Panorama montero

Sin tiempo para el aburrimiento en Hornitos con Cinegética de Alcántara

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Sin tiempo para el aburrimiento en Hornitos con Cinegética de Alcántara.

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CRÓNICA DE HORNITOS

CINEGÉTICA DE ALCÁNTARA

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PREÁMBULO

Es el Oeste cercano, el Oeste afable. Hornitos, con Ahijosa y Amarillina: una peli de tiros. Tiros, muchos, repartidos en el tiempo y en el espacio. Una peli muy divertida bajo la dirección de Pablo y Marisitos Díaz, de la productora Cinegética de Alcántara (@Cinegética de Alcántara).

Viajaba encantado, además de por lo agradable que es montear con Pablo y Marisitos, porque me acompañaría Carlos Casilda, a quien tanto aprecio.

La suerte quiso enviarme al puesto 2 del Tajo, de traviesa.

Y la casualidad quiso que, tras el sorteo, el 4 de la misma armada quedara libre, ofreciéndoselo Pablo a Carlos, que, como precavido que es, había echado el rifle.

Lo que es la caza y lo que es la montería: siendo el 2, a priori, mejor puesto que el 4, no tiré –la verdad es que rehusé disparar a las ciervas–, el único de toda la armada; sin embargo, Carlos…

El 2, la temporada anterior, hizo el cupo de venados sin mayor contratiempo.

Toda la montería en prevengan

Eso sí, disfruté muchísimo y estuve toda la montería en prevengan.

Cumplieron muchas ciervas y cuatro varetos, a cada cual mejor: ¡hay madre!

Pasadas las llanas y tras dejar al 1, nada hacía pensar que había una caída tan brusca, tipo ribero, antes de llegar al 2. Allá abajo, el padre Tajo hacía de linde con el hermano Portugal: Parque Natural del Tajo Internacional.

Tiradero hacia abajo desde el 2, en el fondo el río Tajo y la ladera de enfrente ya es Portugal.
Desde ahí se arrancaron las tres ciervas y el venado.

Al asomar, además de la emoción que produce en el montero ver un puesto con tantas posibilidades, el pulso se aceleró al ver tres ciervas con un buen venado por un cabezo, a escasos cien metros de la cinta del 2, con los rifles enfundados, amén que colocándose los puestos nunca hubiera disparado.

Cervuno que, a buen ritmo, tomó rumbo hacia el 3 y el 4, hacia abajo, desapareciendo de la vista.

En este punto, paso el testigo a Carlos, pero antes…

Es necesario señalar que, en esta ocasión, el divertimento montero del campo se vio reflejado en el plantel: en 40 puestos se cobraron 32 venados, algunos de muy buenas hechuras; 19 cochinos, entre ellos tres navajeros; y 33 ciervas.

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Más de dos piezas por puesto, un resultado muy positivo. Cualquier circunstancia adversa, como una climatología que rozó la inclemencia, podría haber dado al traste con este balance, especialmente teniendo en cuenta que se montearon muchas hectáreas y en abierto.

Un preámbulo de Adolfo Sanz Rueda

CRÓNICA

La debacle había comenzado con la suspensión de la montería que tenía prevista para el 3 de enero y la búsqueda infructuosa de un hueco en alguna de las existentes.

Fue en este impás cuando recibí la llamada de Adolfo por otros temas; al comentarle la situación, me indicó que el 3 cazaba por mi tierra y que, si quería acompañarlo, sería bienvenido. Acepté directamente, no sin antes comunicárselo a la organización.

Cazábamos Hornitos con los amigos Pablo y Marisitos Díaz (Cinegética de Alcántara), con los que siempre nos sentimos como en casa.

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Es un gusto cazar así

En esta ocasión salía desde mi natal Jerez de los Caballeros, por lo que el reloj marcaba las cinco y media cuando el estruendo de la moto me hizo saltar de la cama.

Puesta en marcha, y a las ocho en punto estaba en la puerta de El Rincón de Salvador, en Alcántara, donde habíamos quedado los monteros para el sorteo de posturas.

Al llegar, todo eran caras conocidas; y es que es todo un gusto cazar así.

No tardó en llamarme Adolfo que acababa de aparcar.

Tras pasar por lista, tomamos un café rápido y, casi sin darnos cuenta, estábamos sorteando.

Sorteo y salida de las armadas

Poco a poco fueron nombrando a todos los asistentes y, en suerte, Adolfo sacó la papeleta del 2 de la traviesa del Tajo.

