Así es la caza del borrego cimarrón en el desierto de Sonora

Por José García Escorial
Después de diez años continuos acudiendo a la sosegada y a la vez demasiado tranquila Reno, se añoraba el bullicio de la brillante ciudad de Las Vegas.

Salimos de Madrid con escala en Filadelfia, estado de Pensilvania, donde pasamos unas horas de conexión que nos vinieron bien por lo pesados que son los trámites aduaneros de entrada en los Estados Unidos. A finales de enero de 2012 llegamos a Las Vegas, con tan buen tiempo que nunca me puse una prenda de abrigo fuerte, y con nuestro grupo de veintiuna personas, toda una excursión. Llegamos el sábado anterior a la Convención número 40 del Safari Club Internacional, y esa misma noche cenamos en el Hotel Caesars. El domingo nos fuimos al Cañón del Colorado, Arizona, y echamos allí el día completo, para cenar por la noche en el Hotel Venetian. El lunes, visita a la gran ciudad del juego de Nevada con sus superlativos hoteles, y para postre espectáculo del gran mago David Copperfield. El martes de montaje del stand, hacer algún acuerdo y despotricar por los dos pisos de la Convención en el Hotel Mandalay Bay, y cenamos en la Recepción Oficial de Expositores. El miércoles a currar en el stand, y hacer kilómetros subiendo y bajando entre las dos plantas de la Convención; cena en el piso último del Hotel Stratosphere. El jueves comimos juntos las familias Zamácola y Escorial, y después de la feria visitamos una espectacular armería, la Bass Pro Shop; luego cena en el Steak House del Hotel Circus Circus. El viernes cené en el Picasso del Hotel  Bellagio, donde Julián, el chef de cocina, tuvo la deferencia de visitar en exclusiva nuestra mesa al finalizar la cena. El sábado me despedí de mi gente y a primera hora de la tarde volé a Phoenix y luego a Tucson, donde dormí. A la mañana siguiente salimos por carretera para Hermosillo cruzando la frontera mexicana, entrando en el estado de Sonora.

Hermosillo, la antigua Santísima Trinidad del Pitic, es la capital del estado de Sonora, y debe su actual nombre a un General de Jalisco, José María González de Hermosillo. Esta ciudad a principios del siglo XX tenía una población de 14.000 personas, hoy supera los 800.000 habitantes. No es de extrañar que su centro antiguo, presidido por la airosa catedral –es sede episcopal–, no esté en consonancia con su actual desarrollo demográfico. La razón de este espectacular aumento poblacional la tienen las industrias maquiladoras del sector automovilístico. La maquila no tiene el mismo significado que en España, para nosotros la maquila es fabricar para un tercero por un precio fijo la unidad producida. El origen viene de la molienda del grano, la maquila era la cantidad de grano que retenía el molinero a cambio de la molienda del grano de un tercero. En Hermosillo, en cambio, la industria maquiladora es la empresa montadora en el sector automotriz.

Los carneros americanos
Hay dos grandes zonas de carnero del desierto en México: el desierto del estado de Sonora y en los dos estados que conforman la península de Baja California, Baja California y Baja California Sur. Este carnero, borrego para los locales, es primo hermano del carnero de las Rocosas, y forman la pareja de los dos bighorn americanos, que junto con los dos thinhorn (thin, delgado), Dall y Stone, configuran el prestigioso, en el mundo de la caza, Grand Slam de los Carneros Americanos. 

A pesar de mi familiar y excelente relación con mis proveedores mexicanos, nunca había podido participar en una cacería de borrego. La razón es muy dura: los cazadores que yo conozco habían optado por otra vía para conseguir esta especie, posibilidad que, aunque está a mi alcance, nunca he permitido que se comercializase en mi actividad y entorno de consultor cinegético.

El desierto de Sonora es como tantos en el mundo, muy alejados del estereotipo del clásico de dunas tipo Sahara o Namib, con una fauna y flora adecuada a su clima y a su bajo nivel de pluviometría (a pesar del nombre de Sonora, que es también el de un río). El desierto que también ocupa grandes extensiones en California y Arizona es uno de los más calurosos del mundo y de los de mayor extensión, con 311.000 kilómetros cuadrados, siendo más grande que la gran mayoría de los estados europeos. Los saguaros, ese cactus típico de las películas alto, alargado y con dos brazos en cruz elevada, es su representante más genuino en su flora, y el borrego en su fauna, aparte de ser el símbolo de la matrícula de los automóviles del estado de Sonora.

