Caza y Libros (cazaylibros.com) es una marca inequívoca: sencilla en su formulación, pero de un mensaje rotundo. Chema Pérez Castells la creó hace ya cincuenta años, tras quedar fascinado, siendo un niño, por la lectura de su primer libro de caza, regalo de su padre, Solitario.
En este segundo coloquio, José Ignacio Herce conversa con quien es, sin duda, uno de los bibliófilos cinegéticos más reconocidos, no solo de España, sino también del panorama internacional.

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En el anterior coloquio afirmábamos que hablar de caza en España era, en buena medida, hablar de Chema Pérez Castells (CP). Aquella conversación, que creemos resultó especialmente interesante, permitió descubrir algunas facetas menos conocidas de la trayectoria cinegética de nuestro entrevistado.
Esa etapa ya quedó atrás. Sin embargo, del mismo modo que en su anterior actividad profesional –de la que él mismo se define como «casi jubilado»– llegó a convertirse en un referente, también en la ocupación a la que hoy dedica casi todo su tiempo podemos afirmar que es una figura de referencia, tanto en el ámbito nacional como en el internacional.
En esta ocasión conversaremos con Chema Pérez Castells sobre libros de caza, una materia que conoce en profundidad y sobre la que, sin duda, nos ofrecerá reflexiones de gran interés. Además, estamos convencidos de que despertará en muchos lectores el deseo de acercarse a nuevas obras, porque pocas cosas hay tan gratificantes como descubrir un buen libro.

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JIH: Chema, ¿cómo nació tu pasión por los libros de caza y cuál fue el primer ejemplar de tu colección?
Mi afición a los libros de caza comenzó, igual que mi afición por la caza, gracias a mi padre, que era un gran lector de literatura cinegética.
Mi primer libro de caza, y el que despertó definitivamente esta pasión, fue Solitario. Su lectura me caló tan hondo que no paraba de pedir a mi padre que me hablara del «Anteojos» y de preguntarle: «¿Dónde está?» y «¿Cuándo vamos a cazarlo?» (sonríe).
«Mi primer libro de caza, y el que despertó definitivamente esta pasión, fue Solitario»
JIH: ¿Cómo y cuándo nace Caza y Libros?
CP: Nace en la segunda mitad de los años setenta. Entre otras razones, porque solía comprar ejemplares mejores de libros que ya tenía y, al acumular varios del mismo título, vendía algunos para adquirir otros nuevos. Vamos, que me dedicaba a lo que comúnmente llamamos el «mercadeo» (sonríe).
Pero, sobre todo, porque entonces me di cuenta de que no existía ninguna editorial, ni nada parecido, dedicada exclusivamente al libro de caza. En Francia o Inglaterra sí las había, así que decidí ocupar ese espacio con Caza y Libros.
JIH: ¿Cuál es el «valor» de Caza y Libros?
CP: Más allá de los propios libros, nuestro verdadero valor está en conocer a cada cliente y ser capaces de encontrar el ejemplar que busca, cuando lo busca.
JIH: ¿Cuántos volúmenes reúne actualmente tu biblioteca y qué la convierte en una colección única?
CP: En mi colección privada tendré unos 2.200 ejemplares, aproximadamente, y en Caza y Libros más de 7.000. Eso sí, quiero aclarar que, en algunos casos, tengo varios ejemplares del mismo libro.
«En mi colección privada tendré unos 2.200 ejemplares, aproximadamente, y en Caza y Libros más de 7.000»
JIH: ¿Cuál es el libro más antiguo o más valioso que conservas?
CP: Sin ninguna duda, el conocido coloquialmente como «el Mateo»: Origen y dignidad de la caza, de Juan Mateos Ballestero. Considero que es el «libro de caza» por antonomasia.
JIH: ¿Qué historia hay detrás de la adquisición más difícil o inesperada?
CP: Podría contarte miles (sonríe), pero hay una muy reciente. Un buen amigo fue a comprar un secreter en una tienda del Rastro y, al abrir uno de sus cajones, encontró un ejemplar de Historia de la Montería en España, del duque de Almazán.
Preguntó, con toda la ingenuidad del mundo:
–¿Este libro también está incluido?
Y el vendedor respondió:
–Hombre, claro. Pero, como está encuadernado en piel, deme usted al menos cincuenta euros.
Mi amigo aceptó sin pestañear (ríe).
Como ves, los grandes hallazgos pueden aparecer donde menos te lo esperas.
JIH: ¿Qué dicen los libros sobre la evolución de la caza?
