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Berto Rayón, un adiós tan inesperado como doloroso

Berto Caza
Berto Rayón, un adiós tan inesperado como doloroso.

La mirada de la gente buena

Roto, me llamó Pablo Pando. Me quedé sin palabras.

Apenas pudo balbucear un «Se ha muerto Berto, Adolfo».

Después, el silencio. Y un nudo en la garganta.

Llámenlo azar, circunstancias o quizá destino. Luis de la Torriente, nuestro Luis, me presentó a Pablo. Y fueron ellos dos, Luis y Pablo, quienes, tiempo después, me presentaron a Berto, durante una cacería de berrea en Saja organizada para un amigo común de todos nosotros, que también se fue: Antonio Sánchez.

Luis está igualmente destrozado.

Luis, Berto y Pablo.

Después llegaron otros encuentros, recechos de corzo y aquella memorable Campurriana de un furtivo a un guarda.

Alberto Rayón López nació en Cañeda, municipio de Campoo de Enmedio (Cantabria), el 4 de abril de 1967. Falleció el pasado jueves, 22 de octubre, en Torrelavega.

Un montañés sereno, serio cuando había que serlo, pero siempre con una sonrisa a mano. Hombre comprometido con su tierra y con su gente. Un cazador descomunal, completísimo, de esos de los que uno aprende sin necesidad de que abran la boca, simplemente observándolos, viendo cómo hacen las cosas.

Pero, por encima de su extraordinaria dimensión cinegética, estaba su mirada. Una mirada honrada, noble. La mirada de la gente buena.

Mis más sentido pésame para sus familiares y amigos.

Lo siento. Estoy invadiendo un terreno que no me corresponde. Cedo la palabra a quien de verdad debe tenerla…

Adolfo Sanz Rueda

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Berto Caza
Berto y Pablo.

Tu inesperada marcha nos ha dejado un profundo dolor

Ya sabes, amigo Berto, que lo mío es la charla, no escribir, y cuánto hubiera querido despedirme de ti como merecías: dándote un abrazo fortísimo y recordando tantos y tantos buenos momentos que hemos compartido.

Tu inesperada marcha nos ha dejado un profundo dolor. Éramos muchos los que te queríamos, porque tú, Berto, te dejabas querer.

Ha sido todo tan repentino, tan de golpe, tan injusto… ¡Si estabas estupendamente!

Sin ir más lejos, ahí queda la pasada berrea, en la que te volcaste para que un amigo común cobrara un buen venado. Te vi entonces como siempre, en plena forma, con esa vitalidad que jamás me hubiera hecho imaginar que hoy tendría que escribir estas líneas.

¡Cuánto tiempo del bueno, del que de verdad cuenta, hemos compartido! Cazando, pescando esos cangrejos que tanto te gustaban o, sencillamente, disfrutando del campo o de una comida, siempre humilde, siempre discreto. Y todo ello sin que muchos supieran que tenían delante a uno de los mejores CAZADORES que he conocido, además de un AMIGO auténtico, de los que dejan huella para siempre.

Me admitisteis como uno más en vuestra cuadrilla, como si fuera un campurriano más, y esas cosas, amigo, se agradecen y nunca se olvidan.

Formaste una familia maravillosa: tu mujer, Felicidad; tus hijos, Marcos y Daniel; tu nuera, Marina; y, cómo no, tus hermanos, tus sobrinos, tus cuñados… Y esa multitud de amigos que hoy nos quedamos sin consuelo ante tu ausencia.

A todos ellos, mi más sentido pésame. Ojalá encuentren consuelo en el cariño de quienes tuvimos la suerte de conocerte y en el recuerdo imborrable que nos dejas.

Descansa en paz, amigo Berto. Te echaremos muchísimo de menos.

Pablo Pando

Parte de la cuadrilla de Cañeda: Ramón Rayón (hermano de Berto), José Luis Fernández, Pablo, José Manuel González y Berto.
Berto con su sobrino Mario (i) y su hijo Marcos (d) durante una batida en octubre de 2013.
Berto Caza
Pablo, Berto y Luis entre dos rabelistas de reconocida categoría: Jesús Fernández ‘Chuchi’ (i) y Alberto Terán (d).

⇒ Campurriana de un furtivo a un guarda

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Berto Caza
Luis y Berto.

Te echaré de menos hasta nuestro próximo encuentro, en la Montaña donde Dios quiera llevarnos

Se me rompe el alma al escribir esta pequeña semblanza y sentido homenaje a mi amigo, guía e instructor de caza, Berto Rayón, natural de Cañeda, barrio cántabro del valle del Reino de la Osa.

Antes que nada, me gustaría expresar mis más sincera condolencia para los familiares y amigos de Berto, que eran multitud.

Berto, amigo, nos enseñaste desde raíz, no solo a mí, sino a mis generaciones anteriores, y compartiste magistralmente con los afortunados que te disfrutamos tu pasión por la Montaña, la Naturaleza y la Caza.

Contigo, los recechos y batidas iban más allá de la Caza o, mejor dicho, completaban la Caza, en la que, tanto a ella como a tus amigos, te entregabas en cuerpo y alma, siempre de forma desinteresada y con amor, pues tal era tu pasión.

Venados, corzos, rebecos, osos y lobos fueron tus compañeros y testigos de tu paso en la Tierra, como seguro ahora lo serán en el Cielo, en donde nos esperas y guías con una sonrisa: la que siempre tuviste para los tuyos, entre los que me sentía orgulloso de encontrarme.

Posdata: Me debes unos tomates de últimos de temporada de tu huerto, que me prometiste hace solo unos días… Eso no te lo perdono, amigo.

Te echaré de menos hasta nuestro próximo encuentro, en la Montaña donde Dios quiera llevarnos. Descansa en paz.

Luis de la Torriente

En busca del corzo del Reino de la Osa.

Corzos salvajes en el Reino de la Osa

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