.270 y .300 Winchester Short Magnum: los últimos conquistadores (I)

De izquierda a derecha para el .270: Remington Express Core Lokt PSP 130 grains, Blaser Nosler Accubond 140 grains, Remington Premier Accutip Boat Tail 150 grains y Norma Nosler Ballistic Tip 130 grains. Del mismo modo para el .300 WSM Winchester Supreme Ballistic Silvertip 150 grains, Winchester Supreme Elite XP3 150 grains y RWS Evolution 184 grains.
Por Miguel Coya
A menudo, la creación de un nuevo cartucho trae aparejada una clara pretensión: llegar para quedarse. A través del tiempo, cartucheras y diseñadores se han afanado en desarrollos con objetivos concretos, tanto en el campo deportivo como en el cinegético, que, sin embargo, difícilmente triunfan. Entenderá que conseguirlo no es nada fácil y de hecho, aun tratando como en esta ocasión una saga completa, lo cierto es que sólo alguno de sus miembros acabará finalmente por permanecer en el tiempo. Tras el primer choque, el mercado se encarga de aupar a unos sumiendo en el olvido al resto, teniendo mucho que ver en ello la publicidad dada.

En esta ocasión, esto último no admite discusión. El apellido Winchester es por sí mismo capaz de decirlo todo, amén de formar parte de la familia Browning, con todo el potencial que tanto nombre de prestigio puede representar. A pesar de ello, dentro de un mundo tan caprichoso como éste, es evidente que los gustos y las modas acabarán finalmente por marcar distancias, pudiendo ya, en este momento, señalar con el dedo quienes han triunfado y quienes no.

Los Winchester Short Magnum, nuestros protagonistas de hoy, acaparan en teoría ventajas incuestionables. Situándonos en la esquina ocupada por el cazador, entregan prestaciones similares, por no decir idénticas, a los cartuchos mágnum más conocidos y usados en sus respectivos diámetros. Junto a ello, suman el materializar armas ligeras y cortas, con el salto ergonómico que representa. Los .270 y .300 WSM, forman actualmente el dúo que más suena dentro de estos cortos, cargándose por la mayoría de las cartucheras y recamarándolos en algún modelo prácticamente la totalidad de las firmas armeras. Intentémoslo. ¿Cuánto de verdad hay en las ventajas de los Short Magnum? ¿Merece la pena comprarse uno?

La extensa familia de los WSM
Dentro de la familia de los Winchester Short Magnum, .270 y .300 son los cartuchos que mayor repercusión están teniendo. El 7 mm WSM está siendo relegado por ellos, en gran medida porque la mayoría de los rifles que se ofertan para los Short ya no contemplan esta opción. El cuarto componente de la saga es el .325 WSM, prácticamente desconocido en nuestro país. Este 8 mm sería, sin duda, la mejor opción para un hipotético uso en monterías y batidas. Su mayor diámetro junto a unos pesos más elevados, jugarían su baza a favor de un mejor poder de parada.

Volviendo a los .270 y .300, multitud de cartucheras y recámaras se han apresurado a ofrecerlos en sus catálogos ante la buena acogida que han tenido y tienen entre los aficionados. Ello ha hecho que la polivalencia, como consecuencia de una más diversificada oferta, los universalice. Actualmente, y aun reconociendo que es el rececho a larga distancia su mejor baza, existen cargas válidas para un gran número de especies y modalidades, estando plenamente justificado el uso, a poco que elijamos correctamente el proyectil, de cualquiera de los dos en nuestras monterías y batidas. La muestra recibida, cuatro cargas para el .270 WSM y tres para el .300 WSM, es un ejemplo que rubrica lo dicho (ver foto 1).

A poco que observemos las cargas probadas quedan claras las aspiraciones de nuestros protagonistas. Puntas aguzadas y polímero frente a solo una semiblindada convencional, la Remington Core Lokt PSP y a un todoterreno de última generación, RWS EVO. Piense que aunque su apariencia de rechonchos pueda hacernos pensar que estamos ante cartuchos suaves, realmente tenemos enfrente dos potentes mágnum capaces de volar muy rápido con trayectorias tremendamente tensas. Para que se haga una idea de lo que trato de decirle, repose esta comparativa: el .270 WSM se acerca peligrosamente al calentísimo .270 Weatherby Magnum, y por su parte, el .300 WSM a grandes rasgos calca las prestaciones del .300 Winchester Magnum. ¿Entiende ahora la magnitud de nuestras gordas estrellas y el porqué de su revolución?