Los monteros esperábamos fuera del local mientras Marisitos y Pablo terminaban de ubicar el cierre de la zona a cazar para comenzar a sacar las armadas.

En ese momento se me acercó Pablo y me preguntó si traía rifle; asentí. El asunto era que se había quedado libre el puesto 4 de la armada del Tajo, por si lo quería ocupar. Acepté, dándole de nuevo las gracias.

Un detallazo, por su parte, que siempre recordaré.

Acomodamos las cosas de Adolfo en mi coche, ya que el mío es más alto, mientras las distintas armadas iban saliendo, hasta que nos llegó la hora.

Andrés jr., Marisitos y Marisitos jr. Una madre que tampoco se aburrió en Hornitos.

Camino al puesto

En el trayecto conversamos sobre la temporada y, cuando nos dimos cuenta, estábamos atravesando la mancha.

Algunas reses se nos cruzaban delante de los vehículos: ciervas y algún venado que, molestos por el movimieto de la colocación de los cierres, buscaban refugio en las zonas más apretadas de los riberos.

Nos apeamos junto a una antigua majada y continuamos a pie.

La armada no tenía desperdicio: en el 1, Ignacio Dueñas; en el 2, Adolfo Sanz; en el 3, mi paisano Juan Manuel Leal, bien acompañado; en el 4, un servidor; y en el 5, dos jóvenes monteros que no conocía.

Algunas ciervas se nos cruzaban mientras dejábamos al número 1 y, al llegar al 2 –el que ocupaba Adolfo–, tres ciervas y un venado salieron desde un cerrete arreando barranco abajo. Aceleré el paso todo lo que pude, seguido de los dos monteros del 5. Dejamos atrás la tira del 3 y llegamos a la mía. Rápidamente cargué el rifle y ellos continuaron hasta la tira del 5, perfectamente visible desde mi posición.

Panorámica desde el puesto 4 del Tajo.

Emoción nada más llegar al puesto

Saqué el catrecillo y observé el terreno. A unos metros hacia abajo había un pequeño descanso hecho por la máquina al repasar el acero, perfecto para acomodarme sin pendiente, así que me bajé un poco.

No tardó en llegar el postor, quien me indicó por dónde entrarían las reses y las zonas en las que no podía disparar para no cortar la caza al puesto 5. Le indiqué que estuviese tranquilo, que, aunque viera algo, sabía que allí no podía disparar.

Apenas se había marchado cuando irrumpieron las tres ciervas y el venado vistos poco antes.

Cruz al codillo. Disparé, acerrojé y volví a disparar mientras el animal se tapaba. Se hizo el silencio.

Dudé si había fallado, aunque lo había apuntado a conciencia. Me había parecido un venado muy bonito…

Ya sonaban los perros tras las primeras reses y, de nuevo, cumplían algunas ciervas en la postura, sobre las que no quise jugar lance.

La montería estaba muy entretenida: ladras, carreras, disparos… incluso toreo en las llanas. No había momento para relajarse.

Llegó la mano de las rehalas a mi posición y, al indicarle al perrero que prestase atención en una trocha, me dijo que allí se encontraba el venado abatido y que era bonito. Alegrón: mis sospechas se habían cumplido.

Desde el 4 de la traviesa del Tajo.

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En plena algarabía, una mole pecho enfrente

Al acercarme para marcarlo con una cinta, me indicó que estuviera muy atento, dado que el morro en el que se iban a adentrar con los perros era muy querencioso para los jabalíes y que podría tirar alguno de vuelta.

Fue entrar al morro y liarse los perros con ellos, pero las ladras corrieron barranco abajo en dirección contraria, así que nada.

La montería estaba siendo todo un espectáculo y no había tiempo para aburrirse: las mismas ciervas que pasaron en una dirección lo hacían ahora en dirección opuesta, manteniéndome en vilo, cuando, de repente, lo vi aparecer.

Una mole se entreveía entre las jaras, pecho enfrente.

Venía franco hacia mí, por la misma vereda por la que, minutos antes, una cierva había venido a besarme las botas, por lo que me abstuve de disparar pecho enfrente y lo dejé cumplir.

Sentía sus pasos, el crujir del monte y casi su respiración cuando detuvo su avance, a tan solo quince metros de cruzar el camino en el que tenía previsto soltarle el «trabucazo».

Pensé que lo había dejado en el sitio. ¡Iluso de mí!

