Tradición… Pasado, presente y futuro

 

Nuevo día en tierras de Sierra Morena… la noche da paso a la luz de un nuevo amanecer, amanecer más hermoso que el de ayer donde las estrellas se funden con los primeros rayos de sol. Sol y luz que alumbran los caminos y senderos de nuestra vida, vida cargada de satisfacciones y decepciones, de encuentros y desencuentros, de alegría y de tristeza, de fortaleza y coraje, una vida rodeada por el ¡pasado, presente y futuro!

Primeros de octubre, vísperas del día de la hispanidad, una nueva temporada montera esta apunto de comenzar después de un año de espera. Faltan horas para volver a escuchar los campanos de los perros por nuestros parajes, el olor a jara, la soledad y la tranquilidad del monte que, nos embrujaran, nos llevarán a un mundo en el cual se presenta la pureza de la naturaleza y de lo salvaje, de la vida y del amor por esta tradición montera tan arraigada por nuestros antepasados.

Solamente horas para volver a caminar por valles y senderos, por encinares y jarales, entre amigos y nuevos compañeros. Son solamente segundos, minutos y horas para dar paso a una nueva campaña cinegética.

A mi como a muchos de ustedes se me esta haciendo eterno estos instantes previos a una nueva montería, son muchas las ilusiones depositadas a día de hoy, todo esta preparado: la mochila, el rifle, el cuchillo, la ropa, mis perros y, como todo buen montero, estarán presentes los valores cinegéticos inculcados por mi padre, que a la vez fueron transmitido por mi abuelo y mi bisabuelo.

Pertenezco a una familia montera, donde se nos ha inculcado desde pequeños a respetar al puesto de al lado, a respetar a la naturaleza y, sobre todo, a la vida. Desde pequeño tengo grabado a fuego en mi mente como en una montería salió una piara de dos cochinas con once crías y dos machos jóvenes, recuerdo que le dije a mi padre ¡Tira la primera que es la más grande! ¡tiralaaaaa!... y disparó sobre uno de los machos que iban en mitad de la piara consiguiendo abatirlo. Acabo el lance, se giro hacía mí y me dijo, ¡Nunca dispares a una cochina si la puedes ver claramente que es ella estando sola o acompañada de crías porque son las madres del mañana!. Solo tenía 8 años y lo tengo grabado como si fuese ayer.

Son momentos previos a una nueva temporada donde te acuerdas de aquellos que ya no están a nuestro lado, de los sabios de la tierra, de los que rompían monte como nadie y sobre todo de nuestros fieles canes, pero a pesar de todo siguen vivos por su sabiduría demostrada día a día, por su dedicación a este arte. Son aquellos que con nombres y apellidos nos han dejado un legado que debemos mantener como tradición, por su dedicación y esfuerzo, por su trabajo y honradez, por su pasión y su buen hacer a la hora de conservar y respetar el campo, pues como se dice en mi familia:

“El campo no es lo que heredamos de nuestros padres sino lo que tomamos prestado de nuestros hijos”

Ya esta todo a punto, sentimientos, pasión y emociones brotan por cada poro de nuestra piel como el agua pura brota de un manantial, cojamos todos nuestra mochila al hombro y el rifle en las manos para continuar por la senda de la vida, recorriendo veradas y lomeros, aprendiendo de un nuevo día y valorando los amigos y el compañerismo de cada jornada cinegética.

Muchos son los relatos y vivencias que llevo guardados en mí mochila, son pasados pero presentes, el futuro mañana lo sabré, pero para ello quiero disfrutar de este día donde compartir mis vivencias cinegéticas y los valores aprendidos, solamente faltas ¡TÚ!

Desde lo alto de mi atalaya contemplo un nuevo día observando el horizonte de mi querida Andalucía por ello, mientras tanto, no dejes de mirar hacia el horizonte hasta que el toque de las caracolas recorra nuestra sierra.

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