Con tres días de antelación me fui a preparar la cacería antes de la llegada del cazador, de día y de noche recorrí la zona de caza. Con el spoting de 60 aumentos hice buenas fotos a carneros de tiro. El área estaba lleno de ciervo bura (ciervo mula), y de la especie más pequeña de la familia de los colas blancas, el Coues, había pero casi sin poder elegir. El puma era una quimera. Los gatos pequeños y otros animales nocturnos, incluyendo el pecarí, eran posibles, aunque no sencillos.

Esta labor de exploración previa (prescouting en inglés) prácticamente sin dormir y cambiando de conductor o haciéndolo yo mismo, fue tan efectiva que cuando llegó el cazador en tan sólo dos jornadas se pudo hacer con el borrego, el bura, el Coues y el pecarí.
El borrego con 15,5 pulgadas en la base de su cuerna es tan espectacular como lo muestran las fotografías, es uno de los grandes trofeos de caza del mundo, y desgraciadamente a un precio que hace que sea asequible su caza legal a muy pocas y afortunadas personas.

Mis amigos, mi ‘familia mexicana’, estuvieron a la altura de las circunstancias, mejor dicho muy por encima, porque no durmieron, ni comieron, sólo se hartaron de conducir, andar y hacernos cazar lo que pretendíamos. ¡Chapeau, señores!

A Colorado a por el puma
Como no teníamos opciones reales de puma en Sonora, se optó por una oferta de un especialista en el estado estadounidense de Colorado. Volamos de Hermosillo a Tucson para pasar la aduana, y llegamos a Grand Junction. Habíamos pasado de los 30 grados del mediodía en el desierto, a cinco grados bajo cero; menos mal que me pude agenciar unas estupendas botas y ropa térmica que me prestaron. La logística de la ‘operación puma’ era un espectáculo de medios, todoterrenos, quads, motos de nieve, tres equipos de cazadores y treinta sabuesos a nuestra disposición. Conduje un quad montaña arriba entre el barro y la nieve. A la una de la tarde oímos al fondo del valle los ladridos de un pack de perros, los sabuesos estaban sobre una pista buena, y en tres grupos nos tiramos montaña abajo, conectados por walkies. No había mucha nieve, pero en puntos había hielo, y además el barro gredoso y húmedo servía de pista de patinaje. Los perros ladraban con fruición y te animaban a seguir para adelante, corriendo algún riesgo de despeñarte. Las botas prestadas trabajaban a la perfección, pero la ropa térmica nos hacia sudar a todos de modo copioso. Al final llegamos al puma, que a mí me parecía enorme. Los perros le habían aculado en un covacho, donde el felino los tenía a raya enseñando los dientes y soltándoles manotazos de vez en cuando, pero no tenía nada que hacer. Una bala desde 15 metros del popular rifle ‘mataindios’ de palanca Winchester calibre 30/30 pone fin al drama.

Se trataba de un monstruo de puma al que apenas se le podía mover, pero al final, y con mucho esfuerzo, lo colocamos en disposición para hacer las fotos. El cazador rebozado en sangre, sudando de modo incontinente, estaba emocionado. Apenas hace tres horas que aterrizamos, y ahora nos estamos fotografiando con este soberbio ejemplar de puma. La sesión fotográfica fue larga, y tras ella despellejan al animal y distribuyen la carne, pues hay que sacarla de la montaña por ley. Sin embargo, aún no podíamos partir, ya que todavía faltaban perros por recuperar, y en vista de que el cazador se estaba quedando congelado al enfriarse el sudor del cuerpo, decidimos que él y yo nos iríamos valle abajo hasta encontrar la carretera. Nos llevamos el arma por si había suerte y caía alguna cosa, un coyote, por ejemplo. La marcha es larga, yo llevo la delantera. Al cabo de dos horas el cazador estaba preocupado e inquieto por si nos hemos perdido, y le tranquilizo explicándole que tenemos el GPS, el teléfono satélite y además el recurso de liarnos a tiros con el rifle. Pero no hizo falta, pues llegamos al llano donde parte del equipo ya estaba en marcha para rescatarnos a todos. Como llevamos tanta delantera les decimos que vayan a socorrer al resto que van muy rezagados. Llegamos por nuestro pie al coche, de noche cerrada y con un intenso frío en el cuerpo que intentamos aliviar con la calefacción del coche. Nos habíamos pegado una paliza de muerte, pero ¡vaya gatazo que nos llevamos!

