Con la caza a cuestas Con la caza a cuestas Montería

A lo que hay que estar; por Ángel Luis Casado

Por Ángel montería
Lo que no se ha de hacer en un puesto de montería.

CON LA CAZA A CUESTAS

A lo que hay que estar

Texto y fotografías: Ángel Luis Casado Molina / XXX Premio Literario «Jaime de Foxá» / www.librosdecaza.es

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Al manual de las buenas maneras en la montería no le debiera faltar un capítulo dedicado a lo que no se ha de hacer en el puesto.

Porque, aunque no lo crean, hay aficionados a la caza que pasan por ella como el que pasea por el Retiro una tarde de domingo.

Así que tengan cuidado con cómo se comportan, que los pupilos aprenden rápido y no siempre es para bien. Y si no van acompañados, cuando quieran acordar, el ansiado lance por el que tanto exponen se habrá esfumado en menos de lo que canta un gallo.

Algunos ejemplos de lo que no se ha de hacer en un puesto de montería

Aquí van algunos ejemplos. Cosas que se deben evitar durante una cacería o que conviene mejorar, si lo prefieren. Y, aunque parezcan de broma, son tan reales que cualquiera de ustedes puede dar fe de ello:

Con las manos en los bolsillos y el rifle bien apoyado al pie de un roble.

Sujetar el paraguas con las dos manos en un cortadero y… ¿el arma?

Buscando leña seca que arrimar a la lumbre.

Con el pájaro fuera, porque la vejiga también nos aprieta; y, si son aguas mayores, con los pantalones bajados si la cosa venía de nalgas.

Las manos en el bocadillo, porque a algunos, tres horas en el puesto y hartos de migas, la mañana se les hace larga.

Con el móvil en la oreja, poniéndote al día con el compadre que está dos puertas más allá. El mismo que llegó contigo y que tendrás que recoger en tres horas.

Y otros: hay que ver lo triste que está la mancha… y ¡aún no han soltado ni los perros!

Por Ángel montería

«¡Papa, papa, el venao, el venao!»

Recuerdo que, siendo niño, el padre de un compañero de clase tenía una armería en el centro de Puertollano. Allí, frente al escaparate, lucía una preciosa cabeza de venado con catorce puntas, que para aquellos años, sin tantas reses como ahora en el monte, era la envidia de muchos (pónganme a mí el primero). No olvidaré cómo me contó mi amigo que su padre se había hecho con él. Debíamos andar por los once o doce años. Decía que, al poco de llegar al puesto, tras cargar el arma y encender la lumbre, al padre le dio un apretón, para lo cual se dispuso a tirar los pantalones unos metros más allá, eso sí, con el arma por delante. Estaba el hombre obrando tras unas jaras cuando se presentó el citado venado y mi amigo: «¡Papa, papa, el venao, el venao!».

Aquel se incorporó con los pantalones bajados y la obra sin rematar. Y, tal cual estaba, medio encorvado, encaró el arma y le sacudió estopa al venado, dejándolo en el sitio.

¡Esto sí que es arte!

Yendo de caza, hay que estar a lo que hay que estar

Olvidamos que, yendo de caza, hay que estar a lo que hay que estar. Que los animales no suelen darnos segundas oportunidades. Un despiste lo tiene cualquiera y se cuela el cochino en menos que se santigua un cura loco, que decía aquel, pero una cosa es esa y otra bien distinta estar a otros asuntos.

Eso no es cazar.

Por eso, mientras miras las cotizadas en bolsa, por el campo fluye una brisa que despierta al más dormido. Mientras miras TikTok en el móvil, delante de ti salta el zorro y quién sabe lo que viene detrás. Ante la llamada que vibra en el bolsillo…, allá cada uno, pero siempre habrá un momento más tarde para responder. Porque el vuelo de una mirla cercana, la arrancada repentina de la perdiz, el rodar de un canto o el crujir de un palo seco son señales que se han de ver, sentir e interpretar, y si no tienes los cinco sentidos en el campo, será fácil que se te cuele la res o veas rodar el marrano que el vecino ha puesto patas arriba cuando se te acababa de colar. A eso se le conoce como «cortar unos pantalones».

Por Ángel montería
El venado de la «donación».

«¡Ahí va el venao pa bajo!»

En casa cuelga de la pared un bonito venado gracias a la «donación» que aquel día tuvo a bien hacerme el montero al que se le presentó en su postura mientras hablaba por teléfono con un amigo, también asistente a la montería.

Andaban contándose la vida en mitad de la cacería, lo que debieron dejar para luego.

Quedaba retirado de mi cierre y al solitario disparo le siguió la voz de un perrero que pude sentir entre el monte, voceando «¡ahí va el venao pa bajo!», a pesar del oído tan duro que voy teniendo. El caso fue que me preparé, por si las moscas, no fuera a cambiar la carrera el animal por cualquier motivo y me fuera a entrar a mí. Y miren, como si uno lo sueña, así sucedió. Derecho le vi llegar, apretado tras el tiro, con las cuernas asomando por encima del monte. ¡Ni pintao! Me agaché para que cumpliera en el cortadero sin verme. Saltó quince o veinte pasos a mi izquierda y, preparado como estaba, le corrí la mano y, antes de alcanzar de nuevo el monte, patas arriba quedó.

Cuando terminó la montería me contaron quién lo había tirado y cómo había sido. Y, dado que lo conocía porque cazábamos entre amigos, me fui a buscarlo para darle las gracias y, de paso, recordarle que, si la llamada no era muy urgente, tomara buena nota para otra ocasión.

Premio por estar al loro: a lo que hay que estar.

A lo que hay que estar por Ángel

Sin adornos, despojada de todo lo superficial, la caza nos exige y desnuda en mitad del campo. Afición o pasatiempo. Compañerismo o compadreo. Si hacemos el esfuerzo de salir de caza, habrá que tener muy claro a lo que vamos. A lo que hay que estar.

«Sin adornos, despojada de todo lo superficial, la caza nos exige y desnuda en mitad del campo. Afición o pasatiempo. Compañerismo o compadreo»

Ángel Luis Casado Molina ha publicado los títulos: Más allá de la caza (2012), De caza por las Cuatro Estaciones (2014), Con la caza a cuestas (2017), Naturalmente, la caza (2022), Hablando de corzos (2024) y Cuentos de Caza (2026)

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Otras entradas de Ángel Luis Casado Molina en su blog ‘Con la caza a cuestas’

→ Telares de una montería

⇒ La llamada de la berrea

→ Ándate a palomas y…

⇒ Que la llama no se apague

→ A las tres

⇒ Olas de trigo

→ Mañana será otro día

⇒ La tormenta por Ángel

→ Entre albero y romero

⇒ En busca del tesoro

→ De feria a feria

⇒ Cuéntame un cuento

→ Prohibido prohibir

⇒ Don Fulano de Tal

→ Una de tantas, pero no una cualquiera

⇒ De los hombres que acuestan a las gallinas

→ Como si no nos hubiéramos ido

⇒ Ecos de monte

→ ¿Hasta cuándo?  por Ángel

⇒ En tiempos de cordura

→ La voz del reclamo

⇒ Con el viento del sur

→ Desde la otra orilla

⇒ Al maestro armero

→ De corzos

⇒ Tres meses, tres semanas y tres días

→ Sin orden ni concierto

⇒ Pobre de mí

→ Entresijos de las batidas al jabalí

⇒ Arrieros por Ángel

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