Dos clásicos al unísono: Monterías Chamocho cazó la ‘Loma del Majano’. ¡Estuvimos allí!

CRÓNICA

A medio camino entre Cardeña y Montoro, por la carretera antigua, se encuentra una de las fincas con más solera de nuestro panorama montero, Loma del Majano, que ya lleva unas temporadas cazando la organización montera más veterana de nuestro país, Monterías Chamocho.

¡Qué ruta más bonita, más cinegética y más montera! Pasado el Valle de Alcudia y las cumbres y apretales de Fuencaliente, y ya en la provincia de Córdoba, llega un terreno mucho menos abrupto en la comarca de Los Pedroches, de la que el término de Cardeña ocupa su extremo oriental, predominio de dehesas, cerdos ibéricos y mucho cervuno. Como llevaba tiempo de sobra, no pude desplazarme a dormir a la zona, paré a hacer una foto a un venadete que estaba muy pintón, y cuál no sería mi sorpresa cuando escuché que había una berrea al menos notable, ¡era la mañana del pasado 10 de noviembre! Dejé el campo tranquilo en su quehacer y continué ruta. Estaba ya muy cerca.

De repente, y más o menos coincidiendo con el límite del término de Montoro, ¡zas, otra vez cuestas y curvas! Enseguida vi la señal de Monterías Chamocho, y al personal del equipo de la montería y del catering preparando todo para la llegada de los monteros, que estaban citados a las 8:30. Como seguía con tiempo, continué, sabiendo que ya estaba en Loma del Majano, a ver si pillaba alguna res o marrano para hacerles un retrato. En una zona más plana de dehesa, pude fotografiar sin molestarle a un precioso venado de 16 puntas, ¡ése estaba dentro de la mancha a cazar! ¡Buen presagio! Con el objetivo cumplido, regresé al lugar de la cita.

La Loma del Majano es una finca de las que yo denomino como mixta, no exenta de cuestas y con sus partes de monte más apretado, pero con amplias zonas más adehesadas, con encinas y pinos. Muy querenciosa de siempre tanto para el cervuno como para los cochinos, y ubicada en una zona que de antiguo, incluso cuando no había cercas, ha dado grandes venados.

Nublado, si acaso chispeaba un poco, pero era soportable. Hacia frío pero al no haber prácticamente brisa, se podía decir que era un buen día para montear, aunque tanto la lluvia como el viento podrían empeorar la situación en cualquier momento. Por cierto, a apenas unos pocos kilómetros de donde había parado de camino a hacer una foto a un venadete pintón, y donde había una berrea inusual, no berreaba ni un solo venado, como por otra parte es lógico un 10 de noviembre.

Luis Miguel Chamocho júnior, Práxedes Flores y Luis Miguel Chamocho poco antes de comenzar el sorteo.

¡Qué buenas las migas con huevos fritos! -en plural-, mientras Luis Miguel Chamocho, tras saludar a los asistentes, preparaba con su equipo el sorteo de los 25 pasos que cerrarían en esta ocasión la Loma del Majano. Llamada al sorteo. Luismi, tras rezar un padrenuestro con el deseo de que todo transcurriera bien, recordó que el cupo era de tres venados y dos ciervas por puesto: “Hay venados muy bonitos, os recomiendo que tiréis a los dos primeros de buenas hechuras que os entren y que esperéis con el tercero”. Ilusión. Suerte pura y dura, sorteando primero el montero que según su número en la lista establecida tenía que recoger después uno de los 25 sobres de los puestos.

Al trajín. Comenzaron a salir las armadas, cada puesto con su secretario, primero Las Marcelas, después El Majano, para dar paso a las traviesas, Pista Nueva para finalizar con La Loma.

Primero paramos en la zona alta de la finca, que no se monteaba, y ya comenzamos a escuchar los primeros tiros, había que dejar que se colocaran todos los puestos para bajar a la casa de la finca, desde donde se domina gran parte de la mancha que se monteaba y donde se serviría la comida.

