Al Caprivi… ¡A por un gran elefante! (primera parte)

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Traemos a nuestras páginas una nueva aventura de los hermanos Giné en tres capítulos. Nos gusta Más que un safari, porque, en sus relatos, no se limitan al mero hecho de contar la cacería y el lance, sino que suelen profundizar en los aspectos sociales de la zona en la que cazan. En esta ocasión, nos han sorprendido con una ingente cantidad de imágenes de elefantes vivos, que no suele ser habitual; por eso, como ‘aperitivo’ a sus aventuras, creemos muy interesante adelantarles este reportaje gráfico.

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Los paquidermos del Caprivi El Caprivi. Este apriorísticamente privilegiado lugar está en ‘la ceja’ de Namibia. Un corredor en el noreste del mapa, que queda entre Angola y Zambia, por el norte, y Botswana, por el sur. En Botswana este año no se cazan elefantes. Y éstos, al parecer, van de un lugar a otro y, según nos dicen, «hay una plaga». Nos informan también que los gobiernos de Zambia, Botswana y, quizás, Angola, piensan abrir de nuevo la caza de paquidermos este año… Aún sin estar por la labor de disparar (esto se nota), vimos más de 40 elefantes machos bien armados de marfil. Quizás no había ningún big one. Lo que sí ha ocurrido es que los hemos tenido, algunos de ellos, a menos de 10 metros. Unos barritando y los otros mudos. Unos en Botswana y otros en Namibia (cada una de las orillas pertenece a un país). Unos tienen defensas simétricas y potentes; otros algunos colmillos rotos. Pero todos los adultos son descomunales. Mucho mayores que los que cazamos el año pasado en la región del Tete, en Mozambique..
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Alguien ‘husmea’ Poco a poco y de lejos se empezaron a oír bramidos de elefante. La fiesta fue a más y los empezamos a ver con los prismáticos, a unos 1.000 metros. Se van acercando unos grupos en avanzadillas. Son grupos de hembras y jóvenes, pero de tamaño mastodóntico. Nos llama la atención que los colmillos no se corresponden con el tamaño de los animales… En nuestra inexperiencia, deberían tener mayor volumen… Al principio nos ha parecido que se avistaban unos trescientos ejemplares, pero se fue montando una nube de polvo en el horizonte, mientras iban llegando cada vez más y más. Montaban una algarabía importante y dedujimos que había más de quinientos animales delante de nuestras narices. Noto que algo o alguien toca las frágiles cañas que configuran la pared de mi cabaña, por la parte de fuera. Sobresaltado me despierto. Alguien ‘husmea’. Una aspiración escalofriante. Ruido, más ruido…

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Hay muchos, muchísimos… Es cierto que elefantes hay muchos. Muchísimos. La gran mayoría de ellos, hembras y crías. Los machos son jóvenes y, aunque de tamaño descomunal, tienen colmillos de escaso peso. Es cierto que el territorio en donde suelen dormir es la reserva de Chobe, en Botswana. Es asimismo cierto que en el Chobe no quedan árboles ni hierba. Los animales entran a Namibia porque hay abundante agua y comida. Los problemas de la reserva donde nos encontramos son los siguientes: por un lado, el terreno es pantanoso; al elefante es difícil poderle seguir por la huella… Y, por otra parte, los trofeos no son grandes. Las razones pueden ser diversas. Dicen que en África se matan furtivamente cada día doscientos elefantes. Lógicamente, abatirán los de mayor peso…

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Por: Josep Giné i Goma 

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