
«Cazar es hacer amigos, hoy, mañana y siempre. Y no de pico ni de postureo».
Este país está lleno de figuras. Entre la curva de Angrois y la recta de Adamuz, esta España nuestra parece descarrilar sin remedio. Porque, fatalidades aparte, habría que cuestionarse de una vez por qué pagamos a un ministro tuitero, faltón y provocador, en vez de a un ingeniero, para gestionar y dirigir un ministerio. El mismo que hace dos meses hablaba de que nuestros trenes iban a volar a 350 km/h… ¡Más despacio, pisha, que diría un gaditano!
¿Y qué hace el tal Koldo como consejero en una de las empresas del grupo Renfe? ¿Tan corta es la distancia entre la puerta de la discoteca que custodiaba y el despacho de tan insigne personaje? Destino, por cierto, compartido con otros apellidos bien conocidos del ramo.
Don Fulano de Tal no queda satisfecho con la postura si no gastó una caja de balas
En general, este elemento, don Fulano de Tal, conocido de todos, amigo de alguno y con tanta «clase» como cara dura –que la tiene de hormigón armado–, también campea por el mundo de la caza. Se mueve como pez en el agua, aunque dando el mismo cante vestido de verde que quienes se colocan el chaleco amarillo cuando visitan zonas cero. Espero que no engañen a demasiados.
Don Fulano de Tal, con varios safaris a sus espaldas y trofeos de medalla de oro por doquier, no queda satisfecho con la postura si no gastó una caja de balas. Sale del monte impoluto, como llegó, porque una cosa es ir a cazar y otra muy distinta caminar, sudar, cargar con los apechusques y tener que rematar un jabalí a los perros. Las mañaneras migas, para el pastor; las vespertinas judías, ¡para su padre!
Don Fulano de Tal te saluda como quien te ofrece una breva madura en lugar de la mano, mientras sus ojos se pierden en la cuneta. ¿Dónde quedó aquel apretón de manos que era todo un contrato firmado en la notaría de la buena fe y la palabra dada? Palabra de «hombre», que decían antes, y añado, de mujer, también.
La corbata no da ni quita educación
Porque la caza puede que discurra en el anonimato de los vecinos de puesto, aunque luego resulte que te conozca hasta el Tato. «¡Pero si este es el que las va armando en Sevilla lo mismo que en Toledo!». Y mire usted por dónde, siempre hay algún rehalero que no olvida cómo le remataste el cochino a sus perros, a balazo limpio, cuando lo tenían cogido de los mismos…, sálvese la parte.
Permítame –y perdóneme el tuteo–, pero creo que le voy a quitar el don y te vas a quedar, desde ahora, en Fulano de Tal. Retratado. Como todo el mundo ha de conocerte. Porque la corbata no da ni quita educación, del mismo modo que la boina no la resta. Es el comportamiento noble, correcto y educado el que se gana el respeto.
No hay peor ni mejor embajador que nosotros mismos y nuestro ejemplo
El otro día cazó con la cuadrilla un señor de Valladolid que perdió la cartera entrando o saliendo del monte. La persona por la que hasta allí llegó lo hizo saber en el grupo, y faltó tiempo para que tres o cuatro compañeros se ofrecieran a ayudar a buscarla, desinteresadamente, aclaro. Gente así merece la pena, ¿no creen?
La caza, que a veces es fuente de egoísmos y envidias, tiene también el extremo opuesto. Ese del que debe presumir y hacer gala y que debería asumir todo aquel que participe en ella.
No hay peor ni mejor embajador que nosotros mismos y nuestro ejemplo. No debemos olvidarlo. Ni yendo a cazar ni tomando café en el primer bar del viaje. Ni antes ni durante ni después. Ni cuando hagamos cola para entrar en un recinto ferial.
Cazar es hacer amigos, hoy, mañana y siempre
Cazar es hacer amigos, hoy, mañana y siempre. Y no de pico ni de postureo: llevando el arma al mayor al que le va costando, respetando la res del vecino, tirando de la pata de la que no has abatido y dejando a un lado la soberbia, la finca y el dinero, si es que se tienen.
De perdonavidas, listos y sinvergüenzas anda el Congreso sobrado.
A ver si, con un poco de cada uno, nos salimos del mapa.
No estaría de más, dados los tiempos que corren.
Don Fulano de Tal; por Ángel Luis Casado Molina
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