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La palabra Caza sin eufemismos, por José Luis Garrido

La palabra Caza sin eufemismos. Caza familiar. Foto © J.L. Garrido

Las administraciones y algunos científicos que manejan la actividad, intentan ignorar la palabra CAZA.

La palabra caza
Caza fotográfica. Avutarda con dron. Foto © J.A. Remírez

GRACIAS A LA CAZA

La prehistoria nos ha dispuesto con evidencia la epopeya del hombre como cazador.

“Una serie de argumentos previos justifican por si solos la afirmación de que la caza hizo al hombre y explican hasta qué punto dicha actividad contribuyó a ahormar nuestra conducta”. “Los humanos somos los únicos primates que no somos vegetarianos y ello fue así porque desde hace 2’6 millones de años nos hicimos predadores y solo el chimpancé, nuestro pariente más cercano, tiene hasta un 10% de alimentación de otros animales” (Delibes G., 2019).

La diferencia es evidente. El texto La evolución del hombre: La hipótesis del cazador (Ardrey R., 1978) es todo un referente de que la caza nos hizo humanos.

La Sierra de Atapuerca: Un viaje a nuestros orígenes (Díez, Moral, Navazo, 2009), es una larga historia de investigaciones que redundan en lo citado.

Hay definiciones y referencias a la caza en todas las civilizaciones: la mitología griega o romana están llenas de personajes cazadores que han llegado hasta nosotros en la literatura.

Hay referencia a la caza de la codorniz con red en El Libro de los Muertos de los Egipcios, de hace más de 3.000 años.

Está citado como uno de los primitivos libros de caza: Cinegética de Jenofonte, escrita el 400 a.C.

En todos estos años la caza ha sido una actividad reconocida que hasta mediados del siglo pasado, nadie la ha cuestionado.

Los escritores españoles más notables han manejado las acepciones de la caza como actividad sobresaliente hasta hace unos años.

Caza fotográfica. Boc balear. Foto @ A. Sanz

El jipi ha ido mutando hasta que llega al animalismo actual

Pero el movimiento Hippie americano, hacia 1960, nacido desde el sentimiento pacifista iniciado por la guerra en Vietnam, traspasó a todos los continentes y llegó a España; aquí el jipi ha ido mutando hasta que llega al animalismo actual, que confronta con nuestra caza en todos los campos posibles.

La actividad y su nombre, Caza, están pasando a otra etapa en la que esta palabra es ignorada hasta por los que la manejan y se aprovechan de ella. Todos estos adláteres de la cinegética, buscan sinónimos y eufemismos para no decir Caza y nosotros lo consentimos.

La palabra caza
Caza de liebre con galgos, campeonato. Foto @ Leonardo de la Fuente

Caza: «la acción y efecto de cazar» (RAE)

Menos mal que en agradecimiento histórico a la caza, creo yo, la Real Academia Española (RAE), dictamina con precisión la palabra Caza, que tiene mucho recorrido lingüístico, con la acepción más generalizada como «la acción y efecto de cazar».

En la Ley 1/1970, de 4 de abril, de caza, –la más notable hasta ahora–, se considera esa acción como la ejercida por cualquier persona mediante el uso de artes, armas o medios lícitos para buscar, atraer, perseguir, acosar, a los animales definidos por la ley como piezas de caza, con el fin de darles muerte, apropiarse de ellos o de facilitar su captura por tercero.

Con un literal casi idéntico lo define la vetusta Ley de Caza de 16 de mayo de 1902, anterior.

También se utiliza la palabra para definir «el arte de cazar» en cuanto se hace referencia al conjunto de modalidades, métodos y habilidades para capturar a los animales.

Hay una retahíla de acepciones y de entradas que tiene el sujeto caza, dependiendo de los verbos que le preceden o los adjetivos que le cualifican.

En el célebre prólogo de Ortega y Gasset, siempre a citar, se define: la caza es lo que hace un animal para apoderarse de otro que pertenece a una especie vitalmente inferior a la suya.

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Caza científica. Anillamiento de becada. Club de Cazadores de Becada. Foto © J.A. Pérez

CIRCUNLOQUIOS PARA IGNORAR LA EXPRESIÓN CAZA CIENTÍFICA

Hace unos meses escribí: Arte de la caza: Caza científica y ciencia ciudadana.

