
BATIENDO MONTE
Sin perros no hay montería. ¡Basta de hipocresía!

Texto, fotografías y vídeos: Perico Castejón / @pericocastejon
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«Sin perros no hay montería». A todos se les llena la boca repitiéndolo. Es el eslogan de moda. Pero cuando llega el momento de demostrarlo con hechos, en beneficio de los perros y de la propia montería, muchos no hacen absolutamente nada. Palabras y más palabras. ¡Pura retórica vacía!
¿Qué se está haciendo estos días de calor extremo por los perros? En demasiadas monterías, absolutamente nada.
Se sigue soltando a las doce, con el sol abrasando. No se pone agua en las manchas. No se acortan los recorridos de las rehalas. Se exige a los perros un esfuerzo brutal en unas condiciones insoportables.
Los perros rinden la primera media hora. Después, agotados por el calor, apenas pueden continuar. Y los que siguen esforzándose se juegan la vida. El golpe de calor los mata.
¿Es tan difícil?
¿Tan difícil es entenderlo?
¿Tan difícil es citar temprano y soltar a las nueve y media o máximo a las diez?
¿Y tan difícil es acortar los recorridos para que las rehalas no estén batiendo más de dos horas?
¿Que hay que meter más rehalas? ¡Pues se meten! Supone un coste adicional, sí. El bienestar de los perros no puede ser la partida en la que se ahorra.
¿Tan difícil es distribuir puntos de agua por las manchas?
Haciéndolo, el organizador está favoreciendo el resultado de la montería. Aunque solo sea por puro egoísmo debería poner agua!
He hablado con numerosos monteros. Todos entienden que se les cite temprano y desayunados. ¡Por supuesto que lo entienden! Es por el bien de los perros y también por el suyo. Unos perros que no estén destrozados por el calor cazarán más y mejor.
Lo bien hecho y lo mal hecho
Lo que está sucediendo estos días en algunas monterías es demoledor. Otras, en cambio, deberían servir de ejemplo.
El viernes hacía calor. Juanjito y su amigo Gaceta acortaron el recorrido de las rehalas. Metieron perros para ello y nos dirigían cazando muy, muy despacio. Parando. Los perros descansaban y, al llegar al tope, todos al sopié, donde había una enorme charca. Los perros bebieron y a los camiones. ¡Así se hacen las cosas! ¡Qué sentido tenía volver monteando!
El sábado citaron a los monteros a las ocho y media. Todos pensamos que era para soltar temprano. ¡Pues no! Se perdió el tiempo, no sé en qué, y se soltó cuando el calor ya era insoportable. El monte proyectaba fuego. Salvo una pequeña charca en el recorrido de una rehala, no había agua. El resultado, un auténtico desastre para los perros.
José Higuero demuestra que se puede hacer de otra manera. Suelta a las nueve y media y a las doce están los perros en los camiones. Los perros trabajan mejor y sus monterías salen bien. ¡No es casualidad!
Me cuentan que el sábado, en otra finca en Argamasilla de Calatrava, había más garrafas de agua repartidas por el monte que piedras. ¡Eso es preocuparse por los perros!
No estamos hablando de imposibles. Estamos hablando de voluntad, organización, responsabilidad y respeto hacia los perros y sus propietarios
Por tanto, no estamos hablando de imposibles. Estamos hablando de voluntad, organización, responsabilidad y respeto hacia los perros y sus propietarios.
Y de algo todavía más importante: de coherencia.
Porque no se puede proclamar solemnemente que sin perros no hay montería y después no hacer nada por ellos.
No se puede presumir de defender la montería mientras se consiente que sus protagonistas más sacrificados sufran hasta la extenuación.
No se puede exigir a los rehaleros que cuidemos de nuestros perros los 365 días del año, esforzándonos por mantenerlos en las mejores condiciones posibles, para después, el día de la montería, ignorar las condiciones en las que se les obliga a trabajar. Es una contradicción inadmisible y una irresponsabilidad que los perros acaban pagando.
«Sin perros no hay montería»: que nadie vuelva a utilizar esta frase para quedar bien
¡BASTA YA DE PALABRAS!
SOLTAD TEMPRANO.
ACORTAD LOS RECORRIDOS Y ASUMID EL COSTE DE LAS REHALAS QUE SEAN NECESARIAS.
PONED AGUA EN LAS MANCHAS.
«SIN PERROS NO HAY MONTERÍA».
Que nadie vuelva a utilizar esta frase para quedar bien si después no está dispuesto a actuar en consecuencia.
Porque defender a los perros no consiste en pronunciar discursos. Consiste en tomar decisiones, asumir costes y evitarles sufrimientos.
Lo demás es hipocresía. Y la hipocresía, cuando está en juego la vida de los perros, siempre es intolerable.
«’SIN PERROS NO HAY MONTERÍA’. A todos se les llena la boca repitiéndolo. Es el eslogan de moda. Pero cuando llega el momento de demostrarlo con hechos, en beneficio de los perros y de la propia montería, muchos no hacen absolutamente nada. Palabras y más palabras. ¡Pura retórica vacía!»