Cuando llegamos a la casa ya estábamos en pleno guirigay montero. Tiros, ladras, las 17 rehalas bordaron su trabajo, los maravillosos “tomajó” o “ahí va el venao” inundaban la sierra. ¡Montería! No menos movimiento había desde esa atalaya que es la casa de Loma del Majano: ¡en qué lugar tan privilegiado está! Luismi con la emisora, preocupándose de cómo iba la cosa, intentando en lo posible que si había algún puesto más flojo que las rehalas apretaran lo posible por esa zona, algo nada sencillo, ya que aquí las reses son muy ariscas y se monteaba mucho terreno (650 hectáreas) para sólo 25 escopetas. Antonio Granero, el webmaster, videógrafo y fotógrafo de la organización, y este cronista a la carrera buscando las ídem, localizamos muchas reses, sobre todo ciervas con gabatos y venados jóvenes. El mejor, un venado ya cumplido que merecía formar parte de un buen cupo, lo latían unos maravillosos punteros desde muy lejos directo al puesto de un montero que en guardia baja esperaba cumplir el lance, ¡cuánta emoción! Pues bien, sólo había un pequeño recoveco por el cual el venado podía pasar inadvertido a los ojos del cazador, ¿por dónde pasó? Sí, justo por ahí, por donde el montero no le podía tirar, y se fue de rositas. Como también se vaciaron algunas pelotas de reses, especialmente una con tres o cuatro venados dignos del gasto de bala, perdón, de cartucho metálico, que luego me afean lo escrito mis amigos especialistas en armas. A medida que los monteros cumplían su cupo los disparos disminuían, hasta un arreón final que cabalito finalizó en los 300 tiros, las caracolas comenzaron a sonar, se podía dar por concluida la montería.

En todo este tiempo la climatología hizo de las suyas, no se crean, a veces la lluvia era más que un calabobos y, sobre todo, el aire, que a veces sopló lo suficientemente fuerte como para impedir que puntualmente reses y cochinos cumplieran a algunos puestos.

Comenzaron a llegar los monteros, la comida era tan rica como variada, pero este cronista prefirió asomarse a la junta de carnes, por si acaso. Ya habían llegado una docena de ciervas, media de cochinos y tres venados, uno de ‘ración’, otro de 13 puntas que quizá no llamaba mucho la atención porque era algo corto, sin embargo tenía un grosor de cuernas nada despreciable, y, un tercero, de 15 puntas espectacular, largo, grueso y al que curiosamente le faltaba el candil (punta central) izquierdo, no es que estuviera roto o mellado, es que no había hecho intención ni de salir, estaba el tronco de la cuerna limpio. Le eché la cinta métrica, por ahí estará con la medalla de plata.

Los Enriques, con el venado del nº 2 de ‘La Marcela’.

Iban llegando más reses, y pronto se vio que del corte del venado de 13 puntas antes comentando, entre los 150 puntos CIC y algo más de la medalla de bronce (165 puntos CIC, por dar una referencia, que tanto número desvirtúa a veces la calidad y el valor de estos animales: ¡magníficos venados de montería!) iban a llegar varios, normalmente entre 12 y 16 puntas.

No tardé en localizar al ‘culpable’ de que hubiera un venado de tanta categoría, el 15 puntas, en el tapete, Enrique, lo cazó en el nº 2 de Las Marcelas. Me pareció muy majo, y muy montero. Le acompañaba en el puesto su hijo Enrique, que lleva trazas de ser un gran montero, afición desde luego le sobra, y también estaba en la montería su padre que ¿saben cómo se llama? Eso, Enrique.

La caza, que es así de caprichosa, ya sea por el tiempo cambiante o por la circunstancia antes comentada de que varias reses se vaciaron de la mancha sin ser tiradas, se repartió, como es su ser, con capricho y por tanto irregularmente, destacando en esta ocasión la traviesa de La Loma donde todos los puestos, excepto el nº 2, completaron el cupo.

Estaba hilando la hebra con Armando Navarro, de Monteros G 14, cuando llegaron tres remolques cargados de reses, con varios venados más del corte ya comentado (por lo que esperaremos a dar el número de trofeos medalla definitivo cuando las respectivas Comisiones los homologuen), y con uno especialmente destacable, con 18 puntas, quizá corto pero de cuernas gruesas.

Al final llegaron a la junta de carnes 54 venados, 50 ciervas y 14 cochinos, de los que había muchos, pero que salieron bien librados por lo escurridizos que son, por la cantidad de reses que había y posiblemente también por esos ratos en los que la climatología no fue favorable.

¡Ah, por cierto!, del precioso venado de 16 puntas que logré fotografiar por la mañana pronto dentro de la mancha, antes de comenzar la montería, nunca más se supo, se lo ganó, ojo cómo será dentro de dos temporadas cuando, si todo sigue igual, se vuelva a montear la Loma del Majano.

Crónica y fotografías: Adolfo Sanz Rueda

Parte de los venados cobrados. Fotografía: Antonio Granero.

DATOS DE LA MONTERÍA

Armando con su venado.

Organización: Monterías Chamocho

Fecha: 10 de noviembre de 2018

Finca: Loma del Majano

Finca cerrada / Hectáreas monteadas: 650

Término: Montoro, Córdoba

Puestos: 25 / Cupo: 3 venados y 2 ciervas. Jabalíes sin cupo

Rehalas: 17

Venados: 54 (varios homologables)

Jabalíes: 14

Ciervas: 50

 

Luis Miguel con su hija Pilar y el venado de 18 puntas.

 

 

 

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