‘El Albercial’, montería dada por A&G Imperial S.C.

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Citados a las 8:30 h. en la gasolinera E. S. El Cristo, de Almadén, íbamos llegando los monteros. Allí nos esperaba Roberto González, el Gato, de A&G Imperial.

Cuando llegaron los más retrasados, Roberto, siempre atento, amable y dispuesto, nos guió hasta el cortijo de la finca donde nos juntamos todos a eso de las nueve; allí nos sirvieron unas buenas migas, finas y bien acompañadas de torreznos, butifarritas y huevo con café y zumos.

A las 10:30 h. sorteábamos los veinte puestos que se colocaban, yo con un cupo de dos venados y cinco ciervas, y me correspondió el n° 3 de El Carreterín, un cierre con cuatro puestos. Un Padre Nuestro y un par de vivas a nuestra querida Virgen de la Cabeza y a nuestra amada España, como es de ley y, por desgracia, no en todos sitios se hace.

Salió mi armada en primer lugar y antes de las 11:30 h. ya estaba colocado en mi puesto, situado en un camino que partía una ladera con jaral por su parte de arriba y un pinar de piñoneros por la parte de abajo que desembocaba en un barranco profundo, un buen tiradero amplio y de buena visibilidad. Me flanqueaban los puestos nº 2 y 4, a los que no veía por los cambios de rasante que tenía a uno y otro lado,  lo que dotaba al puesto de buena seguridad, siempre que la gente no se mejorara del lugar marcado para el puesto.IMG_9239el albercial montería

IMG_9279el albercial monteríaMe adjudicaron dos secretarios, aún no sé por qué, Jesús y Germán, dos chavales jóvenes y avezados en esto de la caza.

Nada más llegar monté mi R93, que uso con un calibre peso pesado, un 9,3×62 y al poco escuché el primer tiro de la mañana, daban las 11:37 h. en mi reloj y ya me palpitaba el corazón. Poco después me cumplieron las primeras reses, una piara de ciervas que protegían un bonito macho de doce puntas y bien formado al que indulté por lo escaso del cupo (dos) en la confianza de que me cumplieran venados de mejor porte, aunque habíamos sido advertidos que los venados de la finca eran de pocas puntas pero gruesos y de envergadura. No habían pasado ni cinco minutos   cuando me entró otra piara de cuatro ciervas con un vareto y dos machos buenos, los valoré y decidí que había que ir asegurando algún bicho, no fuera a ser que después me tuviera que arrepentir…, les dejé cumplir y a unos ochenta metros sacudí al que más me gustaba un certero trallazo del 9,3×62 en la tabla del cuello, lo hizo rodar patas arriba dignificando su razón de ser en esta vida, felicitaciones de mis secretarios por lo bonito del lance y el efectivo disparo.

No habían soltado los perros aún y ya tenía la mitad del cupo hecho. Me deleité con los prismáticos viendo aquel bonito venado de doce puntas al que mi fiel Basel, un joven teckel de pelo duro de dos años, fue a morder para cobrar el cervuno en su último aliento, le permití disfrutar del animal durante unos cinco minutos y después le llamé al puesto, donde acudió presto y obediente, aunque un poco a regañadientes, y le di unas palmaditas en señal de aprobación.IMG_9280el albercial montería

Fue transcurriendo la mañana y el trasiego y carreras de las reses eran incesantes, no mediaban más de 10 minutos entre carrera y carrera, venados de buen porte y algún venadillo, crudo aún, pasaban por mi postura. Sobre las 12:15 disfruté de un bonito lance, cumplían bien una cierva, un bonito venado de doce puntas que indulté en espera de algo mejor, aunque es verdad que dudé mucho, y un guarro enorme con boca que, como consciente de que no iba con él la cosa, nos rodeó a menos de veinte metros, como sin percatarse de nuestra presencia, al que iba contemplando con los prismáticos admirando sus defensas que se ya apreciaban a simple vista.IMG_9245el albercial montería

Me sorprendía comprobar que la mayoría de los animales hacían exactamente el mismo recorrido, como si tuvieran señales de tráfico, no se salían de la vereda ni un metro, piara tras piara, todas subían del pinar hacia el jaral cruzando el caminillo por el mismo sitio, subían hasta unas peñas que les debían impedir seguir adelante y entonces giraban a su izquierda para pasar por delante de mi postura, pero tapados por la densa vegetación de aquella zona a unos cien metros.

A los veinte minutos nos cumplía una collera de venados y decidí que había que asegurar ya el cupo, no fuera que después me tuviera que acordar de los animales perdonados porque se vaciara la zona de encame de
donde debían provenir, y perdiera la ocasión.  Uno de los dos parecía ser mejor que el que ya tenía muerto, dudé tanto que después de tenerlo a 70 metros cuando me decidí estaba ya a 130 metros, el tiro sorprendió a los secretarios que pensaban que ya no le iba a tirar, cayó a plomo el animal, pero tras unos segundos, cuatro o cinco, se incorporó con sus manos y, arrastrando los cuartos traseros, avanzó ladera abajo impidiendo un segundo tiro para su remate, y se adentró en el barranco donde le perdí de vista definitivamente. Poco después unas ladras a parado identificaban la posición del animal malherido a unos 150-200 metros. Dudé en acercarme a rematarlo, pero la seguridad por encima de todo, decidí esperar a la llegada de los perreros. La ladra se hizo aún más histérica, habían llegado más perros, pero no había señal de los perreros, me hervía la sangre, el cuerpo me pedía que fuera a rematarlo y a comprobar que no me había equivocado eligiendo aquel ejemplar, pero la prudencia me hizo desistir y esperar. Veinte minutos después cesaron las ladras por lo que supuse que el animal había sucumbido en lo hondo del barranco.

