
Avisados estábamos de la entrada de un frente frío por el norte, pero cuando las ganas de salir a cazar se desbordan, la sensatez parece encogerse. Vino el tiempo con temperaturas por debajo de lo normal para las fechas en las que nos encontrábamos, a un par de semanas de echarle el cierre al mes de noviembre.
¡Pero, quién dijo miedo!
A alguno, que habita donde campan los rebecos (en la linde de Piedrasluengas), le costó quedarse en casa por no poder llegar con el auto hasta el enlace con la carretera. Una decena de metros más allá, pero quitar 40 centímetros de nieve a paladas…, parece demasiado hasta para alguien de La Pernía.
En el corazón de la Reserva Regional de Caza de Fuentes Carrionas
El caso fue que el sábado visitamos el corazón de la Reserva Regional de Caza de Fuentes Carrionas, en el Cuartel de Triollo, apreciado por sus venados, rebecos, lobos… y no tanto por la abundancia de jabalíes, que era a lo que íbamos. Y así quedó confirmado con la primera mano, que tras cerrar y registrar la mancha, los perros no dieron muestra de que por allí anduviera suido alguno.
Sin demora, cambiamos el tercio y hasta el Alto de la Varga nos dirigimos la mayoría de «escopetas», cerrando otros la huida por el pantano. Tras perimetrarla de nuevo y entrar los monteros con los canes, traílla en mano, estos no tardaron en dar con rastros de jabalí. Había ganas de fiesta. De vivir emociones. De que cebaran…

Los jabalíes buscaron los altos apretados
Y muy poco tardaron en soltar las traíllas, lanzándose raudos sobre los encames, levantando en un abrir y cerrar de ojos. Se movieron los jabalíes que buscaron los altos apretados, entre brezos y escobas, por donde mejor podían dar esquinazo a los incansables sabuesos, grifones, anglos y demás razas que componen la fuerza de perros que, de manera admirable, gestionan los monteros, derrochando esfuerzo con generosidad incomparable.
–¡Atentos los del cortadero, que es grande y para allá va!
Breve, aunque eterno se hizo el silencio en la emisora, siendo el latido de los canes lo que marcaba la dirección del inminente lance.

El «jabalinón» que alcanzaba el escape de la mancha quedó entre las escobas
Dos tiros sonaron y el «jabalinón» que alcanzaba el escape de la mancha quedó entre las escobas. Un buen ejemplar de hembra. ¡Ya podían cebar los perros! Morder el trofeo por el que sus dueños se dejan el alma bregando en el monte. Mordiendo, alimentan el instinto cazador que confirma su buena sangre, su carácter, su talla. Momento culmen para los sueños de unos y otros (de escopetas y monteros), de la cuadrilla, en suma.
Se echaba el tiempo encima, pero del monte seguían saliendo jabalíes. Alguno, que salió fuera de la mano, volvió a entrar en ella tras una larga excursión obligado por la incansable persecución de los perros. Ejemplo de perseverancia lo son los de rastro. Pasó el cochino por un par de puestos y finalmente entregó la cuchara. Premiando a los canes con su muerte, que victoriosos con ahínco mordieron, en el collao que pasa a Los Rullos, y que tanto trasiegan los lobos.
El frío seguía y el viento se apuntó a mediodía, haciendo de menos los escasos grados que osaban superar el cero en el termómetro. Con menos siete a las ocho de la mañana, la cosa anduvo por seis positivos, aunque la sensación, como digo, era menor. La niebla jugaba a esconderle la quebrada cresta al Curavacas, santo y seña de estas magníficas montañas que, desde una privilegiada postura, pude contemplar.
Recibí la visita del oso en la postura. El segundo en tres años cazando en batida
Y con el reloj marcando poco más de las tres, de nuevo, aunque por la espalda, recibí la visita del oso en la postura. El segundo en tres años cazando en batida. No está mal. Un crujido de ramas me alertó de que algo andaba por entre una línea de cuatro pinos que coronan el alto donde me encontraba. De la otra vertiente de la montaña venía, aunque no terminó de cruzar el cortadero. Me debió de oler o quizás ver. El caso es que tomó la imaginaria frontera que marca la arista y separa el cuartel de nuestra mancha vertiendo aguas a un lado u otro, corriendo, sin entrar en la mano, por entre limpios troncos del contiguo pinar, recortando su figura contra el azul del cielo mientras huía. Me regaló una escena única, que ni en los mejores sueños, llegas a imaginar. Unos metros nada más, pero inolvidable, salvo que la memoria lo impida.
Cuando terminó la batida me fui a registrar los rastros y lo primero que hallé fue el frenazo que dio cuando se percató de mí presencia. Desde ahí las huellas sobre la nieve, que ese día helaba el ambiente y llegó a complicarnos el acceso a las posturas.

La montaña y la caza salvaje es lo que tienen. Si echas números, no salen
A la batida sólo le quedaba una hora más de brega. Son las normas. Desde de las nueve y media, que estábamos prácticamente colocados, hasta las cuatro de la tarde, que asomaban ya en el reloj…, dos jabalíes cobramos, tras casi siete horas de caza. Y es que la montaña y la caza salvaje es lo que tienen. Si echas números, no salen. Si cuentas lo que supone cazar en estas lides, te sobran alicientes. Desde inigualables paisajes hasta llegar a recibir la visita del oso pardo en el puesto. No exento de riesgos, aclaro. Pasando por el enorme esfuerzo físico de monteros y perros, como ya he dicho, sin olvidar a las escopetas que, con mérito también, aguantan, aguantamos, los avatares de tan largas jornadas, a veces, interminables.
Los convenios del personal de la guardería imponen un horario del que no entienden ni atienden los animales. Tuvimos que enfundar las armas a pesar de que había perros en el monte tras los jabalíes. La mancha estaba, entre unas cosas y otras, para que se nos hubiera hecho allí de noche…, como les sucedió a varios compañeros buscando perros allende las montañas, un día más.
Fue tan solo una de tantas, pero no una cualquiera.
Una de tantas, pero no una cualquiera; texto y fotografías: Ángel Luis Casado Molina
www.librosdecaza.es / info@librosdecaza.es

Vídeo de PABLO GARCÍA que refleja la autenticidad y dureza de la caza del jabalí a traílla
Cinco jabalíes se salen de la zona de batida en la RRC de Fuentes Carrionas, no se los pudo disparar porque ya se había pasado el horario marcado para la batida (hasta las 16:00 h).




