José María Pérez Castells, Chema, es un polifacético empresario cinegético, organizador de cacerías y certámenes, restaurador, bibliófilo, además, claro está, de cazador.
Con su habitual maestría, José Ignacio Herce «extrae todo el jugo» de su contertulio y nos descubre facetas inéditas de Chema.
En esta primera parte, abordará al Chema Pérez Castells cazador y organizador, de este último quehacer ya retirado a nivel profesional.

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Hablar de organizaciones de caza en nuestro país es hablar de Chema Pérez Castells (CP).
Desde aquellos comienzos en Servicios y Cacerías, junto a su hermano Nacho y Leonardo Torrego, pasando por su posterior etapa en solitario al frente de Sistemas de Caza y Producciones Cinegéticas –aunque siempre en estrecha colaboración con Servicios y Cacerías–, hasta llegar a la actualidad –ya colaborando puntualmente con su yerno Andrés Torrico, actual CEO y PH de ATP Hunts, heredera de lo que un día fue Sistemas de Caza, así como con algún buen amigo–, por las manos de Chema han pasado cientos de cazadores, nacionales y extranjeros; cientos de monterías, safaris y jornadas inolvidables.
Chema es un personaje sobradamente conocido por todos… ¿o quizá no tanto?
Con este coloquio descubriremos aspectos y vivencias que, tal vez, aún puedan sorprendernos.
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JIH: Chema, ¿cómo nació tu pasión por la caza y quién influyó más en tus comienzos?
CP: Primero fue mi padre, que nos llevaba a todos de montería con cuatro o cinco años. Estábamos continuamente de caza, porque mi padre no hizo otra cosa en su vida que «tirar tiros» (sonríe). Después vino mi hermano Nacho, cuando empezó con Servicios y Cacerías.
JIH: ¿Qué recuerdos conservas de tus primeras andanzas cinegéticas?
CP: Salir al campo con mi padre; aquello era una maravilla.

JIH: ¿Qué significa para ti la caza más allá del trofeo?
CP: Sin duda, el lance.
Modestia aparte, habrá poca gente que haya pegado más tiros o haya cazado más animales que yo. Por eso puedo afirmar que mi pasión es y será siempre el lance, en cualquier modalidad de caza.
«En la caza mi pasión es y será siempre el lance»
JIH: ¿Cómo ha evolucionado el mundo cinegético desde que empezaste hasta hoy?
CP: No tiene nada que ver antaño con hogaño.
Hemos ido a peor: por la pureza, por la propia caza y por el respeto, tanto a la caza como a los cazadores, a los amigos y a la gente que trabajaba en el campo.
JIH: ¿Cuáles son las claves para organizar una cacería de alto nivel?
CP: Primero, el cliente… y que tenga dinero (ríe). Luego, una buena organización y un muy buen servicio; con eso tendrás una cacería de calidad.
JIH: ¿Cuáles de nuestras especies despiertan más interés actualmente entre los cazadores?
CP: Para los extranjeros, sin duda, la cabra hispánica. Para el cazador medio, el jabalí y el corzo, que está de moda.
«De nuestras especies, las que despiertan mayor interés son, sin duda, la cabra hispánica para los cazadores extranjeros, y el jabalí y el corzo para el cazador medio»
JIH: En este sentido, tú fuiste el pionero –o uno de los pioneros– en traer cazadores extranjeros a España para cazar el macho montés, ¿no es así? ¿Qué te parece que hoy se paguen veinte o treinta mil euros por un macho de clase récord?
CP: Si no fui el primero, sí fui uno de los primeros en traer extranjeros a cazar machos. Venían antes alemanes que americanos.
Si se pagan esos precios, por algo será. Nosotros seguimos trayendo muchos americanos a cazar a España.

