Safari Club Internacional: a la caza del íbex del Sindh en Pakistán

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Quizá sea éste el viaje que he organizado con más tiempo. Las dificultades propias de un viaje de caza se veían, en este caso, incrementadas por las de la elección del destino, Pakistán.

Me adjudiqué, en subasta, una donación que Ali Shah hizo a nuestro Capítulo del Safari Club Internacional, del que, por cierto, es socio y, aprovechando la circunstancia, quiso venir a España a conocer el Capítulo.

Allí, nos explicó, en una cena, como era el viaje y la dificultad del mismo y, aún así, hicimos un grupo de cinco para la siguiente temporada.

Las noticias que llegaban sobre el terrorismo del Estado Islámico, y las imágenes de sus acciones, hicieron que, primero uno y luego otro del grupo, se dieran de baja. Quedábamos tres y, al final, no por temor al país, sino a la dureza de la caza, se dio de baja un tercero, quedando el núcleo duro, es decir, Manel Carretero y yo, quienes, acompañados por Abel, hijo de Manel, y de Pablo Carol, organizador de la cacería, empezamos los trámites para esta aventura. IMG_8750

Tuvimos que enviar los datos de nuestras armas con cinco meses de antelación y, aun así, casi no llegamos a tiempo. Asimismo, tuvimos que pedir hora en el consulado de Pakistán para solicitar visado, imprescindible para la entrada en el país. Le encargamos a Pablo que se enterara de todos los trámites que se tenían que realizar y no sólo lo hizo, sino que se desplazó a Pakistán con Ali para conocer la zona de caza y, en su caso, lo necesario para viajar.

Dos objetivos distintos

Pakistán es una república parlamentaria que destaca por su densidad de población. Teniendo una vez y media la superficie de España, muy alta, alcanza la cifra de 182.565.000 de habitantes, lo que le lleva hasta el sexto puesto en el ránking de población mundial. Tiene fronteras con Afganistán por el este y el norte, Irán por el suroeste, China en el extremo noroeste y en el este con la India. Alcanzó su independencia de Inglaterra en 1947 y desde entonces se encuentra dividido en cinco provincias federales: Baluchistán, Jaiber Pajtunjuá, Punyab, Sindh y Gilgit Baltistán, ademas del territorio de Islamabad y las zonas tribales. Podría considerarse a Azad Cachemira como otro territorio, si bien los indios tienen que decir algo al respecto.

Unos días antes de nuestra partida, Manel y yo, con la siempre inestimable ayuda de nuestra armería, Izquierdo, fuimos a afinar los rifles para poder realizar, por si acaso, disparos bastante largos. Mi rifle, un .338 WM, con munición de 200 grains y torreta balística, lo ajusté, o lo intenté al menos, a 200, 300, 400 y 500 metros. Nuevamente mi peso podía hacer que tuviera que tirar más largo de lo habitual. Manel, ponía su 7 mm RM con munición de 150 grains también a tiro a 300 cero.

Los objetivos de nuestra cacería eran, en este caso, distintos para Manel y para mí. Manel se desplazaba para la caza del íbex del Himalaya (Capra sibírica Hemalayanus). Y yo, además de éste, iba también a por el íbex del Sindh (Capra aegagrus blythi). Es por lo que no me resulta difícil dividir este viaje en dos partes, la primera viajando solo con Pablo hasta el Sindh, y la segunda, ya con el grupo completo, hasta la falda el Karakorum en la provincia de Gilgit-Baltistán. Los dos íbex mencionados se encontraban en zonas muy distantes, solamente… 1.763 km, y para poder conseguir mis objetivos, debía partir tres días antes que Manel.Mapa

Primera sorpresa

Pablo y yo nos dirigimos al aeropuerto con tiempo suficiente para pasar trámites de armas y embarque de las mismas. No nos dimos cuenta y estábamos volando a Estambul para enlazar vuelo a Islamabad, donde coincidimos con dos cazadores más, ambos americanos, uno para Blandorfd urial y Sindh ibex, y el otro para el inalcanzable Blue sheep.La aventura estaba servida. Llegamos al destino y allí nos esperaba Ali Shah. Eran las cuatro y media y debíamos enlazar con otro vuelo interno, esta vez para Karachi.

Fuimos a recoger equipaje y llegó la primera sorpresa: mis armas no habían llegado. Las mías, junto con las de uno de los americanos, se habían quedado en Estambul. Tras la pertinente denuncia nos dirigimos a Rawalpindi a tomar un té para hacer tiempo hasta la salida del vuelo a Karachi.

