Corzos por tierras polacas… 25 años después

Corzo Por tierras polacas

El Sindicato Solidaridad, el Vaticano, un papa polaco y 45 años de comunismo fue la mezcla letal para que las absurdas, y criminales, ideas impuestas de Marx y Lenin, saltaran por los aires, y fuera el principio del fin de la dictadura marxista en el este europeo, de la caída del infame Muro de Berlín, y de la desaparición de la URSS.

Y que diera comienzo a lo que he llamado, y publicado, como  el Decenio dorado de la caza internacional, 1994/2004, que va casi después de la caída del muro berlinés, contiene la apertura de la caza del elefante en Botswana, y termina con el cierre de China en 2004. En ese decenio no se ha cazado en tantos países diferentes nunca, sin atisbo de problemas de seguridad.

Polonia fue también la primera llave que abrió la caza en el este de Europa, y lo hizo de modo masivo, con una de las especies más populares, por abundancia y precio, entre los cazadores: los corzos.

A través de la compañía estatal Orbis se empezó a comercializar la caza del corzo, en primavera, sobre todo, y tan sólo algo en el celo. Los territorios estaban manejados por clubs de caza, y éstos ofrecían sus cuotas anuales de machos para que pudieran ser cazados por extranjeros.

Los alemanes fueron los primeros que se vieron beneficiados de esas cuotas, lo tenían fácil y a tiro de coche, y los marcos alemanes en aquella época hacían furor.

La Polonesa

Corzo Por tierras polacas

Pero las voces desde la llanura polaca también llegaron a España. Hace treinta años no teníamos ni tanta cantidad de corzos ni, por asomo, la calidad que ahora disfrutamos. Para muchos cazadores el primer corzo de su vida era paisano del papa Karol Wojtyla.

Y la cosa se animó y, como siempre, hubo pioneros que marcaron el camino, y con éste abierto, otros se pusieron en la senda, hasta llegar a que el 9 de mayo de cada año (el 10 de ese mes era la apertura de la caza del corzo en Polonia) el Aeropuerto de Barajas se llenaba de cazadores para coger el avión de Lot (la compañía polaca) que les llevara a Varsovia.

A esta salida masiva tuve la feliz ocurrencia de llamarla La Polonesa, y el nombre cuajó a través de mis artículos, y aún hoy en día los cazadores me la recuerdan. No creo que en los 39 años que vivió el genial Chopin, pudiera pensar que su composición para piano Polonesa heroica pudiera dar nombre a una excursión de caza.

El avión de Lot, casi por entero, lo ocupaban los carpetovetónicos cazadores entusiastas de los corzos. Y fue tanto el afán hispano que en muy poco tiempo arrasamos con lo bueno, lo regular y lo malo, y tuvimos que emigrar a Hungría, Yugoslavia, Rumania, etc., al dejar la fiebre corcera batueca la llanura polaca tiesa de corzos.

Las secuelas

Corzo Por tierras polacas

Orbis desapareció, así como la Comercial Francesa de Chasse Orbis, como exclusivistas de los corzos polacos, y aparecieron otras ofertas, y la realidad es que Polonia entró muy maltrecha en mi Decenio dorado, postergada por otras opciones que daban más densidad y calidad de trofeos, mejores servicios y precios más económicos, amén de estar más cerca.

Pero como al tiempo de sequía le sigue uno de lluvias, al Decenio dorado le siguió una negra crisis económica en occidente, que ha tenido una secuela enorme en la caza a nivel internacional y, en lo que respecta a España, nos ha puesto en su sitio, o nos ha devuelto al tiesto de donde indebidamente habíamos salido.

La Comunidad Europea se ha desfondado en la ayuda a sus nuevos miembros, y Polonia –dos tercios de la superficie de España, pero con casi 40 millones de habitantes y una tasa de paro inferior al 8 % (febrero de 2015)–, ha hecho bien los deberes y presenta una nueva cara que se manifiesta en aeropuertos, carreteras, hoteles, parque móvil, telefonía, etc. Por ejemplo, tres compañías aéreas diferentes ofrecen un Madrid-Polonia directo.

