Los mimados ecoabandonistas

Juan-Caballero

Estos señores… y señoras, que pasan por ser los únicos guardianes del medio ambiente, no son gente que obre por amor al arte, en este caso mejor decir por amor a la naturaleza y a su conservación.

Se trata de personajes que obran sólo por intereses políticos y económicos. Con la nueva Ley de Caza de Castilla-La Mancha se han vuelto a retratar. En este caso, el PSOE, único partido de la oposición en nuestra autonomía, incorporó a sus enmiendas un buen número de uno de esos grupos.

Los políticos que el Gobierno regional designó para formar la comisión que tenía posibilidad de alterar la ley, en el trámite parlamentario, terminaron admitiendo algunas de dichas propuestas ecoabandonistas. ¿Creen que lo más interesante para cambiar, según los ecoasesores de la oposición, era algunas de las limitaciones a la caza…?, pues si creen eso, se equivocan. Lo más interesante para ellos, y consiguieron incluirlo en la ley, era un tema de certificación de la calidad cinegética para los cotos.

El proyecto de ley ya contemplaba la certificación, pero sin entrar en los detalles propios del futuro reglamento. Las modificaciones admitidas encorsetan muchas cosas, entre ellas, las empresas que podrán hacer el trabajo. ¿Quién podrá hacer estas certificaciones…?, ¡ahora sí que no se equivocan en lo que están pensando! ‘Pasta’ y más ‘pasta’, como siempre.

Viven del cuento verde. Consiguen auténticas barbaridades, siempre, claro está, por el acojono del político de turno. Con ellos el campo español lleva una carrera hacia el total abandono a toda velocidad y por un plano inclinado.

Hemos desayunado estas semanas con la noticia de las pérdidas incalculables de los desbordamientos del Ebro, con un presidente de Confederación intentando defenderse de algunos afectados, gritando aquello de «¡no me dejan limpiar el cauce!». Un río del que ‘no sobra agua’ para los trasvases.

Siempre lo mismo, abandono y más abandono, lo que piden los ecoabandonistas y conceden, por sistema, políticos avestruces, escondiendo hasta la coronilla. Pero, ¿dónde está realmente la fuerza de estos personajes?, ¿creen que en su número…?, les aseguro que no.

La prueba la hemos tenido hace poco, con la Ley de Caza de Castilla-La Mancha. Los ecoabandonistas quisieron hacernos creer que eran cientos de miles los contrarios a dicha legislación, presentaron firmas conseguidas con mentiras y de forma más que irregular, convocando posteriormente una manifestación en Toledo. ¿Saben cuántos fueron?: unos pocos cientos.

La fuerza la tienen en el dinero, y ¿saben quién les da el dinero?, nuestras propias administraciones. Así es, todo lo que hacen y dicen es gracias al dinero de todos nosotros. En Castilla-La Mancha, los ecologistas tienen cuatro sillones en propiedad en el Consejo Asesor de Medio Ambiente, incluso uno de estos grupos por partida doble. ¿Creen ustedes que ATICA, APROCA o los colegios profesionales de titulados en cuestiones relacionadas con el medio natural también tienen hueco?, pues si lo creen así, se equivocan. ¡Ni un solo sillón! Deben conformarse con invitaciones puntuales, eso sí, protestadas por los ecoabandonistas.

Las administraciones los miman hasta el límite de soportar todo tipo de humillaciones por parte estos infinitos insatisfechos. Pero no sólo los miman con cargos y olvido de todo aquel que pueda hacerles oposición, no señor; además, los mantienen con la pasta, con auténticos dinerales, ¡ésa es su fuerza!, queridos o queridas, que se llevan la pasta y les ponen los cuernos.

En estos días se ha publicado una información de Jóvenes por la caza sobre las subvenciones públicas concedidas a estos ecoabandonistas. A pesar de la crisis, a pesar de todo tipo de recortes, el Gobierno les ha entregado en estos dos últimos años más de 2,5 millones de euros (que sepamos, por el momento, y sin contar otras administraciones), entre otras cosas para abogados –así le va al pobre ‘perdigón’–, y para la asistencia a los consejos. ¡Les dan los puestos y les pagan por ir! Viven de esta pasta, ésa es su fuerza… pero también es su talón de Aquiles; eso sí, para encontrar ese ‘talón’ nos hace falta un Paris… o una Paris.

 

Por Juan Caballero de la Calle

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