
De los toros vengo. Con la alegría de ver una plaza rebosante de aficionados y la impresión de que la media de edad sigue bajando. Emocionante tarde, que invita a mirar a la Fiesta con optimismo.
En contraste, regreso al campo, solo. Allí vivo tres días a la semana, acompañado de una soledad no buscada, pero antigua, inseparable de mis recechos castellanos. Una soledad que me trae a la memoria el documental Tardes de soledad, con Roca Rey¹ como protagonista, aunque salvando todas las distancias, que aquí no se juega uno la vida. Es, más bien, el contraste entre dos mundos que siento próximos, casi hermanos, aunque algunos se empeñen en separarlos. Comparten más de lo que parece: el respeto por el animal, una forma de entender la vida y cierta raíz común.
Camino sin prisa, dándole vueltas al sentido de la caza
A esa hora en que la tarde alarga las sombras, camino sin prisa, dándole vueltas al sentido de la caza. Con las botas cubiertas de polvo en el mes primaveral por excelencia, abril, que debería ser de las aguas mil, pero este año las niega. El campo lo acusa: las siembras amarillean y apenas levantan un palmo del suelo. Prometían hace unos meses; hoy dudan. Si no cambia el tiempo pronto, el final será pobre. Paradojas de un tiempo que ha perdido la cordura.
El diestro Morante ha sufrido una seria cogida… Los del Pacma le preguntan al maestro si duele…
Mientras tanto, en la plaza, el diestro Morante ha sufrido una seria cogida. Y fuera de ella, los del Pacma le preguntan al maestro si duele… ¡Duele, claro que duele! Como duele la ignorancia y la falta de comprensión hacia todo lo que representan estas tradiciones. No solo es una cuestión de toros o de caza, sino de algo más hondo: cultura, identidad, entender el lugar que ocupamos. Sin olvidar que el principal problema no es hoy, sino su porvenir, debido al bajo índice de natalidad que padecemos. Pero qué le vamos a explicar a quienes parecen existir, únicamente, para darnos por donde Morante ha recibido la cornada.
El rey padre, Juan Carlos I, desde Francia nos hace un quite por gaoneras; él, que ya está de vuelta de todo, vuelve a defender la caza y los toros frente a quienes pretenden su prohibición. ¡Majestad, le echamos de menos!
En el campo empecé hace ya más de cincuenta años a andar caminos, tratando de entender su pulso y mi sitio en él
En el campo, emulando a los que nos precedieron, empecé hace ya más de cincuenta años a andar caminos, tratando de entender su pulso y mi sitio en él. Uno es poco más que eso, una presencia mínima en un equilibrio mucho mayor. Pero también sabe que, sin la suma de muchos, sin quienes aún creen y sostienen estas formas de vida, todo eso puede desaparecer en silencio
¹Cogido de gravedad en Sevilla mientras este artículo veía la luz.
Entre albero y romero; por Ángel Luis Casado Molina
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