También ha cambiado la caza. Por desgracia, el carrito con el caballo tan típico ha desparecido, así como los 124 Lada/Fiat. Ahora los coches de caza son todoterrenos japoneses, americanos o ingleses. El alojamiento ha mejorado una barbaridad, se puede contar con hoteles modernos y con conexión fácil a Internet, o con casas acondicionadas de los clubs de caza, adiós a la casa del guarda con un solo baño y al dormitorio mínimo del que habíamos desplazado a la yaya, y que era uno los mayores puntos negativos de la oferta polaca de caza.

Los corzos

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El más paciente lector ya no puede aguantar más y, con razón, tengo que explicarle más sobre los corzos. Polonia ni ha sido ni es un destino de corzos grandes, con esta máxima, dejo muchas cosas aclaradas. Pero hay que puntualizar: los corzos polacos son muy porosos, las zonas de cultivo son arenales de llanura con muy poca mineralización, lo que hace que las cuernas tiendan de modo general a no tener peso. Por lo que a la hora de pagar tenemos corzos bonitos de aspecto externo, pero no nos han salido por un ojo de la cara, y éste es el punto más positivo en estas épocas de vacas flacas. No cabe duda de que Polonia es el destino más económico de corzos en Europa y, además, la cantidad y calidad ha subido porque ha bajado la presión cinegética de los extranjeros, y no sólo de los españoles.

Para muestra, este año, en el vuelo de Lot Madrid-Varsovia al inicio de la temporada corcera, sólo acudimos una veintena de cazadores, incluidos los nuestros. Además todos los cotos que he visitado y todos los guías me han hecho notar la falta de clientes. Esta circunstancia también ayuda al de gatillo fácil.

Todos nuestros cazadores me han confirmado que podían haber cazado muchos más corzos, teniendo en cuenta que la media ha sido de once ejemplares por cazador en tres días de caza, seis salidas, como las mejores medias que hacíamos en la Vojbodina serbia. Un gatillo fácil hubiera superado los treinta corzos cobrados en esas seis salidas, sin contar los naturales fallos.

Un doblete 

Corzo Por tierras polacas

Ya vamos de retirada mañanera y vemos un corzo en la linde del bosque, es un macho. Nadie tiene unos prismáticos por encima de 10 aumentos, y como estoy intentando cazar un corzo a 400 metros, lo voy a juzgar con los 15 aumentos de la mira telescópica. Cuando el corzo empieza a correr, pero en nuestra dirección, vemos que va perseguido por otro macho; los dos vienen enfilados hacia nosotros.

Nos van a arrollar, pienso, y me echo el rifle a la cara y tapo el pecho del primero. Se me ocurre que si tiro al hilo me puedo quedar con los dos, una carambola. Pero JC me empieza a gritar: «¡Al segundo que es el mayor!». A cincuenta metros cambian de dirección y me quedo con el primero y bajo el rifle. Pero mi amigo JC insiste: «¡Tira al otro, haz un doblete…!».ICorzo Por tierras polacas

Me voy con el otro y me quedo también con él (por cierto es más grande de cuerna). Doy las gracias a JC, si no hubiera sido por su insistencia no hubiera conseguido mi primer doblete de corzos, y dudo que lo pueda repetir, a no ser que un día lo pueda realizar en una montería de corzos en los jerezanos Montes de Propios, si es que voy. Que dos corzos se te vengan de 400 metros rectos como una vela hacia ti, intentando sacudir uno al otro, que tengas la posibilidad de quedarte con los dos, y lo hagas, no creo que tenga tanta fortuna para poder repetir ese lance.

Una cochina (da)

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Instrucciones antes de salir la primera mañana, aspectos generales, mucho cuidado con las armas, horarios, y se puede tirar a los cochinos. Y, claro está, todos los cazadores que me preguntan por el precio, me dejan fuera de juego. Les digo que, de memoria, entre 300/400 euros, pero que luego se lo confirmo, aunque les informo que, de todos modos, es bastante casual tirar guarros. Pongo un mensaje a España, pero son las cuatro de la madrugada y nadie de mi oficina me va a contestar en el momento; luego lo hacen a una hora civilizada con todo tipo de detalles…

Algún cochino se caza en las excursiones de corzos, pero tan pocos que son mera anécdota. En España me he cruzado con más cochinos cazando corzos, que haciendo cientos de kilómetros por Europa central en primavera. Casi cien a uno es la media, cada cien corzos se consigue un gorrino.