 

aunque su apariencia de rechonchos pueda hacernos pensar que estamos ante cartuchos suaves, realmente tenemos enfrente dos potentes mágnum capaces de volar muy rápido con trayectorias tremendamente tensas.
Frente a frente los brocales de las dos recámaras probadas. A la izquierda el Remington M-700 Alaskan Titanium calibre .270 WSM, a la derecha el Browning A-Bolt Medallion .300 WSM. Ambos tienen las bocas rebatidas, utilizando para ello sistemas distintos para conseguirlo. Remington usa planos paralelos a distintos niveles. Browning, por su parte, echa mano de un avellanado cónico, lógico si tenemos en cuenta el menor diámetro del cañón. Queda claro con ello el destino cinegético para el que han sido diseñados estos dos rifles, no olvide que si no protegemos de golpes indeseados la boca de fuego, podemos echar a perder toda la precisión.
El Alaskan monta un cañón bastante grueso de 61 cm de longitud en acero inoxidable mate acanalado –flutted–. Precisamente esto último hace posible mantener un peso final tremendamente liviano. De esta forma el fabricante americano salva el reto de montar un ultraligero sin que un cañón demasiado delgado acabe por ser crítico en cuanto a precisión al digerir diferentes tipos de cargas. El Medallion monta un cañón de 23 pulgadas –58,42 centímetros– de grosor medio y como en el caso del Remington sin alza ni punto. El acabado es en pavón azul brillante pulido a espejo. Ahora mire hacia atrás y deténgase un momento en las longitudes dadas. Los americanos, prácticos ante todo, determinan longitudes cercanas a las 24 pulgadas para la mayoría de los cartuchos mágnum. De este modo consiguen sacar prestaciones con pérdidas relativamente pequeñas, con una ganancia evidente en el tamaño total del arma, haciéndola más manejable. Por otro lado, piense también que la vaina más corta de los Winchester Short Magnum acarrea una mayor longitud útil de estrías a igual longitud de tubo.
El perfil de los guardamanos en semicírculo de los dos rifles, es muy similar. Ambos terminan en puntal redondeado destacando el postizo de palo de rosa en el Browning. Debajo aparecen los enganches para anillas portafusil desmontables. Observe el buen flotado de los cañones, de este modo se garantiza libertad en las vibraciones sin presiones externas que afecten a la precisión.
El Remington 700 Alaskan Titanium calibre .270 WSM monta, sobre Warne desmontables, el nuevo Kahles KXi 3,5-10×50.
El Browning A-Bolt Medallion calibre .300 WSM utiliza, en esta ocasión, unas monturas EAW giratorias para anclar un Meopta Meostar R1 4-12×40.
Las acciones cortas que permiten los Winchester Short Magnum desencadenan una de las grandes ventajas de estos recién llegados. Frente a frente los dos cerrojos probados enseñan sus diferencias. Mientras el Remington con su conocido M-700 de dos tetones está fabricado en titanio para aligerar el conjunto, el Browning usa un cerrojo de acero con tres tetones. Ambos disponen expulsor y extractor en la cabeza, que en ambos caso es de tipo envolvente.
Una de las grandes ventajas del cerrojo A-Bolt es un escaso ángulo de apertura de sólo 60º. Ello permite, si lo deseamos, la colocación muy baja del visor, que en ningún caso va a molestarnos a la hora de cerrojear. Esta característica permitirá un evidente mejor encare, haciéndolo más natural. Observe cómo mientras en el Remington los dedos que tirarán de la maneta van a pasar muy cerca del visor, en el Browning, con una apertura prácticamente horizontal, dejará mucho hueco. Evidentemente la ventaja también repercutirá en una leve ganancia de velocidad a la hora de recargar, aunque a decir verdad carece de entidad frente a la mejora del encare y manipulación.
El Alaskan Titanium es un rifle ultraligero cuidado hasta el último detalle. Remington fijó sus miras en realizar una herramienta precisa y extremadamente ligera, utilizando para ello los mejores materiales existentes junto a los mecanizados más exigentes. La aligeración del cerrojo pasa por la esqueletización de la maneta, por el ahuecado de la bola, pasa por rebajar helicoidalmente el cuerpo. El resultado final conseguido tiene una estética tremendamente agresiva.
La terminación de la maneta del cerrojo es en bola bastante aplastada. La sensación al manipularla está a medio camino entre las convencionales y las de lengüeta. Encastrado en el guardamontes, por su parte delantera, aparece el retén del cargador. Este es de tipo separable y tiene capacidad para tres cartuchos, pudiendo recargarse con una sola mano. Lógicamente la capacidad total, igual que en el Remington, es de cuatro cartuchos, pues debemos contar con el alimentado directamente en la recámara. Observe la cola del disparador, es ancha y está estriada longitudinalmente.
