
CON LA CAZA A CUESTAS
La caza también es el camino

Texto y fotografías: Ángel Luis Casado Molina / XXX Premio Literario «Jaime de Foxá» / www.librosdecaza.es
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Ha comenzado la temporada y, con ella, la maleta deja de tener excusas para seguir arrinconada en el altillo del armario, recuperando su oficio.
Con el monte por horizonte, ponemos rumbo a esos lugares que nos arrancan de lo cotidiano. En busca de la terapia, del tratamiento para ese mal que nos afecta y que no tiene cura ni remedio que lo ampare. ¡Y ni falta que hace, oiga!
Viaje a la naturaleza. Viaje al reencuentro con los amigos. Un viaje cargado de dudas, escaso de certezas, al menos en cuanto a resultados. Viaje de experiencias que ir guardando en el morral…
Vamos, regresamos y, entre medias, la vida, que se disfruta o simplemente se consume. Que cada cual subraye donde mejor encaje.

Lugares donde tras el estío solo florece soledad
En otoño e invierno, los pequeños pueblos despiertan de la melancolía por un verano ya superado. Pueblos y aldeas recordados por quienes, aunque solo sea durante un fin de semana, paran en ellos, los habitan y graban en su memoria.
Lugares donde tras el estío solo florece soledad, nuestra llegada contribuye durante unos meses a que recuperen el pulso. La caza los sitúa en el mapa, porque su alcance es mayor de lo que algunos, desde fuera, quieren ver.
Armerías, hoteles, casas rurales, empresas de catering, rehalas, secretarios, arrieros, taxidermistas… Un carrusel de oficios y personas que da vida a la temporada y hace posible que cazadores del otro lado de nuestras fronteras compartan jornadas con lugareños y aficionados llegados de cualquier rincón del país. Una mezcla de procedencias, costumbres y maneras de entender el campo que propicia una convivencia que conviene cuidar, porque en muchos lugares apenas quedan ocasiones para el encuentro.
La caza es vida. Conviene transmitirlo
Basta con observar cómo una parte del país comienza a removerse cuando termina eso que venimos llamando «el buen tiempo». La actividad cinegética vuelve a poner coches en las carreteras, conversaciones en los bares y movimiento en casas rurales y establecimientos, donde durante buena parte del año se vive a otro ritmo.
Por eso la caza es vida. Conviene transmitirlo. No solo para quienes ya lo saben, sino para quienes todavía no han reparado en todo lo que hay alrededor de una jornada de caza.
De las experiencias que vamos guardando en el morral, pocas serán tan inolvidables como la de los niños que comienzan a cazar, a conocer el campo y a asumir la responsabilidad que implica ser cazador.

La vida es el mejor de los viajes y la caza, uno de sus caminos
Sentirse parte de la naturaleza ayuda a conocerse mejor. Tomar decisiones sobre los animales exige conocimiento, responsabilidad y madurez.
Y mejor si va de la mano de un buen tutor que, como la sombra del quejigo, permanezca y acompañe ese crecimiento, convirtiendo la experiencia en un vínculo para toda la vida.
Porque la vida es el mejor de los viajes y la caza, uno de sus caminos. Quizá no sea el mejor, pero tampoco el peor. Y mucho menos, uno cualquiera.
«La caza es vida. Conviene transmitirlo. No solo para quienes ya lo saben, sino para quienes todavía no han reparado en todo lo que hay alrededor de una jornada de caza»