Por obligación tengo que ir con el guía menos competente. Esto ocurre en todas las cacerías a las que asisto como cazador y comparto con otras personas. Muchas veces he preferido acudir solo, para conocer la cacería como Dios manda y no a través del torpe indeseado de la zona, porque al final me gasto el dinero y no me entero, por lo que la inversión no compensa. Pero en esto de los corzos la verdad es que me da lo mismo. Me toca en suerte, o en desgracia, un señor muy mayor. Cuando pone el coche en marcha se le cala, las rotondas las hace rectas, y se sube por todos los bordillos como Fernando Alonso por los pianos de las curvas de los circuitos de Fórmula 1, y todo sin sobrepasar los 40 km/h en cuarta, lo que hace decir con sorna, a mi amigo JC: «¡Dile que meta la quinta!».

Corzo Por tierras polacas

A su nada habilidad como conductor, afirmo que es imposible que haya superado y aprobado el carnet de conducir con la legislación más permisiva del mundo. Aparte de eso, ha tenido un problema con la ventanilla del copiloto, y lo ha resuelto poniendo un plástico traslúcido, no transparente, que impide la visión, por lo que, en los cruces, tenemos que pedir la opinión de JC que va detrás. Peor es cuando pasamos la vía del tren, porque se queda en la mitad de las vías con el coche calado, y nosotros con un susto en el cuerpo importante.

No ve nada, no es que vea mal como yo, es que no ve en absoluto, por lo que la misión de ver los corzos se la dejamos a JC, Ojo de Águila. Una especialidad hilarante es que, de vez en cuando, conduciendo y sin parar, se echa a la vista unos prismáticos que nunca los podrás encontrar en una tienda de chinos de a cien: los tienen ya descalificados.

La única virtud es que conoce el coto bien y sabe adónde ir. A la primera de cambio le bautizo como Rompetechos. Además, va perdiendo todo por el campo, sus incunables y birriosos prismáticos, mi espléndido trípode de tiro último modelo, etcétera.

Esa tarde he salido con la intérprete y me entero de algo, ya que Rompetechos sólo habla polaco y algunas, pocas, palabras de alemán, y me informo que le saco seis meses de edad… De verdad que me quedo asustado, es un hombre acabado y parece un octogenario en los estertores últimos de su vida útil.

Salimos Rompetechos y yo andando a ver una siembra entre el bosque. Gemeleo y al fondo veo una corza y, de repente, corriendo de derecha a izquierda, a unos cien metros, un jabalí, me echo el rifle a la cara, lo llevo con alegría, y al tiro Rompetechos dice: «¡Caput!». Me quedo como cuando un torero hace un volapié mortal en Las Ventas por San Isidro.

Llegamos y allí, entre la siembra encharcada, hay, con un tiro en su sitio, una hermosa guarra. Intentamos tirar de ella, pero si Rompetechos no puede mover él solo un corzo destripado, menos puede tirar de una cochina de 90 kilos. Cuando aparece un paisano con un perro enorme, tipo mastín… «Problema», dice Rompetechos. Y se lían el paisano y él a darse voces, en polaco, claro está, y yo entiendo algo de ‘policía’. Me vuelvo al coche y al rato la intérprete me informa: al paisano le mataron un perro suelto y está cabreado con los del club de caza. La temporada de caza de hembras de jabalí empieza dentro de tres días, y yo no tenía que haber disparado a una cochina. El paisano toma fotos y llama a la policía, también llama Rompetechos a sus colegas del club de caza para que se hagan cargo del animal. Al final no pasó nada importante, liquidé la guarra, pero me quedé sin mis dos orejas por el estupendo volapié.