Tuno él –se debió cargar de aire o cualquier otra cosa–, porque se giró con intención de volverse sobre sus pasos. Lo divisé perfectamente entre las jaras, por lo que, ahora sí, accioné el gatillo, dando el jabalí un salto hacia atrás y tremendas volteretas mientras rompía jaras pataleando. Pensé que lo había dejado en el sitio. ¡Iluso de mí!

Abrí el cerrojo para recargar cuando, de repente, vi cómo se levantó y salió como alma que lleva el diablo barranco abajo.

Hice señas a mis vecinos del 5 y les indiqué por dónde huía para que lo remataran cuando saliera, pero, asombrosamente, vi que se volvía a intentar subir. Entonces no me lo pensé: me encaré y, esta vez sí, se quedó en el sitio.

El ojeo venía de vuelta ya, pero no dejaba de transitar la zona alguna que otra cierva y un vareto que prometía para la temporada venidera.

El perrero pasó de nuevo y le di las gracias por la advertencia, indicándole que me había hecho con una gran cochina, que luego resultó ser un buen navajero.

Se perdió de nuevo la rehala por la espesura y algunas ciervas vinieron de vuelta, con las cuales mis vecinos decidieron jugar lance.

¿Calma chicha?

Ahora la cosa estaba realmente calmada, por lo que decidí ir recogiendo el catrecillo, el paraguas y los demás pertrechos, y acercarme a sacar unas fotos del venado.

Así lo hice, y cuando volvía, cámara en mano, otras ciervas cumplieron al puesto 5. Uno de los monteros disparó. Tras el disparo, me quedé pendiente de la corrida de las mismas por si había alguna herida, cuando vi salir un cochino como un cohete por el pecho. Lo metí en el visor y le solté dos salvas, haciéndole señas a mis vecinos para que estuvieran pendientes, dado que podrían haber pensado que andaba a tiros con las ciervas que ellos habían disparado, como así fue.

En esas andaban cuando se les coló el cochino, que ahora, lejos de taparse, cogía el filón de monte en mi dirección.

Mis vecinos me hacían señas, pero no sabía qué me decían, cuando escuché el crujir de una jara muy cerquita. Encaré en esa dirección y, cuando asomó, le solté casi por inercia un tiro, quedando en el sitio.

Este lance me hubiera sobrado, de no ser por la intensidad.

Gracias de corazón, uno de los mejores puestos de la temporada

Como decía, la montería ya languidecía, así que terminé de descargar el rifle, sacar unas fotos con los dos cochinos y marcarlos.

Cuando nos quitaron, todos habíamos visto caza y casi todos habíamos tenido lances, aunque el triunfador, al menos de la armada, había sido, casi sin darme cuenta, un servidor.

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Triunfó Casilda.

La estupenda comida del catering La Montería (@la_monteria_catering) estuvo un poco pasada por agua –se agradecía la carpa–, pero, en general, la climatología respetó, y allí disfrutamos de la compañía de los amigos y de Pablo Díaz Ladrón de Guevara, su hija Marisitos y familia, a los que debo agradecer de nuevo enormemente el gesto que tuvieron conmigo.

Gracias de corazón.

El último chaparrón provocó que el camión de Dibe necesitara ayuda para salir del terreno reblandecido.

Así fue como, casi sin querer, tuve uno de los mejores puestos de la pasada temporada, junto a Cinegética Alcántara, en mi querida Extremadura, con la inmejorable compañía de Adolfo y de numerosos amigos y conocidos.

Una crónica de Carlos Casilda Sánchez

Fotografías: Carlos Casilda y Adolfo Sanz
Excelente trabajo de rehaleros y rehalas, arrieros, cargueros… rápido y eficaz.

Alejandro (a la izquierda) grabó un lance espectacular (abajo) a su compañero Juanjo que tiró a buena distancia un cochino a pulso, el navajero que está en primer plano.

DATOS DE LA MONTERÍA

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Organización: Cinegética de Alcántara

Fecha: 3 de enero de 2026

Finca: Hornitos, Ahijosa y Amarillina / Finca abierta

Hectáreas monteadas: 1.200

 Localidad: Alcántara, Cáceres

Puestos: 40 / Cupo: 2 venados y 2 ciervas; jabalíes sin cupo / Rehalas: 22

Venados: 32 (varios buenos de montería)

Jabalíes: 19 (3 navajeros)

Ciervas: 33

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Buen venado de montería el cobrado por Carlos Casilda.
Abajo, el montero con el mejor cochino que se cobró.

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