“En la caza sobramos cazadores y faltan cojones…”

Hace un par de semanas que decidí cerrar mi cuenta de Facebook. Por unos motivos u otros así lo hice y la verdad es que no lo echo nada de menos, al contrario, en este tiempo he aprendido quienes son mis amigos, que al no verme más por la red social me preguntaban si me pasaba algo. La verdad es que sí me pasa. Me pasa que estoy cansado de que la grandiosidad de una persona se mida en “me gusta”, de que las cosas se digan por un monigote o por un comentario y no a la cara, pero, sobre todo, estoy cansado de la falsedad falta de compañerismo y la falta de cojones en el mundo de la caza.
Sí, amigos, en la caza sobramos cazadores y faltan cojones.
Hoy un amigo me envía una foto en la que un energúmeno desea la muerte de dos niños que posan con un jabalí. Ya estoy acostumbrado a todo esto, de hecho, muchos de mis amigos y yo recibimos amenazas e insultos por las redes. Pero lo que de verdad me jode es lo siguiente (y esto que voy a decir a muchos no les gustará, pero soy como soy, así que si alguien se siente ofendido puede insultarme, ya estoy acostumbrado):
Que una asociación como Jóvenes por la Caza, con cientos y cientos de seguidores, patrocinadores, mecenas, y con ingresos y aportaciones de ¡cazadores!, se atreva a recomendar denunciar el perfil de Facebook de ese señor, ¡¡¡uffff!!!!, ¡¡¡¡menudo castigo!!! Lo que está asociación, junto con federaciones y la santísima ONC, debe hacer es denunciar por vía penal a este señor y que pague por lo que ha publicado sobre dos niños en una red social. Y hablo de este caso de hoy como todos los que pululan por la red y siguen indemnes.
¿Para qué queremos asociaciones que sólo se preocupan de captar afiliados, hacer encuentros y recomendarnos recoger las anillas de las aves que cacemos? Yo, para eso, no necesito ninguna asociación; yo necesito alguien que me defienda ante estos ataques y que ponga las cosas en su sitio.
Lo más curioso es que sí existen esas asociaciones que nos defenderían, pero como no son jóvenes o no tienen la imagen de una mujer guapa, no se las toma en serio.
Mañana o pasado este tema estará olvidado y ellos seguirán con su guerra, y nosotros con nuestro pasotismo y nos seguiremos gastando miles de euros en caza cada año.
Espero que los padres de estos niños sí hayan tenido los cojones de interponer la correspondiente denuncia contra este señor; si no es así, esto será otro empujoncito más para que un servidor abandone la ‘caza comercial’ y retome a la caza auténtica, la de cazar para comer, disfrutar del campo para poder cazar y, sobre todo, el más auténtico y verídico de los refranes sobre caza: “Para cazar, callar”.

Por Juan Lobón

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