Porque lo importante es volver: la seguridad en la caza

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Tras terminar la temporada de caza, comenzamos a pensar en la próxima cargados de ilusión y de ganas por encontrar el lance soñado frente a aquel macareno que tantas veces hemos visto pasar por delante de nuestro puesto de Morfeo.
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ambién será tiempo de recuperar sensaciones, sentimientos, compañías y recuerdos, aquellos que nos unen con nuestros antepasados, con amigos, compañeros de cuadrillas, padres y abuelos que nos enseñaron a diferenciar machos de hembras, jóvenes de adultos, a entrar al bando por el cerro adecuado, a hacer una buena lumbre, cómo aliñar bien unas migas o, incluso, a atarnos los cordones de las botas que tantas veces hicieron que nos quedáramos atrás cargando con el morral.

Todo eso es la caza, una sinergia entre el campo, los animales y nosotros mismos, difícil de entender para aquellos que no hayan oído una ladra o se hayan estremecido al oír las caracolas de los perreros que van rompiendo monte.

Como bien sabemos, la caza no es matar a un animal indefenso, a pesar de que algunos utilicen la muerte como una excusa para criticar a nuestro maltratado sector. Nos encontramos en una sociedad en que se han perdido muchos valores y, entre ellos, sobre todo entre los jóvenes, uno de los fundamentales: el valor de la vida y la muerte, un ciclo natural en el que todos participamos y que no debemos ocultar; por desgracia, nada en este mundo queda, sea un león, una gacela, una persona y hasta el más milenario de los árboles que pueblan nuestros montes. Antaño, desde bien pequeños, cuando un abuelo moría, todos íbamos al velatorio, abordando la situación con naturalidad, siempre con el lógico dolor, al igual que se veía como algo inherente a la vida la matanza del cerdo o del gallo de corral, precisamente para sobrevivir y sin los aspavientos que muchos hacen ahora con la falsa disculpa de evitar el sufrimiento de pequeños y otros que no lo son tanto. No hay duda que hay que minimizar el sufrimiento animal al máximo, pero no se puede ocultar algo que es inherente a la vida: la muerte.

Sin embargo, cuando hablamos de caza, no sólo nos encontramos con la muerte de animales, sino que, por desgracia también, no son pocos los que pierden su vida mientras disfrutan de su pasión. Imprudencias, descuidos, accidentes, casi siempre evitables, hacen que año tras año tengamos que lamentar tragedias, muchas veces entre compañeros, amigos y hasta familiares cercanos que, cazando juntos, han cometido un error fatal.

Al final, ni el mejor de los trofeos compensa esta situación que marcará las vidas de los que las sufren, porque lo importante es siempre volver, contar y reír y compartir, discutir y hasta exagerar como bien sabemos todos.

Algunos datos

remate en la Jutia copiaNo es sencillo encontrar estadísticas de accidentes de caza, a pesar de que cuando ocurre una desgracia es pregonada a los cuatro vientos, casi siempre con una intención escasamente loable. Los datos no son públicos y casi siempre se encuentran en manos de aseguradoras y otros profesionales del sector vinculados a este tipo de situaciones.

Por aportar algunas cifras, según un trabajo publicado por José Luis Garrido en 2007 y basado en estadísticas recogidas por Mutuasport, cada año pierden la vida de media en actividades relacionadas con la actividad cinegética cerca de medio centenar de personas, de las que casi la mitad lo hacen por disparos propios o ajenos. Además de este desenlace, el más trágico posible, existen además otros datos llamativos, como la presencia de cerca de un millar de accidentes anuales durante la práctica de la caza, lo que hace necesario detenernos y reflexionar sobre estas cifras.

Es por eso que no debemos olvidar que para cazar se usan armas de fuego, se está en contacto con animales silvestres y se practica en un entorno natural, y que la seguridad debe ser la prioridad sobre cualquier otra cosa. Obligaciones, muchas veces básicas, conocidas por todos, que deben ser recordadas al comienzo de cada temporada y, por supuesto, al inicio de cada jornada de caza, sobre todo cuando se practican modalidades conjuntas en las que participa un gran número de cazadores, como es el caso de las monterías.

Normas básicas de seguridadsalida armadas monteria o batida

Contravenir ciertas exigencias es incluso un delito que pueden traer graves consecuencias legales para el que no las cumple, como llevar las armas cargadas dentro del vehículo o durante el camino a los puestos en las monterías, por ejemplo. Otras deben ser dogmas grabados a fuego en nuestras cabezas, como disparar a res pasada en los puestos y nunca en paralelo a las líneas de las armadas.

