carnicero). Hoy tiene, y mucho, sentido hablar de medidas de protección y de recuperación de flora y fauna tan salvajemente tratada por el ser humano, no por éste u otro colectivo, que todos inciden en la llagas abiertas del planeta, por lo que debería cobrar sentido el trabajar en una sola dirección en asuntos de protección; sin embargo, ante tanto extremo/duro un cazador moderado, amante de la naturaleza, como el más encendido ecologista, tiene, y mucho, que transmitir.

Pero, ¿con quién tiene sentido entablar un diálogo los cazadores?, ¿con verdes moderados?, ¿los hay? Unos y otros también nos dejamos arrastrar por las mismas pasiones, tan humanas que aun hablando de lo mismo se entienden como diferentes.

¿Es lícito sentir más amor por los animales que por el ser humano? Para muchos, sí; despechados con el entorno y problemáticas diversas, se vuelcan en ellos y hacen de su defensa una forma de vida, tan legítima como otras.

El ecologismo militante actual es único, mostrando amor hacia los animales o al planeta (¿acaso todo dios no está de acuerdo en los mismos planeamientos?), la crítica a la guerra, las enfermedades o la violencia, es una apropiación de etiquetas exclusivas. Tener beligerancia obsesiva, si se está en contra de cualquier mal planetario, evita puntos de encuentros que serían mucho más beneficiosos. La existencia de enfrentamientos entre organizaciones que rayan o se acercan peligrosamente al terrorismo y otras gremiales o grupales, tienen que ser evitadas, tenemos demasiados ejemplos actuales de hechos, amenazas y aptitudes tan radicales como obsesivas. ¿Quién de estos no se pregunta si el mal del planeta es la raza humana?, ¿cuánto tiempo tardarán en pedir diezmar a la población o exigir medidas para evitar el crecimiento humano dejando más espacio a los otros seres del planeta…?

Todos conocemos las causas de los problemas sociales y medioambientales y cómo solucionarlos: con volver a los orígenes y más remotos, mejor. Todos los grandes problemas globales (contaminación de aire y agua, lluvia ácida, usos y prácticas agrícolas e industriales), y los pequeños de uso (detergentes domésticos, aerosoles, transporte..) y cientos de miles más, quedarían solucionados.

Y, ahora, que entiendan que la caza es una de estas renovables, miles de seres que nacen para ser presa de otros miles, y aquí la ‘utopía’ del verde: se pide la erradicación de todos los que atenten contra la vida de cualquier especie y para ello se necesitan subvenciones y dinero abundante de acólitos para encontrar recursos.

Que estas organizaciones prosperen será más una cuestión de ese dinero público y de cómo lo consigan. El empleo en campañas de concienciación social es norma fundamental y necesitarán asignaciones de fondos más abundantes. El tiempo nos dirá si estos se dedican a promover y lograr poder político, reflejado incluso en los presupuestos anuales del Estado, como tan claramente algunas propuestas exponen en la actualidad.

«Bajo las palmeras del oasis, el agua buena miró brotar de la arena; y se abrevó entre las dulces gacelas y entre los fieros animales carniceros… Y supo cuánto es la vida hecha de sed y dolor…». Dijo don Antonio Machado…

Por Felipe Vegue

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