El M-700 venía equipado con el disparador X-Mark Pro. Este disparador permite aligerarlo de peso actuando sobre el tornillo allen sin tener que desmontar la culata. Escondido delante del disparador aparece el retén del cerrojo, y encastrado en la parte anterior del guardamontes se encuentra el retén del cargador.
El Browning sitúa el seguro en la garganta del pistolet. Hay que reconocer que esta posición es tremendamente intuitiva, contando así mismo con indicador de cargado de color rojo.
El Remington dispone el seguro en el lateral de la nuez del cerrojo.
Aun siendo diferentes, ambas culatas siguen un perfil muy similar, muy americano. Las dos carecen de montecarlo y cuentan con lomo recto, tremendamente útil cuando se prevé, como en este caso, disparar únicamente con visor. Browning opta por una culata de nogal con postizos de palo de rosa en puntal del guardamano y tapa del pistolet. Remata con cantonera de caucho de regular grosor. La terminación de la madera es un barnizado lacado brillante, muy al gusto yanqui. A costa de que me tachen de ‘hortera’, reconozco abiertamente que me encanta este tipo de acabado, este contraste entre madera lacada y pavonados azules a espejo. Que me perdonen los puristas de los mates y los aceites, de la discreción y su buen gusto, no puedo evitarlo, me encantan este tipo de estéticas absolutamente vanidosas. Audrey Hepburn sí, pero mucho más Scarlett… El Alaskan monta una culata Bell & Carlson de fibra de carbono y kevlar en color grafito. Posee una ligera carrillera americana, pistolet muy tendido y remata en cantonera R3. El tacto es agradable y gomoso, granulado, evitando los resbalones a los que los plásticos nos tienen acostumbrados cuando se mojan.
Frente a frente los dos visores probados. Ambos por capacidad, por combinación de aumentos y objetivo, podemos considerarlos como auténticos todoterrenos, aunque a decir verdad su mejor melodía la cantarán en todo tipo de recechos y especialmente en la alta montaña. En la parte inferior aparece el nuevo Kahles KXi 3,5-10×50 L. Tubo de aluminio de una pulgada para un visor tremendamente ligero y compacto. Mide 32 cm, con un peso de 470 gramos. Retícula 4-DOT situada en segundo plano focal, en definitiva la clásica retícula nº 4 a la que se ha añadido un punto central iluminable. Si me permite mi sincera opinión, es una combinación perfecta. En la parte superior aparece la Meopta Meostar R1 4-12×40. La conocida firma checa distribuida por Aguirre y Cia hace gala de una calidad sin excusas. Como ejemplo de ello solo hay que mirar hacia un dato: garantía de 30 años. Tubo de 30 mm, longitud total 32 cm, peso 530 gramos, retícula nº 4 en segundo plano. Curiosamente junto al visor acompañan tapones de caucho similares al sistema utilizado para los objetivos de muchos binoculares.
En el lado izquierdo del Kahles KXi aparece el mando de iluminación de la retícula. Finalmente ambos visores rematan los bordes del ocular con protecciones de goma, algo que agradeceremos si por desgracia un mal encare hace que nos toque en la frente.
Como suelo hacer medí y pesé los dos rifles probados. El Alaskan midió 110,5 cm con un peso total de 2,747 kilos. El A-Bolt mide 108 cm con un peso total de 3,173 kilos. Lo sorprendente de las medidas hechas es que realmente son prácticamente las mismas que las ofrecidas en catálogo por los fabricantes. Mire, para el M-700 dan 110,8 cm y 2,720 kilos; para el Browning 108,6 cm y 3,136 kg. Observará que sólo hay una ligera discrepancia de unos pocos gramos en el peso: fíjese en las fotografías. ¿No ha visto que ambos rifles tiene colocadas las bases? ¡Medidas más afinadas imposible! ¡Para no creérselo!
Dos cartuchos de una misma familia que solapan pretensiones sobre piezas y modalidades. Dos rifles distintos, dos conceptos y, sin embargo, tremendamente parecidos. Perfiles americanos, acciones cortas, dimensiones parejas, armas creadas para cazadores que sueñen con espacios abiertos donde tamaño y peso signifique la diferencia, sin renunciar, finalmente, a una contundencia absoluta. Obsérvelos, deténgase un instante, ¿no se da cuenta que la mayor diferencia está en los materiales usados?

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