
La llamada de la berrea

Por Ángel Luis Casado Molina / XXX Premio Literario «Jaime de Foxá» / www.librosdecaza.es
Fotografías: Rubén Báez Agudo
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El viento rumorea la canción de septiembre en tono menor, anticipando un otoño al que le va a costar presentar credenciales, a juzgar por las temperaturas de las últimas semanas. Y, aunque no leamos sus notas, el mensaje es inconfundible: la brama del venado, que debería ser el prólogo de las primeras lluvias, si el tiempo se ajustara al calendario. Mientras llegan, resuena el entrechocar de las cuernas por entre nubes de polvo y las aún pegajosas jaras.
La naturaleza respira. Está viva.
Por sierras, dehesas y montañas se oye la melodía, que altera rutinas en el campo. Las de sus protagonistas y las del resto de convivientes, entre los que nos encontramos muchos.
En sus primeros compases, la berrea, al amparo de ocasos y amaneceres, se hace fuerte bajo la oscuridad de la noche, con la complicidad de la luna y sin ella. Pero, con el transcurrir de las jornadas, si la climatología acompaña, también se dejará sentir durante el día, hasta que el calor les empuje a buscar la sombra, lugar de silencio y descanso.

El venado arriesga
El venado arriesga el pellejo, apagando esos recelos que le dieron años, que le alargaron la vida. Bajará la guardia por un harén y hasta por una hembra, descuidando sus habituales cautelas y hasta la necesidad de alimentarse. Lanzará, acaso, un quejido, una llamada, un aviso a quienes osen merodear a la receptiva cierva. Y, si hay que imponer la ley del más fuerte y los escarceos disuasorios no bastaran, peleará con nobleza contra aquel que acepte el desafío, previo e inevitable tanteo de fuerzas. Aquí, a diferencia del corzo, la renuncia del rival pondrá fin a la contienda.
Pasan los días y la melodía adquiere un tono mayor, sobre todo si se les cala un poco el lomo. Sus aletargados instintos han despertado con el celo y la pasión anda ya desatada, alcanzando la brama su punto álgido, por cumbres y valles…
Amoríos que son nuestros desvelos. Intensos, como los del propietario del acotado, sin tregua por la lacra del furtivo, ladrón de lo ajeno que altera la gestión, la economía… Delincuencia que deja su huella donde debería imperar el respeto por la naturaleza.

La llamada de la berrea
Llega la berrea y brotan con aires de nostalgia los recuerdos, las ya vividas. Otro año más de espera, recogido en jornadas completas, en horas o en un instante, que cierra el certero disparo del montero. Inolvidable, si estuvo acompañado de esfuerzo, paciencia y una buena elección; como tantas otras que solo se alcanzan con estos mismos mimbres.
Colgará de la pared y permanecerá en la memoria, mientras esta nos acompañe. Porque la berrea trasciende su caza. Nos hace sentir la naturaleza en lo más hondo, sin aditivos, con toda la fuerza de lo salvaje. Y, como a los venados, nos enciende y atrapa.
Es… ¡la llamada de la berrea!

«La berrea trasciende su caza. Nos hace sentir la naturaleza en lo más hondo, sin aditivos, con toda la fuerza de lo salvaje. Y, como a los venados, nos enciende y atrapa»
Ángel Luis Casado Molina ha publicado los títulos: Más allá de la caza (2012), De caza por las Cuatro Estaciones (2014), Con la caza a cuestas (2017), Naturalmente, la caza (2022), Hablando de corzos (2024) y Cuentos de Caza (2026)