CP: Que la caza nunca ha dejado de evolucionar y nunca dejará de hacerlo. También que llevamos siglos quejándonos de ella… y, sin embargo, nadie ha conseguido acabarla. Ahí está el ejemplo de Felipe II, que intentó prohibir la caza y los toros sin conseguirlo.
JIH: ¿Cómo ha cambiado la literatura cinegética en los últimos dos siglos?
CP: Antiguamente, quien escribía era una persona formada, con prestigio y un profundo conocimiento del campo y de la caza. Hoy escribe cualquiera…
«Antiguamente, quien escribía era una persona formada, con prestigio y un profundo conocimiento del campo y de la caza. Hoy escribe cualquiera…»
JIH: ¿Qué obras consideras imprescindibles para comprender la caza?
CP: Hay muchas, pero si tuviera que recomendar una sería Veinte años de caza mayor, del conde de Yebes. Es un tratado extraordinario para comprender de verdad la caza mayor.
«Si tuviera que recomendar una obra sería Veinte años de caza mayor, del conde de Yebes. Es un tratado extraordinario para comprender de verdad la caza mayor»
JIH: ¿Hay alguna autor que haya cambiado tu forma de entender la actividad cinegética?
CP: Muchos autores han influido en mí, pero si tengo que destacar uno, ese es Paco León. Fue uno de los mejores escritores de caza que hemos tenido. No solo enseñaba: hacía comprender la caza.
JIH: ¿Qué temas predominan en la biblioteca de Caza y Libros?
CP: Hoy la caza del corzo despierta un enorme interés y es lo que más se busca. Sin embargo, aunque sorprenda, los libros más demandados siguen siendo los dedicados a la perdiz con reclamo, una modalidad sobre la que han escrito algunos de los mejores autores españoles. Y, por supuesto, todo lo relacionado con la montería.
«Hoy la caza del corzo despierta un enorme interés y es lo que más se busca. Sin embargo, aunque sorprenda, los libros más demandados siguen siendo los dedicados a la perdiz con reclamo, y, por supuesto, todo lo relacionado con la montería»
JIH: ¿Qué imagen de España ofrecen los grandes libros de caza escritos por autores extranjeros?
CP: Para pioneros como Chapman o Buck, España era un país de hambre, penurias y escasas leyes (ríe).
Hoy ocurre justo lo contrario: desde hace ya dos o tres décadas, España está considerada uno de los grandes paraísos cinegéticos del mundo.
JIH: ¿Refleja la biblioteca cinegética aspectos de nuestra historia que no aparecen en los libros históricos?
CP: Sin ninguna duda. Como ya he comentado, autores como Chapman o Buck retrataron la España real de su época, y muchos otros hicieron exactamente lo mismo. La literatura cinegética también es una magnífica fuente para conocer la historia de nuestro país.
JIH: ¿Qué papel desempeñó la caza en la literatura y en la formación de la cultura española?
CP: Un papel enorme. Hasta el punto de que creo que la literatura cinegética y agraria debería estudiarse en los colegios, como sucede en Francia, Alemania o Inglaterra.
Además, nunca se había leído tanto sobre caza, fincas, gestión o vallados como en la actualidad.
«Creo que la literatura cinegética y agraria debería estudiarse en los colegios»
JIH: ¿Cómo crees que ha influido el cambio de sensibilidad social en la publicación de libros sobre caza?
CP: Ahora se ha hecho asequible para todos. Antes el libro de caza era casi exclusivo de grandes coleccionistas o personas con un alto poder adquisitivo. Hoy llega a todo el mundo. No te imaginas la cantidad de libros que enviamos a pueblos y pequeñas localidades de toda España.
JIH: ¿Qué joya bibliográfica recomendarías incluso a alguien que no sea cazador?
CP: Lo tengo clarísimo: Veinte años de caza mayor, del conde de Yebes. Con un magnífico prólogo de Ortega y Gasset, es la obra que mejor explica la ética del cazador, el respeto por la naturaleza y la emoción del rececho y la montería. Cualquier amante del mundo rural disfrutaría con su lectura.
JIH: ¿Qué sientes cuando abres un libro que lleva siglos transmitiendo conocimientos y vivencias?
CP: (Ríe). Hasta el olor te emociona. Y siempre pienso lo mismo: «¿Qué más se puede añadir?». Lo tienen todo. Hay libros que he leído diez veces y sé que volveré a leer otras diez.
JIH: ¿Existe algún ejemplar que aún persigas?
CP: Muchísimos. Hay libros que, en cuanto aparecían, iban directamente a bibliotecas como las de Juan Herrera, el marqués de Laserna o Nicolás Franco. Era prácticamente imposible adelantarse a ellos.