Con mi cupo de machos cubierto, cambié de herramienta y monté mi FN 270W, ahora tocaba hacer un poco de carne entre las ciervas y esperar el fin de la montería. Seguían cumpliendo reses, machos buenos aunque ninguno mucho mejor que los que tenía muertos, lo que me sosegaba, pues ya sabemos lo difícil que es contenerse ante un verdadero ‘pavo’, y no está el bolsillo como para hacer locuras. Más guarros, hasta seis entraron bien en el puesto, grandes y con boca tres de ellos, dos más aquel a que hice referencia al principio y un zorrete que me robó tres balas para irse a criar.

El trasiego había sido constante, el tiroteo no cesaba, ya imaginaba el plantel que tendríamos en la junta de carne, no menos de veinte machos, doce de los cuales eran de buen porte, más de cincuenta ciervas, los seis cochinos y el hábil zorrete habían visitado mi tiradero y yo había disfrutado de lo lindo.IMG_9248el albercial montería

Sobre las 14:30 h. el paso de reses se fue mitigando, pero aún pasaría algún venado más y alguna cierva. Había ganas de oír las caracolas  y de ir a ver los trofeos de cerca. Los perreros volvían ya hacia los coches y me fui directo a ver el primero y marcarlo, satisfecho al comprobar que era un bonito doce puntas, largo, grueso y simétrico. Quedaría lejos de las medallas, en verde le calcularon unos 155-160 puntos –digo le calcularon porque yo soy muy malo para eso– aunque lo cierto es que no se nos habían vendido medallas, sino venados bonitos, ¡y a mí el mío me encantaba!

De ahí me fui derechito al tiro del segundo venado para pistearlo, que estaría a unos diez metros de donde descansaba el primero, y aquí llego un poquito de frustración porque no había forma de dar con el rastro de sangre. Confiaba en mi teckel, pero para que pudiera desarrollar su trabajo hacía falta encontrar la sangre y ponerle sobre la pista, ¡No hubo manera!, así que nos dirigimos a la zona donde ubicábamos el agarre con la esperanza de cortar la sangre o el rastro dejado mientras se arrastraba. Nada… ni rastro… Debía llevar un tiro de columna que no dejaba sangre, así que me bajé a lo hondo del barranco, pero ya estaba yo desorientado y un poco desanimado y como tenía a los del puesto del nº 4 allí esperando para bajar a la comida, dejé a los secretarios en la tarea e inicié la dura subida, barranco arriba, donde llegué deslomado y un poco contrariado. No me lo podía creer, ¡cayó a plomo! y cuando se recompuso iba a rastras… Los perros habían dado con él… ¿Dónde estaba? En fin, con el sabor agridulce del éxito y el fracaso en el cuerpo, bajaba en el coche hacia la junta.

IMG_9246el albercial monteríaAl llegar a la comida nos reunimos con el resto de los monteros, algunos de ellos amigos y otros conocidos de otros avatares, y alguno que tuve el gusto de conocer allí. Nos sirvieron un buen aperitivo con canapés de salmón, croquetas, queso y jamón del bueno y un delicioso solomillo mientras esperábamos la llegada de las reses y compartíamos nuestros lances. La suerte fue desigual, no todo el mundo tuvo la que a mí me paró, pero, en general, la gente disfrutó.

Roberto (el organizador) tenía un rostro de preocupación, transitaba de un sitio a otro preguntando a sus clientes el resultado de su puesto. Al parecer, la cosa no salió como se esperaba y en el plantel lucían 27 venados (se esperaban 50), 52 ciervas (se esperaban 80-100) y 4 cochinos, uno con buena boca. Yo esperaba mi segundo venado que nunca llegó, pero aún albergo la esperanza de que se encuentre en los próximos días porque, además, es un bonito trofeo. En fin, que yo pasé un día de ensueño que cumplió ampliamente mis ya optimistas expectativas con un magnífico día soleado a unos 18 ºC, quizás demasiado calor, a mí personalmente me gustan más los días encapotados con 10 ºC – 14 ºC, pero prefiero ese suave calor a los días ventosos o pasados por agua, como todos, supongo…

El resultado de mi puesto: dos venados muertos y 24 venados avistados, con una calidad general media-alta, cuatro de ellos más pequeños; cinco ciervas muertas y más de 50 avistadas; y seis jabalíes (no se podían tirar), tres de ellos con buenas bocas y todos de buen tamaño menos un motorista, como dice algún amigo mío.

En definitiva, que yo disfruté de un monterión y, si alguno tuvo peor suerte, no sería por falta de reses, porque entre las del plantel y las que me cumplieron a mí se habría hecho el cupo general, pero el devenir de la suerte en este arte de la caza a veces juega un papel protagonista indeseado.

Una crónica de Carlos Martín-Tarascon

FICHA

Organiza: A&G Imperial SC

Finca: El Albercial

Fecha: 5 de diciembre de 2015

Localidad: Almadén (Ciudad Real)

Puestos: 20

Resultado: 27 venados y 4 cochinos

 

One Comment

  1. Carlos Martín-Tarascon Rivera-Baldasano

    Por fin apareció el venado perdido!!!

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