Muchas horas después, en el calor del lodge de caza, felicito al jefe de la partida. Lleva 20 años dedicado a cazar con sabuesos tanto pumas como osos negros (por cierto, la mayoría con fases de color, con uno tremendo de color pardo en la pared). La media de éxito es que necesitan tres días para cazar un puma, sus perros no dependen de la nieve, y la clave de su éxito es que también sus perros cazan en seco. Hoy lo había intentado con tres equipos, por lo que no era de extrañar el logro conseguido, pero lo sorprendente es que era el mejor puma de toda la temporada. La suerte muchas veces acompaña al que la busca.

Corre, corre, cazador
Apenas dejamos descansar al despertador, pues a las cinco ya estábamos en planta, intendo echar mano a un coyote o bobcat reclamándoles desde diversos puestos. El paisaje es como el de un cañón, parecido al famoso del Colorado que visitamos hace unos días, y todo te recuerda a las películas de indios. Pero aquí no se pierde el tiempo. Corre, corre, cazador que nos vamos. Patada a la maleta y en el coche de los perros al aeropuerto.

Llegamos a las dos al aeropuerto de San Antonio, Texas, donde nos esperan con no muy buenas noticias: una tormenta les ha dejado en el rancho sin conexión a Internet y tenemos que sacar las licencias en una tienda de deportes. Ello hace que sólo nos queden dos horas de luz, por lo que ni siquiera pierdo el tiempo cambiándome. Dejamos pasar algún cola blanca de Texas, pero me impongo y digo que no tenemos tiempo, el primero cumplido con ocho puntas se queda de un tiro, aún tenemos una hora para los bisontes. Pero corre, corre, cazador, los bisontes nos dan esquinazo. El entrañable y antiguo espalda mojada Marcelino colabora con nosotros, apenas a dos luces nos hacemos fotos con el gigante, bobo y mítico animal de las praderas americanas.

Se me quedan heladas las manos en la sesión de fotos, un par de grados bajo cero y un viento fuerte hace la temperatura real muy desagradable. Aún antes de irnos nos da tiempo para hacer un doblete de ringtail cat (rintel, Bassariscus astatus), macho y hembra, animal que hasta ese momento desconocía su existencia, pero que se distribuye en exclusividad en esa zona, norte de México, Arizona y Texas. Cuando tengo la mínima oportunidad devoro la información de Wikipedia. Es un pariente lejano del mapache. Hago bromas diciendo que tenemos el récord del mundo de ringtail cat.

No sé muy bien dónde estoy, pero me dicen que en Nueva Jersey, el cazador parte para su país mientras un coche me deja en Connecticut en un hotel de la elitista Greenwich Village. El taxista que me lleva al aeropuerto JFK mientras veo Nueva York, me pone al día de la Liga española. Es un colombiano de Medellín y me dice que se vio completos los 54 partidos de fútbol de la fase del Mundial de Sudáfrica. Ya ven, no sólo los cazadores estamos chalados.

Hago balance mientras espero al avión que me traerá a Madrid. En tan sólo cuatro jornadas de caza se han conseguido las siguientes especies: carnero mula del desierto, ciervo cola blanca Coues, pecarí de collar, puma, ciervo cola blanca de Texas y bisonte, sin olvidar al ringtail cat. Corre, corre, cazador, que ahora pierdes el avión.

Con el spoting de 60 aumentos el autor pudo hacer buenas fotos a carneros de tiro

Panorámica del mítico Gran Cañón del Colorado.

El borrego cimarrón es uno de los grandes trofeos de caza del mundo, y desgraciadamente a un precio tan elevado que hace que sea asequible su caza legal a muy pocas y afortunadas personas.

En la imagen un ejemplar de saguaro, el cactus columnar típico del desierto de Sonora.

El autor junto a un buen coues cola blanca.

García Escorial con un fiero pecarí de afiladas defensas.

Una bala del Winchester 30/30 acabó con este monstruo de puma, al que apenas se podía mover para colocarlo para la foto.

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