Es clave conocer la ubicación de nuestros compañeros, tanto en monterías como cuando cazamos en mano, para evitar que el movimiento errático de una pieza genere la tentación de disparar hacia el lugar incorrecto.

También es obligado conocer la forma de ‘dar el monte’, desde donde se sueltan los perros y cuál es el trayecto a seguir por las rehalas.

Por supuesto y aunque sobra decirlo, no se deben doblar puestos y siempre hay que ver la pieza antes de disparar, despejando cualquier duda hacia lo que está moviendo el monte aún a riesgo de que podamos perder el lance.

hay que estar bien atento...valdenaza copiaEl postor debe mandar en cada armada, colocar los puestos, dar las órdenes oportunas e insistir en la obligatoriedad de no mejorar la ubicación ni salir del puesto hasta que la montería no termine.
No sólo los cazadores deben cumplir estas normas básicas, sino que también las orgánicas tienen mucho que decir en este sentido. Una buena montería no sólo se caracteriza por la calidad de las reses o del monte a batir, sino también por su organización y seguridad. Una planificación adecuada, con una óptima ubicación de armadas y distribución de puestos, a distancias apropiadas, siempre evitando recodos, con el número adecuado de cazadores, sin sobrecargar las líneas son también indicadores de calidad, muchas veces más importantes que la propia alfombra al final de la montería, porque lo importante es volver, no se olviden.

La ubicación, e incluso el diseño de los puestos podría ser de gran interés a la hora de mejorar la seguridad en las monterías, sobre todo en aquellas fincas o cotos donde se dan año tras año las mismas manchas y los puestos se mantienen en los mismos lugares. Puestos elevados que obliguen a disparar hacia abajo, incluso protegidos con sencillas casetas camufladas con el entorno, serían un grado más a considerar.

Los rehaleros son también protagonistas en la seguridad: son los más expuestos y también, por ejemplo, los primeros en llegar al agarre, momento en el que el equilibrio entre prudencia y valentía debe priorizar para evitar sustos innecesarios. No hay nada más peligroso como un gran venado herido o un guarro acorralado. Tampoco debemos olvidar que, dando el monte, no es de recibo llevar armas de fuego y que cualquier rehalero de verdad debe valerse de cuchillo y valor por encima de cualquier otro artilugio.

La ropa de colores llamativos

antonio vargas perfectamente equipado contra los gélidos -4 grados de valdenaza copiaSe habrán dado cuenta de que hasta el momento no habíamos comentado nada al respecto y ha sido de forma intencionada, dejando para el final un tema primordial y que además genera gran controversia, muchas veces por desconocimiento.

Las prendas de colores llamativos, naranjas o amarillos fundamentalmente, o la presencia de algún distintivo en esos tonos es obligatorio durante la práctica cinegética, a pesar de que aún algunos se resistan a emplearlo, cuando ese pequeño detalle es capaz de hacer reaccionar en el último segundo a cualquier tirador que haya puesto la mira sobre la pieza equivocada.

Dos son las principales disculpas aludidas para discutir su empleo. Por un lado, algunos son los que dan razones estéticas para evitar su uso. Sin embargo, por suerte, son cada vez más las casas comerciales que fabrican excelentes prendas reversibles o con distintivos que pueden ser colocados a la vista sólo durante la acción cinegética, pasando luego completamente desapercibidos para recuperar la estética de tonos ocres y verdes que tanto nos gustan.

Por otro lado, están aquellos que se escudan en que un brazalete naranja o un gorro amarillo puede espantar al jabalí que entra en el puesto. Nada más lejos de la realidad, puesto que es un discurso que podríamos rebatir apoyándonos en algunos resultados de trabajos científicos que han estudiado la visión de los animales y su capacidad para distinguir colores. Así una publicación de Eguchi y colaboradores en 1997 analizó esta capacidad en jabalíes, pudiendo comprobar que al estimular a los animales con diferentes dispositivos asociados a colores variados, incluidos naranjas, amarillos y azules, frente a una escala de grises, sólo se encontraban respuestas distintas cuando el color elegido era de tonalidad azulada, por lo que concluyeron que sólo es esta gama la que podrían ser capaces de diferenciar de forma efectiva.

En conclusión

La conclusión final a todas las reflexiones recogidas en el presente artículo no podría ser otra que su propio título, Lo importante es volver, y para ello es fundamental aplicar la prudencia y, sobre todo, el sentido común, en cualquier acción cinegética si queremos que la caza siga siendo nuestra pasión. CyS

Por Carlos Díez Valle y Carlos Sánchez García-Abad – Equipo Técnico de Ciencia y Caza  (www.cienciaycaza.org)

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