Los seri se unen contra el furtivismo y piden gestionar la caza de sus desert sheeps

La isla mejicana de Tiburón es el hogar de la tribu seri, que ha optado por crear su propia ‘guardia comunitaria’ para frenar el furtivismo de sus carneros cimarrones de Sonora o desert sheeps.

 

Durante siglos esta tribu sobrevivió en medio de la pobreza y la marginación en el desierto de Sonora, hasta que en 1997 descubrió que vivía junto a una riqueza inesperada: los carneros cimarrones, piezas por las que cazadores americanos y europeos pagan miles de dólares por una licencia de caza. Para los seri la caza de esta especie ha supuesto un inesperado recurso económico, renovable, para salir de la pobreza, pero hoy se encuentran bajo la amenaza del furtivismo. La solución ha sido la autoprotección: patrullas de seris, armados con rifles, recorren la isla a diario para vigilar que nadie llegue hasta los desert sheeps.

Desde que se inició un programa de conservación de este carnero en los años setenta, la población estimada es de unos 600 ejemplares en esta isla. Cada año, a la tribu seri el Gobierno mejicano le concede de diez a quince permisos de caza que se subastan en Estados Unidos, alcanzando altísimos precios, como en el año 1997, que una licencia alcanzó los 250.000 dólares. 

Pero los furtivos están matando, se calcula, hasta diez animales por año, lo que está suponiendo para la tribu grandes pérdidas económicas, de ahí la decisión de establecer patrullas tribales armadas para proteger a los carneros. 

 

Gestión directa de la caza

Otra lucha de los seris es pedir al Gobierno de Méjico que los ayude con los medios necesarios para gestionar directamente la venta de los permisos de caza de estos carneros, sin tener que pasar por intermediarios y obtener así para la tribu el 100% de los beneficios.

El valor inicial de una licencia no rebasa los 250 pesos mejicanos, pero al final de un largo proceso de venta y reventa, su precio se habrá multiplicado hasta unas diez mil veces. En colaboración con la Wildsheep Foundation americana —organización no gubernamental dedicada a la protección y cacería sostenible de los carneros—, los seris subastan cada una de esas licencias en cifras que van de 80.000 a 200.000 dólares, ganancias después se dividen entre los intermediarios y la tribu, que recibe, aproximadamente un 60%. 

 

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