Espectaculares lances cochineros en ‘La Encomienda del Moro’ con Monteros de Encinasola

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Niebla, con muchísima niebla amanecía Aljucén y alrededores en la mañana del 6 de diciembre, donde para comenzar el puente de la Constitución, Monteros de Encinasola iba a cazar la finca próxima a esta pequeña localidad de La Encomienda del Moro.

Con la mirada puesta atrás, se dio cita a los cazadores en El Cruce de las Herrerías, en el Restaurante Los Olivos, desde donde Paco Berjano y Hugo Larrubia fueron organizando todos los preparativos. Lento desayuno, sorteo y distribución de armadas, pero, con orden y disciplina militar, a las doce menos cuarto se montaba la última postura de la traviesa y a las doce en punto, sin dilación alguna, se abrían los portones de los perros.
El sol había vencido a la niebla y lucía desde lo alto para no desmerecer esta bonita jornada, y tan solo un par de disparos se habían escuchado antes de soltar. Algún que otro cochino se había cruzado por delante de los coches de las armadas, lo que confirmaba que la mancha los tenía. La suelta y su algarabía se pudo escuchar desde cualquier postura y una extraña tranquilidad reinó tras la misma en la parte de los eucaliptos y del pinar; sin embargo, en la solana fue abrir portones y comenzar el estrépito, crujir de jaras, con carreras, ladras y disparos. La umbría era otro asunto.
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Poco a poco con el avance de las rehalas la caza se fue repartiendo, con lances alternos que no dejaban tiempo para el aburrimiento, eran compases alternos de ladra, lance, pequeño silencio, ladra, lance, silencio… La sombra del casi centenar de cochinos abatidos el año anterior se hizo larga y los monteros, a pesar de asistir a una muy entretenida montería, tenían ganas de más, aunque hubo posturas de seis y siete lances.

El amigo Osorio abatió una cochina, fallando otra y jugando otros tres lances más con raposos; el amigo José Cándido abatió un buen navajero, viendo otros tres cochinos, Francisco Carneiro también abatió un buen navajerete, Felipe Adame vio como “volaban” por su postura 4 jabalíes sin tocar pelo, y así un montón de posturas, afortunadas en cuanto a puntería unas y desafortunadas otras, y es que esta es una finca de “andar de uñas”.

El protagonista de la jornada fue en esta ocasión Alfonso Aguado, quien consiguió hacerse con el mejor cochino de la montería, en un lance espectacular, con un jabalí enorme, que le entró como un obús, apretado por los perros y a corta distancia, haciéndose con el de certero disparo. La anécdota de la jornada, la protagonizaron las rehalas de Sahína que, de vuelta y sobre las tres y media, levantaron dos buenos cochinos. Los perros acosaron a uno de ellos sin descanso ni piedad, mientras que el más grande, tuno él, fue escurriendo bulto hasta llegar a las posturas más altas de la finca, donde lo fallaron estrepitosamente y a muy corta distancia. Los perros que lo perseguían abandonaron su labor a los disparos y acudieron al acoso del otro jabalí que, valiente, corría a trechos y se paraba a hacer frente a los canes, que poco a poco fueron cogiendo refuerzos de las rehalas de José Carlos de la Nava y de Francisco Magallanes, que traían la mano del pinar. La ladra se descolgó de los peñones en dirección a la Traviesa de los Olivos, donde fue fallado por un montero, costeó a medias aguas entre la armada del pinar, donde un servidor se encontraba; el cochino se paraba, pegaba a los perros más cercanos y pegaba arreones, vendiendo cara su alma. Allí, a un centenar de metros de mí, vi como lo apresaban, así que, presto, prendí el cuchillo de la mochila y volé en auxilio de los perros, avisando a los perreros que abandonaban la mano. El cochino, al verme próximo, volvió a correr como si hubiese visto al mismísimo demonio –y, la verdad, no me considero tan feo–, llegó a las proximidades del Cierre de la Pared de Piedra, donde un alano y un cruzado de dogo finalmente prendieron al morondongo, que valiente y faltándole una pata de un disparo viejo, seguía asestando cuchilladas a José Tomás y Marilin Manson. Fue entonces cuando sigilosamente me acerqué por su retaguardia y asesté dos puñaladas al valiente guerrero que, finalmente, cedió ante nuestro empeño. En ese momento llegó en busca de sus perros Julián, al que avisé de que todo había terminado.

Volviendo al asunto que nos atañe, la montería, toda esta gente, incluidos los 22 magníficos de la Peña Los Zahones, nos retiramos al cortijo de la finca, donde disfrutamos de la sobremesa y de un plantel final de 32 jabalíes, de los cuales,siete eran navajeros, y el de Alfonso Aguado que probablemente y a falta de medición, se pueda meter en bronce.

Una crónica de Carlos Casilda Sánchez

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FICHA
Organización: Monteros de Encinasola
Montería: Encomienda del Moro
Localidad: Aljucén (Badajoz)
Fecha: 06/12/2014
Puestos: 58
Rehalas: 22
Cupo: libre
Tipo finca: abierta
Nº ha monteadas:450
Jabalíes: 32 (1 bronce)

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