JIH: ¿Cuál ha sido el lance más emocionante que has vivido?
CP: Cuando un elefante mató a mi socio sudafricano en Botsuana. Pero, más que emocionante, fue algo terrible: una tragedia.
JIH: ¿Se está perdiendo la esencia clásica de la caza?
CP: Sí. Se están perdiendo cosas como el compañerismo, el juntarnos un grupo de amigos en un día que habíamos preparado con semanas de antelación o reunirnos al final de la cacería, dos horas después, para ver las reses… Ahora salen todos corriendo.
JIH: ¿Qué errores observas con más frecuencia en los nuevos cazadores?
CP: La falta de sensibilidad que hace falta para cazar. Todo es rapidez, técnica y falta de solidaridad. Aunque generalizar siempre es injusto.
JIH: ¿Cómo atraer a los jóvenes al mundo rural y cinegético?
CP: Facilitándoles una caza asequible.
JIH: ¿Qué valores debería tener siempre un cazador?
CP: La educación, como en la vida.
«El valor que siempre ha de tener una cazador es la educación, como en la vida»
JIH: ¿Qué legado te gustaría dejar dentro del mundo de la caza? ¿Cómo te gustaría que te recordaran dentro del mundo cinegético?
CP: Como un buen cazador, y que quede en la memoria algo de todo lo bueno que haya podido hacer en este mundo cinegético.
JIH: ¿Qué sientes cuando amanece el día de una cacería importante?
CP: Como organizador, ver los posibles problemas que puedan surgir, como, por ejemplo, que fallen cazadores, etc., ¡es terrible!
JIH: ¿La caza te ha cambiado como persona? ¿En qué sentido?
CP: En ninguno, porque en mi vida no he hecho otra cosa que cazar (sonríe).
«En mi vida no he hecho otra cosa que cazar»
JIH: ¿Qué te sigue ilusionando después de tantos años ligado al mundo cinegético?
CP: A mí las monterías, todavía me siguen encantando; pero no solo tirar, sino también echar una mano en la organización, charlar con los perreros, con los amigos…
JIH: ¿Cuál ha sido el mayor sacrificio personal que te ha exigido esta profesión y esta pasión?
CP: El matrimonio. Me pasaba meses en África, Inglaterra, Bulgaria… Al principio mi mujer me seguía, pero luego, con los niños y demás, ya no era posible.
Pero, pese a todo, aún sigo felizmente casado y recién cumplidos los 51 años de matrimonio (sonríe).
JIH: ¿Qué conversación recuerdas junto a una chimenea después de una cacería?
CP: Muchas, pero me encantaban las que mantenía con Paco Basarán; eran deliciosas.
He conversado con grandes personalidades, pero las que más me divierten son las que he tenido y tengo con la gente del campo.
JIH: ¿Qué te preocupa del futuro de la caza y qué te da esperanza?
CP: Lo que más me preocupa son las leyes y la burocracia que nos están machacando, y lo que más esperanza me da es ver la recuperación de especies como el lince, que llegué a cazar cuando estaba permitido.
«Lo que más me preocupa del futuro de la caza son las leyes y la burocracia; lo que más esperanza me da es ver la recuperación de especies como el lince»
JIH: ¿Qué significa para ti el silencio del monte?
CP: Ohhhhh… ¡Lo más bonito del mundo!
JIH: ¿Cuál de nuestras especies cinegéticas te ha impresionado especialmente por su bravura o inteligencia?
CP: Siendo un rececho muy fácil, el macho montés de antes, no el de ahora; y, por supuesto, el venado, un animal difícil de cazar, hablo en abierto, claro.
JIH: Cuando termina una montería y cae la tarde, ¿qué es lo primero que te pasa por la cabeza?
CP: Como organizador, es horripilante; como cazador, la diversión de después, que algunos aún seguimos manteniendo (sonríe).
JIH: ¿Qué tiene que transmitir una persona para ser capaz de vender una cacería antes de llegar al campo?
CP: Solamente ilusión. Y es muy difícil, porque es vender algo intangible, aunque me considero un buen vendedor de caza.
«Para vender una cacería hay que transmitir solamente ilusión. Y es muy difícil, porque es vender algo intangible»

