
Telares de una montería

Texto y fotografías: Ángel Luis Casado Molina / XXX Premio Literario «Jaime de Foxá» / www.librosdecaza.es
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La agenda, de par en par; el bolígrafo, cortando la página del Pilar (reminiscencia de la niñez). Hay que ir fijando fechas en el calendario. La temporada empieza como el regreso a un lugar del que, en realidad, nunca nos fuimos del todo. A volver a sentir el monte tras la veda y respirar de nuevo su aroma.

No todo lo que ocurre en el monte termina en un disparo
Buscamos el camino para dar rienda suelta a esta afición. Buscamos emoción y revivir experiencias. A los amigos y la soledad del puesto. Escuchar el tintineo de la campanilla del puntero y el jaijai de su dicha tras la res que persigue. El rodar de piedras y el monte que troncha el venado en su huida. Las cogollas que menea el jabalí cuando se escurre de la mancha.
Y la sierra se viene abajo.
Ladras y carreras. La voz incansable del perrero alentando a sus canes, prólogo del eco de los disparos que han de llegar.
Luego, el silencio.
Y remata, larga y profunda, la caracola. Llama el rehalero, toca a recogida. Toca a fin.

Preludio de las bestias que llegan para sacar lo cazado del monte.
Y en la junta se recrea de nuevo el lance. Se contemplan las reses y se inmortalizan cámara en ristre, porque nos habrán de acompañar el resto del viaje.
Un viaje que conviene hacer sin prisa. Hay cosas que necesitan tiempo para aprenderse. Tiempo para observar, para escuchar, para equivocarse. Tiempo, incluso, para entender que no todo lo que ocurre en el monte termina en un disparo.

«La inmediatez de hoy día no es el compás del alma»
Hay a quien le apremia más exhibir el trofeo logrado por su vástago que intentar que comprenda el verdadero significado de la caza. Antes que enseñarles a disparar, quizás les deberíamos mostrar todo lo que hay detrás de ella.
Porque «La inmediatez de hoy día no es el compás del alma».
Apuntaría que tampoco del alma de la montería.
Tal vez haya que dejar que las cosas sucedan a su momento. Que primero aprendan a mirar, a escuchar, a caminar el monte. A distinguir sus sonidos y sus rastros. A conocer el trabajo de los perros y el de quienes los conducen. A saber que también se caza cuando no se dispara.

Telares
Y es en ese aprendizaje donde aparecen nuestros telares por León, Palencia, Zamora… Archiperres, bártulos, herramienta, trastos, apechusques… porque así llamamos a todo lo que llevamos de caza, con independencia de cualquier otro significado que puedan tener.
El arma. Las botas. La canana. El morral. El catrecillo. El cayado. La horquilla. El trípode. Hoy, al menos. Mañana, quién sabe. Dios dirá.
Telares que, sin duda, forman parte de la caza. Como forman parte de ella el camino, la espera, el frío, el perro, el amigo, el silencio y el recuerdo.
Porque, al final, quizá el verdadero trofeo no sea el que enviamos al taxidermista, sino todo aquello que permanece cuando termina la montería y que seguimos saboreando con el paso del tiempo.
Telares que envejecen con nosotros y dicen mucho sobre quienes somos.
¡Feliz temporada!

«Hay cosas que necesitan tiempo para aprenderse. Tiempo para observar, para escuchar, para equivocarse. Tiempo, incluso, para entender que no todo lo que ocurre en el monte termina en un disparo»
Ángel Luis Casado Molina ha publicado los títulos: Más allá de la caza (2012), De caza por las Cuatro Estaciones (2014), Con la caza a cuestas (2017), Naturalmente, la caza (2022), Hablando de corzos (2024) y Cuentos de Caza (2026)