La expresión “caza con fines científicos” apareció por primera vez en la Ley de Caza de España 1/1970, con un significado que pone un fin y apellido notable a la actividad de la caza y que luego fue traspuesta a todas las leyes autonómicas.

Esto ha supuesto un orgullo para los cazadores, pues casi todos los proyectos que han requerido datos biométricos, analíticos o cinegéticos obtenidos por nosotros durante la caza, se pueden denominar como aporte a la caza científica, siempre que sean datos básicos para algún estudio, y esto es independiente de que la explotación de datos se haga tras capturar en vivo, tras abatir a la especie, o con ambos métodos como se hizo y hace con algunos proyectos conocidos: Mapa genético y sanitario de la perdiz roja, Gestión de la becada, Anillamiento de la codorniz y el Plan Integral de Recuperación de la Tórtola Europea en la Península Ibérica (PIRTE) que van en ese sentido y se aportaron datos de esas especies por los cazadores tanto de las cazadas vivas, como de las muertas.

Se iniciaron en 2020 los proyectos PIRTE, Coturnix y Zorzales (Federaciones, Mutuasport, Artemisan) en el que la fuente de datos es la caza de cada una de las tres especies, tanto vivas, como muertas.

Caza científica. Anillamiento de codorniz. Foto © J.L. Garrido

No toda la Ciencia ciudadana es Caza científica

Y aparece en las presentaciones un nuevo nombre: “ciencia ciudadana”, que es una expresión que maneja el CSIC desde hace unos diez años para definir la colaboración general de la ciudadanía con la ciencia, que en nuestro caso es más acorde como ‘caza científica’ o  ‘ciencia y caza’. En ese proyecto solo pueden aportar ‘todos los datos’ exclusivamente los ciudadanos cazadores, nunca los de otro gremio. No debemos dar la impresión de que alguien está interesado en ocultar la palabra Caza dentro de la familia cazadora o que se aprovecha de ella. La Caza Científica es sin duda Ciencia Ciudadana; pero, convendrán conmigo, que no toda la Ciencia ciudadana es Caza científica.

Es bueno que aparezca para estos estudios la expresión de Caza científica, para que los cazadores se sientan más identificados con el proyecto en el que colaboran y para que, a la vez, sepan otros cazadores que si solo cazan y no aportan datos, la actividad no tiene para ellos ese apellido tan noble, específico y gratificante.

¿Ley de Gestión Sostenible de los Recursos Cinegéticos en vez de Ley de Caza?

Me ha extrañado que en Castilla y León hayan nominado como “LEY DE GESTIÓN SOSTENIBLE DE LOS RECURSOS CINEGÉTICOS DE CASTILLA Y LEÓN”, un eufemismo, a la que va a ser nuestra Ley de Caza. Parece que por sugerencias de la Federación y enmienda del propio PP, se llamará al final LEY DE CAZA (como Dios manda) y luego, si quieren, que le sigan otros seis u ocho apellidos castellanos, o la Biblia en verso.

Caza mayor. Rehala tras venado en montería. Foto @ A. Sanz

No perder la esencia de la palabra Caza

Lo único que planteo en este escrito es un punto de vista que me parece importante: no perder la esencia de la palabra Caza en nuestros mensajes y menos en proyectos y estudios que promovemos los cazadores, porque algún científico busque un nombre que impacte y parezca más “progre”.

Este es mi sentir sobre una expresión «Ciencia Ciudadana» totalmente correcta y bienvenida desde hace diez o doce años, pero que en nuestros relatos, proyectos y escritos requiere algún matiz, porque la sociedad y la caza actuales ya no son como las de hace cuarenta años, cuando no había que camuflar a la actividad, ni su nombre.

La expresión Caza científica da un mensaje a la sociedad de que, a veces, hay certeza absoluta de que «no se caza para matar; sino al revés, se mata para haber cazado» (Ortega, 1942); y muchas veces lo hacemos en pro de la ciencia, como caza científica.

Artículo publicado en FEDERCAZA Nº 425

la palabra Un artículo de José Luis Garrido

 Presidente honorífico de la Federación de Caza de Castilla y León
Director honorífico de la Escuela Española de Caza
la palabra Ex director de FEDENCA

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