JIH: ¿La confianza es más importante que el propio resultado cinegético?
CP: Por supuesto, pero da más confianza la finca que el propio organizador.
JIH: ¿Qué aprende uno sobre las personas después de tantos años tratando con cazadores de perfiles muy distintos?
CP: Que el género humano es impredecible… He visto de todo. He visto a íntimos amigos dejarse de hablar por la caza, discusiones fortísimas entre matrimonios… y eso es porque en la caza hay pasión.
«He visto de todo. He visto a íntimos amigos dejarse de hablar por la caza, discusiones fortísimas entre matrimonios… y eso es porque en la caza hay pasión»
JIH: ¿Cuál es el detalle que más cuidas con un cliente y que casi nadie percibe?
CP: Estar pendiente del cazador en todo momento; eso es lo que más aprecia el cliente.
JIH: ¿Qué parte de este trabajo desgasta más emocionalmente?
CP: Tener que discutir los resultados y oír las mentiras de cazador (sonríe)… es agotador.
JIH: ¿Qué diferencia a un organizador serio de alguien que simplemente comercializa puestos?
CP: La propia palabra lo dice: ser organizador.
Hoy día hay muchos vendedores de puestos que no tienen ni puñetera idea de caza.
Nosotros, con Servicios y Cacerías, llegamos a dar 45 monterías al año y teníamos un escrito con 51 puntos que seguir ya antes de la montería.
JIH: ¿Cómo se maneja la decepción cuando una cacería no sale como se esperaba?
CP: Con promesas, como invitar a otra cacería, repetirla y cosas en esa línea. Había gente que lo entendía y otra que no; y es que, aunque no muchos, sí he dado buenos «petardazos»… (sonríe).
«Una decepción cinegética desde el punto de vista del organizador se maneja con promesas, como invitar a otra cacería, repetirla…»
JIH: ¿Qué tipo de cazador disfruta más: el muy exigente o el que sabe vivir el campo?
CP: El muy exigente ni disfruta en la cacería, ni en su vida… ni en la cama (sonríe).
«El muy exigente ni disfruta en la cacería, ni en su vida… ni en la cama»
JIH: ¿Qué errores cree que están dañando actualmente el prestigio de algunas cacerías?
CP: Las redes sociales, sin duda, y algunos dueños de fincas, que son muy exigentes: quieren ganar dinero y también las reses; y, claro, si luego las vendes, es difícil…
JIH: ¿Se ha perdido parte de la verdad de la caza con la excesiva comercialización?
CP: Sin duda, está todo comercializado. Yo ya he vuelto a las cacerías de amigos.
JIH: ¿Cuál ha sido la decisión más difícil que has tenido que tomar como organizador?
CP: Tampoco muchas, pero sobre todo despedir a guardas con los que llevas mucho tiempo porque los has pillado en algo y cosas así.
JIH: ¿Qué te sigue quitando el sueño la noche antes de una gran montería?
CP: Para mí, la cacería empieza dos días antes, siempre con mis listas, como decía antes. Por ejemplo, después de 400 o 500 safaris, aún me siguen volviendo loco…
JIH: ¿Cuántas veces has tenido que aparentar tranquilidad cuando por dentro estabas preocupado?
CP: Mil (sonríe), siempre estás preocupado.
JIH: ¿Alguna vez has pensado en dejar este mundillo?
CP: Nunca, la caza es mi vida. Aunque como empresario ya lo he dejado casi todo, aún sigo funcionando con amigos.
JIH: ¿Qué cicatrices personales deja una vida dedicada a la caza y a organizar ilusiones ajenas?
CP: Muchísimas, sobre todo decepciones y pérdidas de amigos que han sido parte de tu vida.
«Organizar ilusiones ajenas deja muchísimas cicatrices, sobre todo decepciones y pérdidas de amigos que han sido parte de tu vida»
JIH: ¿Qué momento íntimo del campo guardas solo para ti y nunca cuentas?
CP: Llorar en el campo de ilusión por ese lance perfecto que Dios te ha concedido.
JIH: ¿Qué te emociona hoy que quizá antes pasaba desapercibido?
CP: La gente que viene conmigo de caza e, insisto, el lance.
JIH: ¿Cuál ha sido la mayor decepción humana que has vivido en este mundo?
CP: Muchas: gente íntima que no te paga, amigos que te abandonan…
JIH: ¿Y la mayor lealtad?
CP: Esos amigos que no te abandonan pese a todo.
JIH: ¿Qué parte de Chema Pérez Castells no conoce casi nadie?
CP: Soy muy sensiblero; fíjate que aún lloro viendo al Cristo de la Buena Muerte.
«Soy muy sensiblero; fíjate que aún lloro viendo al Cristo de la Buena Muerte»
JIH: ¿Cuándo fue la última vez que una montería te hizo emocionarte de verdad?
CP: Siempre voy de montería con mi hermano Nacho, y verle cazar con 84 años me emociona.
JIH: Si mañana no pudieras volver al campo, ¿qué crees que echarías más de menos?
CP: Todo, me moriría. El campo es mi vida.