Y yo me pregunto, ¿cómo se puede distinguir a un cochino solitario que va dando botes a todo meter salpicando agua entre la siembra, que le tapa de la mitad para abajo, y saber si es macho o no? Otra pregunta, ¿por qué cuando nos dicen que se puede tirar a los jabalíes, no nos hacen la advertencia de que aún permanece cerrada la caza de cochinas? Para ambas carezco de respuestas. Por supuesto, ninguno de los grupos nuestros de la Polonesa 2015 ni los del puente de San Isidro, posterior, tiraron a ningún jabalí.

Tiros largos

Corzo Por tierras polacas

Este capítulo no trata de trajes de etiqueta, sino de disparos a larga distancia. Cobrar una docena de corzos en apenas seis salidas, casi siempre es más un ejercicio de tiro que una autentica y sufrida cacería. Cada persona se lo toma a su manera… Algunos pretenden ver el fondo de los ojos de los corzos a muy corta distancia y a otros les puede divertir los tiros imposibles.

Hay una máxima de obligado cumplimiento, que no todos los cazadores conocen, y los que la conocemos es por anteriores errores: sólo puedes disparar a lo que veas del animal. Ver la cabeza y, por tanto, imaginar dónde está el cuerpo, y tirar a través del cereal, la colza o el cultivo que sea, dará por resultado un fallo, ya que la bala nunca llegará a su destino. No es fácil de entender, pero los miles de débiles tallitos interpuestos entre el cazador y la pieza hacen que la bala o se desintegre o no llegue a su destino; puede ser que el técnico en balística de turno no juzgue correcta esta explicación, pero en caza practica se da.

Por tanto, si no se quiere volver al alojamiento bolo después de disparar infructuosamente a docena y media de corzos en una salida, más vale hacer un disparo a lo que se ve y no a lo que se adivina.

Hace años tuve alguna queja –en una zona de centro Europa– de cazadores que afirmaban que había escasez de corzos y, al final de mayo, cuando ya no irían más cazadores me acerqué para comprobarlo y cazar un par de días. El guía me preguntó a qué distancia podía disparar, le dije que hasta los 300 metros podía cobrar casi todos, de 300 a 400 metros algunos, y a partir de aquí, ninguno. En las dCorzo Por tierras polacasos jornadas señaladas abatí quince corzos, aparte los fallados, y comprobé que aún había muchos corzos, y las informaciones que me dieron no eran correctas.

A mí, personalmente, me gusta en esta cacería hacer tiros largos, alguno imposible, de ésos que en el quinto pino sólo les veo la cara y disparo, y destrozo el cráneo. Muchas veces el guía me tie
ne que preguntar por la calidad del trofeo, ya que va limitado, como dije, a los 10 aumentos como máximo de sus prismáticos, en cambio, yo juego con la ventaja de los 15 aumentos del visor con el arma bien apoyada.

Fallos se producen, todos los cometemos, fallar entre un 10 % y un 20 %, si se arriesga es normal, uno o dos corzos de cada diez. Recuerdo que hace muchos años, un cazador, gran tirador, y al que conocía mucho, presumía por haber disparado 14 balas y haber abatido 14 corzos, y yo le dije: «Pues en tu ‘protocolo’ (oficial resumen final en Polonia de la cacería) figuraba que habías fallado dos». Y me respondió: «¡No me digas que han puesto esos dos, si los he tirado muy largos…!».

No era verdad, no habían puesto nada, nunca ponen los fallos, me lo inventé y de la mentira saqué la verdad.

Resumen

Corzo Por tierras polacas

La católica Polonia, con su llanura (aún le quedan algunas avutardas, privilegio que comparte con nosotros, aunque nosotros tenemos miles y miles), su amable gente, sus buenas y modernas infraestructuras y, sobre todo, con sus económicos corzos, sigue esperando con los brazos abiertos al cazador español.

Pudiera ser que en los próximos años, el politono de mi teléfono móvil sea la genial composición para piano del romántico polaco Fryderyk Franciszek Chopin, La Polonesa.

 

 

Por José García Escorial / [garciaescorial@safariheadlands.com]   Fotografías autor y RoMo

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