JIH: Si tuvieras que resumir toda una vida entre libros de caza en una sola frase, ¿cuál sería?
CP: Recechar libros de caza.
«Si tuviera que resumir una vida en entre libros de caza sería: «Recechar libros de caza»»
JIH: Después de prácticamente cinco décadas dedicado al libro cinegético, ¿qué te sigue emocionando al abrir un volumen antiguo?
CP: El mismo hormigueo que sentía hace cincuenta años (ríe).
JIH: Se dice que conoces alguna de las mejores bibliotecas privadas de libros de caza. ¿Qué tienen en común los grandes coleccionistas?
CP: Una pasión difícil de explicar. Quieren tenerlo todo. A veces ni siquiera saben qué harán después con esos libros, pero sienten la necesidad de incorporarlos a su biblioteca.
JIH: ¿Qué ejemplar consideras la mayor joya que ha pasado por tus manos?
CP: (Piensa…). Unas cédulas de Isabel la Católica sobre la ordenación de la caza.
«La mayor joya que ha pasado por mis manos son unas cédulas de Isabel la Católica sobre la ordenación de la caza»
JIH: ¿Hay algún libro que hayas buscado durante años sin encontrarlo?
CP: ¡Muchísimos! Sobre todo ediciones muy limitadas, y no necesariamente antiguas.
JIH: ¿Crees que la literatura cinegética ha sabido defender la verdadera esencia de la caza?
CP: Sin duda. Totalmente. Habrá alguna excepción, pero, en general, sí.
JIH: ¿Hasta qué punto un libro puede cambiar la forma de cazar de una persona?
CP: Muchísimo. Por ejemplo, El arte de tirar bien a la caza, de Bommier, obliga al cazador a reflexionar sobre el tiro, algo que normalmente hacemos de manera intuitiva.
«El arte de tirar bien a la caza, de Bommier, obliga al cazador a reflexionar sobre el tiro»
JIH: ¿Qué errores observas en quienes empiezan a coleccionar libros de caza?
CP: Que compran por impulso. Lo importante no es cuántos libros tengas, sino cuáles necesitas tener.
JIH: ¿Y cuáles son esos libros que «hay que tener»?
CP: Alguno sobre caza menor, de caza mayor, sobre montería, ética de la caza y, quizá, alguno dedicado a la caza de alta montaña.
JIH: ¿Internet ha facilitado la búsqueda de ejemplares?
CP: Internet es una herramienta extraordinaria: permite localizar, rastrear y, en cierto modo, «cazar» cualquier libro.
«Internet es una herramienta extraordinaria: permite localizar, rastrear y, en cierto modo, «cazar» cualquier libro»
JIH: ¿Has tenido que competir con museos, bibliotecas o grandes coleccionistas internacionales?
CP: Más bien al contrario. En muchas ocasiones he sido yo quien les ha vendido libros. Competir con ellos sería imposible.
JIH: ¿Qué libro nunca venderías?
CP: El ejemplar de Solitario que mi padre me regaló dedicado.
«Nunca vendería el ejemplar de Solitario que mi padre me regaló dedicado»
JIH: ¿Cuál crees que es el estado actual de la bibliografía cinegética española?
CP: Nunca se había escrito tanto sobre caza, y es bueno que sea así, además, contamos con ocho o diez autores de un nivel realmente alto.
JIH: Al hilo de la pregunta anterior, ¿qué autores actuales deberían ser conocidos por las nuevas generaciones de cazadores?
CP: Así a vuelapluma, Lolo De Juan, Isidro Borrego, Ángel Luis Casado Molina o el marqués de Laserna…
JIH: ¿Y de los clásicos?
CP: Antonio Covarsí, el conde de Yebes, Jaime de Foxá, Luis Berenguer, Alfonso de Urquijo, Paco León, Miguel Delibes, Mariano Aguayo…
JIH: ¿Qué te gustaría que sintiera una persona al entrar por primera vez en la biblioteca de Caza y Libros?
CP: Admiración. Simplemente eso.
«Lo que me gustaría que sintiera una persona al entrar por primera vez en la biblioteca de Caza y Libros es admiración»
JIH: Cuando dentro de cien años alguien abra uno de estos libros, ¿qué esperas que descubra?
CP: Que hubo muchas personas que dedicaron su vida a conservar este patrimonio para que las generaciones futuras pudieran seguir disfrutándolo.

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Lo dicho, ha sido un auténtico placer acompañar a Chema en el recorrido de toda una vida dedicada a la caza –y a sus libros–, tanto en el plano físico como en el espiritual.
Coloquios con José Ignacio Herce Álvarez
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