Sierracaza en ‘Fuente del Villar’, para quitarse el sombrero

Tierra afable, que diría el maestro Covarsí, eso es Fuente del Villar. Terreno ondulado y en gran parte de dehesa, con no pocos arroyos, como el homónimo del Villar: agua y comida. Quien lo diría, amigo montero, si usted entra desde el norte, desde la provincia de Ciudad Real, los barrancos profundos, las laderas abruptas y el montarral dan paso, prácticamente desde el límite provincial de Jaén, a esta zona de tránsito, más suave, donde se asientan algunas de las fincas con más renombre del panorama montero, y una de ellas es, cómo no, Fuente del Villar, clásica en el programa de Sierracaza y en un término tan montero como el de Andújar.

A las 8:30 citó a los monteros Antonio Gómez Cuenca en el cortijo de la finca. Cortijo con solera. Poco a poco la carpa del catering de la organización se fue llenando. La pregunta era general: “¿Dan previsiones de lluvia?”. “Por lo visto a partir de la una”. Mañana fría con cielo nublado, aunque por el momento se aguantaba sin llover. Llegó Emilio Jiménez, con algunos monteros de la Peña Los Zahones (que tenían un cupo de dos vendados o gamos a escoger, no de tres), y revolucionó el cotarro, es un terremoto de simpatía y buen hacer.

Tras rezar a la Virgen de la Cabeza y las oportunas indicaciones, comenzó el sorteo. Fue rápido, como el cierre de la mancha, los 30 puestos se colocaron en menos de una hora.

Si pulcra fue la salida de los monteros, no menos lo fue la de las 27 rehalas, mientras éstas se dirigían hacia las seis sueltas previstas, para poder montear como mandan los cánones 1.700 hectáreas, que es mucho terreno para tan pocos puestos. Por entonces, ya se estaba tirando a modo, y algunas reses asomaban por el testero de enfrente de la casa. Continuaba sin llover.

Desde la suelta hasta una hora antes de acabar la montería, un denominador común: ¡guirigay! Pelotas de reses, algunas muy numerosas y en la que a veces se mezclaban ciervas, venados, gamas y gamos. Ladras y más ladras. Carreras. Tiroteo… hasta que los grupos se fragmentaban y algunas reses se amagaban, y de vez en cuando se cargaban de aire, barruntando por donde les podía venir el posible peligro. Entonces todo se tranquilizaba un poco. Mi amigo José Luis Sánchez, que se prestó a acompañarme para que no se me hiciera tan largo el viaje, me avisaba desde nuestra privilegiada posición: “Aquí un grupo de venados, allí de gamos, ¡uno muy grande!…”. Venga fotos. Sinceramente, no me parecía nada sencillo hacer puntería en esos ariscos grupos de reses, ya era difícil simplemente discernir cual eran los mejores trofeos dentro del grupo.

Una cosa muy curiosa, haciendo fotos a uno de los grupos amagados, uno de los venados estuvo un buen rato berreando, ¡un 13 de enero! Cosas veredes, amigo Sancho. La foto no me dejará por mentiroso.

Cuando Antonio llegó a nuestra posición, las nubes no aguantaron más y rompió a llover, por momentos jarreaba. “Pues aún queda una hora de montería”, comentó Antonio. Lo que a mí modo de ver fue una pena, ya que a partir de ese momento es cuando se suelen completar con grandes trofeos los cupos que estén sin hacer, los venados y los gamos entran más chorreados y más tranquilos –al menos en las fincas de similares características que este cronista conoce–, por lo que la lluvia, según mi parecer, dificultó sobremanera el remate de la montería y deslució en parte el resultado final de ésta. A pesar del año tan malo para la calidad del cervuno, pudimos ver venados y gamos de mucha calidad, aunque, por las referencias que nos dieron, por debajo de un año que se pudiera considerar como normal en Fuente del Villar.

El chaparrón dio tregua para disfrutar de la espléndida comida y de la llegada de los carros con las reses cobradas. Se agradecía la lumbre.

Todos los monteros completaron el cupo, excepto tres; a dos les faltó una res, aunque uno de ellos cobró dos venados, dos cochinos y tres zorros; y un tercero no cobró res alguna.

La calidad muy aceptable –incluso me atrevería a decir que magnífica para esta temporada–, a pesar de los imponderables antes reseñados, entre los venados había, en verde, un oro, dos platas y cinco bronces, con varios más que no estarán lejos del bronce. Diferentes los tres venados más grandes, el mejor con 17 puntas, muy largas, mucho grosor y muy abierto, dando quizá la sensación de ser algo corto, pero estos venados con puntas tan largas en las palmas engañan, ya que al tirar la cinta métrica por la parte más larga tienen más centímetros de los que parece; un segundo de 16 candiles, largo, precioso, pero un poco fino; y el tercero, de ‘sólo’ 12 puntas, era largo y muy grueso. Con los gamos he sido comedido, son dificilísimos de valorar, y más en verde, y es muy posible que me haya quedado corto, creo que no había ningún oro, pero es posible que platas y bronces si que hubiera alguno más. Entre tanto cérvido bueno, los cochinos quizá pasaban más desapercibidos, pero ojo, que había un navajero que hacía una tabla muy buena.

¡Vaya temporada de Sierracaza! De Antonio Gómez Cuenca y su familia, su mujer, Teresa Ramírez, sus hijos Antonio y Alberto, que dominan perfectamente todos los palos de la montería a pesar de su juventud, de casta le viene al galgo, sus cuñados, Julia Ramírez y Manuel José Gómez, que también aportan su grano de arena, y, cómo no, el resto del equipo de la organización iliturgitana. ¡Enhorabuena! Lo que podía haber sido esta temporada si la climatología hubiera acompañado en su época.

Una crónica de Adolfo Sanz

 

FICHA DE LA MONTERÍA
Organiza: SIERRACAZA
Fecha: 13-I-2018
Finca: Fuente del Villar
Término: Andújar (Jaén)
Hectáreas monteadas: 1.700
Finca cerrada
Puestos: 30
Cupo: 3 venados o gamos a escoger o 2 venados o gamos a escoger. Jabalíes sin cupo
Rehalas: 27
Venados: 63 (1 oro, 2 platas y 5 bronces)
Jabalíes: 6
Gamos: 27 (2 platas y 6 bronces)

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