‘Nos tienen rodeados’, por José García Escorial

¡Uf! Creo que hemos salvado un match ball, una bola de partido, que nos va a llevar a una prórroga de cuatro años, por el resultado electoral de final de junio de 2016.

La cosa estaba más que fea, para la caza. Los podemitas nos habían cortado ya la cabeza a los cazadores. Oponerse a la caza es como no estar de acuerdo con el sistema métrico decimal, un dislate, sólo capaz de anidar en mentes que se sitúan en un camino intermedio entre la esquizofrenia  y el marxismo absurdo, que es más o menos lo mismo.

¿Cómo se puede ni siquiera pergeñar un concepto tan anticaza extremo que penalice no ya ni siquiera el uso, sino la mera tenencia de perros de caza? Es entrar de nuevo en el concepto maligno de que todo poseedor de un disco virgen, o de un pen drive, es un seguro defraudador de la propiedad intelectual, y hay que brearle a impuestos en la mera compra de algún soporte que pueda ser susceptible de grabar o reproducir.

Se permite  la caza menor en los programas de estos iluminados y todos ellos ignoran que el auténtico lujo en nuestro país es tener un coto majete de caza menor; en cambio, ir a una montería, gancho o batida de mayor por un precio diario que no sobrepasa los sesenta euros, en donde te dan de desayunar, no mal, de comer, bastante bien, y encima, si la suerte te acompañó, te vas a llevar unos sólidos kilos de carne a tu hogar, es lo que realmente acomete cada semana el cazador rústico o el urbanita de recursos escasos. El añorado monte bueno apañado de perdices y conejos, sólo quedó en el recuerdo de los jubilados.

El que todos los medios silenciaron la manifestación de junio en Madrid es un claro paradigma, muchos emplean este vocablo sin saber que significa, que los cazadores no estamos de moda en la sociedad española, más bien somos un colectivo de apestados. Pero el problema es que nosotros, los cazadores, los desheredados de los medios, radio, prensa, televisión, somos muchos, tantos o más como los que les faltan a los responsables de Unidos Podemos en las urnas.

El Rey emérito pidió perdón, pero parece ser que la sociedad civil no lo ha perdonado, y manifestar ahora en las áreas cercanas al poder político que uno es cazador, es mucho peor que declararse masón en los tiempos de la Oprobiosa. Por tanto, ningún político se declara cazador, como antes ninguno se declaraba masón, aunque antes hubiera masones y ahora cazadores.

Nos tienen rodeados, sometidos, anulados. Cuando un cazador yankee, incrédulo, me pregunta sobre la noticia de una manifestación de apoyo a la caza en Madrid, no tengo palabras para explicarle lo que para él es inaudito. Cuando prohíban comer jamón de Jabugo, porque somos unos criminales  que nos aprovechamos por alimentar con bellotas a un animal, con la pretensión luego de comernos su jamón, y lo tratemos de explicar a un Johnny, tal vez sea el día que, a su vez, podamos explicar lo de la pretendida prohibición de la caza en España, por parte de la ‘nueva política’.

Para Europa tenemos un gran país en extensión, con un escasa densidad de población, con el mayor número de especies cinegéticas de toda Europa; pero, a la vez, también contamos con una ingente cantidad de cantamañanas en lo público, que saben más bien nada de nada. El nefasto ejemplo de la gestión de la cabra montés en Madrid es para abochornar a todo el estamento público profesional que pretende cuidar el medio natural en Las Batuecas, en nuestra piel de toro.

Como por lo visto no vale salir a la calle, y además tampoco vale que sea la caza la única actividad lúdica en tener dos canales en las televisiones españolas, ni que en España se editen más revistas de caza que del deporte rey, el fútbol, cuando los partidos políticos que quieren cambiar a España presentan planes aberrantes en los temas cinegéticos, pues la única solución sería ir de caza, actividad muy sana que recomiendo a todo el arco parlamentario, y de paso les vendrá bien airearse para saber con algún, y aún escaso, conocimiento sobre lo que osan opinar.

Por José García Escorial / garciaescorial@safariheadlands.com

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