JIH: ¿Recuerdas la primera vez que pisaste África para cazar? ¿Qué sentiste?
CP: Sería sobre el año 70, en Sudán, y sentí que la naturaleza allí es otro mundo.
JIH: ¿África cambia al cazador o cambia a la persona?
CP: Cambia ambas cosas. Es otro mundo y las cosas son más sacrificadas que aquí.
JIH: ¿Qué tiene el continente africano que engancha de una forma tan profunda?
CP: Se siente muchísimo más la naturaleza; es una caza más pura, más viva.
JIH: ¿Se caza diferente cuando uno está tan lejos de casa?
CP: Por supuesto. Tienes la pasión más acentuada, estás más pendiente de todo porque todo es diferente; además, allí te estás jugando la vida.
JIH: ¿Qué te enseñó África sobre la vida y sobre ti mismo?
CP: Que el ser humano puede resistir mucho más de lo que pensamos. Cuando crees que ya no puedes seguir… sigues.
«África me ha enseñado que el ser humano puede resistir mucho más de lo que pensamos. Cuando crees que ya no puedes seguir… sigues»
JIH: ¿Cuál ha sido el amanecer africano que jamás olvidarás?
CP: Cuando has estado de espera a un león o a un leopardo sabiendo que está ahí; ese es el amanecer africano.

JIH: ¿Has sentido miedo?
CP: Muchísimas veces.
JIH: ¿En África has vivido momentos más intensos que en cualquier montería española?
CP: Nunca. La montería es para mí el summum de la caza; lo reúne todo.
JIH: ¿Qué animal africano te ha impresionado más humanamente, no solo cinegéticamente?
CP: El elefante. Parece humano, tiene una sensibilidad que no tiene ningún otro animal. Tanto que hasta me da pena cazarlo.
«El elefante parece humano, tiene una sensibilidad que no tiene ningún otro animal. Tanto que hasta me da pena cazarlo»
JIH: ¿Alguna vez África te hizo sentirte pequeño?
CP: Siempre, cada vez que llego allí. Todo es inmensidad.
JIH: ¿Qué silencio recuerdas más: el de una dehesa española o el de la sabana africana?
CP: En la sabana africana estás oyendo todo tipo de sonidos hasta que se oye el rugido del león y todo entra en un silencio total…
JIH: ¿Qué te aporta personalmente organizar o vivir cacerías en África?
CP: Cuando estás organizando no cazas, estás pendiente del cliente… Eso no es cazar, es una pu… para mí (sonríe).
JIH: ¿Cuál ha sido el momento más duro o más tenso vivido allí?
CP: Ya te lo dije: la muerte de mi socio sudafricano. Lo sostuve durante dos horas entre mis brazos, hasta que finalmente nos dejó tras el ataque de un elefante. Fue durísimo.
«El momento más duro que vivido en África –y en general– fue la muerte de mi socio sudafricano. Lo sostuve durante dos horas entre mis brazos, hasta que finalmente nos dejó tras el ataque de un elefante. Fue durísimo»
JIH: ¿África crea adicción emocional para un cazador?
CP: Sin duda. Te aseguro que lo de la llamada de África es totalmente cierto.
«Te aseguro que lo de la llamada de África es totalmente cierto»
JIH: Cuando regresas de África, ¿qué sensación tienes?
CP: La de querer volver. Eso es África.
JIH: Y, para terminar, cuéntanos algo sobre ese proyecto que tenemos en común: el Club Gastronómico Caza y Casta, a celebrar en tu nuevo local, Doña Carmela…
CP: Pues creo que es la mejor idea que has tenido en tu puñetera vida (ríe).
Aquí unimos dos de las cosas más importantes para no pocos españoles: la caza y los toros, junto con la gastronomía, cómo no, el vino y, sobre todo, la amistad.

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Toda una experiencia conversar con Chema, alguien que, como él mismo dice, vive por y para la caza.
Chema es un personaje controvertido, pero nadie puede negarle haberse convertido, para bien y para mal, en un referente dentro del mundo cinegético de nuestro país.
Coloquios con José Ignacio Herce Álvarez
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