Karachi es la ciudad más poblada de Pakistán con 12.830.000 habitantes. Fue su capital original hasta la construcción de Islamabad. Podemos considerar que su clima es extremo, llegando en verano a temperaturas de entre 30 y 40 grados. Otra vez embarcados, y rumbo a la provincia del Sindh, tres horas de coche hasta Thano Ahmed Khan, donde el príncipe de la zona, en cuya casa nos hospedamos, me dejó un rifle para poder cazar. Probé el rifle, un .300 WM, que a 150 metros caía unos centímetros, pero era lo que había.

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De ojeo de íbex…

Iniciamos la caza con un viento nada deseable para el rececho. Todo cazador sabe que el viento, salvo en contadas ocasiones que nos hace de cobertura sonora, es nuestro peor enemigo. Aun así, empezamos con aproximaciones a las zonas donde se suelen acomodar estos caprínidos, que son barrancos (denominados nalas), y donde previsiblemente los lugareños se habían percatado de la presencia de tan preciados íbices. La primera de estas entradas fue infructuosa, los íbices se habían desplazado a otra zona.

Y vuelta a empezar. En la siguiente entrada, y al asomarnos a la nala correspondiente, vi por primera vez dos ejemplares, uno de ellos me pareció grande y, a pesar de haber hecho un buen acercamiento, algo barruntaron los animales y salieron cual alma que lleva el diablo.

No hay dos sin tres, y vuelta a empezar. Esta vez, habida cuenta de los pocos ejemplares vistos, siempre según los locales, se cambiaba el sistema y me hicieron dar un largo paseo para terminar subiendo en una colina. Todo parecía prepararse para un ojeo, hecho que me confirmó Pablo.DSCN1430

Empezaron a varios kilómetros de distancia, ya que con los prismáticos podía ver el movimiento de los ojeadores y fueron acercándose y, si bien no confiaba yo mucho en el sistema, no tardé, eso sí a mucha distancia, en ver unos íbices descrestar y meterse en la nala donde yo estaba ubicado. La trampa estaba servida y vi a los primeros caprinos pasar delante de mí, todos jóvenes. Me avisaron que, por los gritos de los ojeadores, se acercaba un grupo compuesto de cuatro machos y, entre ellos, dos grandes.

Vi al grupo y, efectivamente, dos, siempre en mi opinión, estaban dentro de mis expectativas. De repente aparecieron tres de los cuatro por una zona inesperada, comprobando que eran los dos pequeños y uno de los grandes, creo que el mas grande. Sin embargo… no me dio tiempo a disparar.

¿Dónde estaba el cuarto…?

Vi correr a los ojeadores y gritar. ¡El último íbex venía hacia nosotros! Yo había tomado distancias previamente para poder colocar un tiro sin temor a equivocarme. Vino hacia mí y, sin dejarle parar, en uno de los lugares en los que había tomado referencia (170 metros), le solté la primera andanada que lo dejó amorcillado. Se alejaba despacio y, tras un disparo de atrás hacia adelante, cayó el primero de mis objetivos.

Fui inmediatamente hacia el íbex por temor al Halal. Aunque lo había avisado, son los más rápidos del mundo en cortar el gaznate al animal para poder utilizar la carne. La sorpresa fue mía cuando vi que tenían un cuidado exquisito haciendo únicamente un agujero para desangrar el animal. Hubo sesión de fotos y vuelta al lugar donde teníamos los vehículos y donde prepararon una comida de campo con el director de la zona de Wildlife, el príncipe y los organizadores.image1[3]

Volvimos al lugar donde estábamos hospedados e hicimos las maletas para dirigirnos a la ciudad de Karachi, donde, por fin, tuvimos una buena ducha y una magnífica cena paquistaní a la que amablemente nos invitó a todos la organización.

En el camino de vuelta nos avisaron de que mi rifle había llegado a Islamabad y decidimos adelantar la vuelta, sabia decisión como luego veremos.

Volamos rumbo a la ciudad de Islamabad desde Karachi y nos dirigimos a recuperar el rifle.

Allí empezaron los problemas que, tras dos horas, se solucionaron. No entraré en los detalles, pero los podemos imaginar y no nos equivocaremos. Al llegar a Islamabad fuimos al taxidermista a entregarle el Sindh ibex. La ciudad estaba inundada y al habitual caos se unían los coches que se iban estropeando por el nivel del agua y que formaban unos embotellamientos impresionantes, lo que nos llevó dos o tres horas llegar a Rawalpindi… Lo del tráfico fue indescriptible.

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(Continuará…)

 Por José María Losa / SCI Catalunya Chapter   

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