Nyala, belleza sublime (y III): apuntes sobre su caza, valoración y medición del trofeo

Lo primero que debemos apuntar en este apartado es que nos encontramos ante un antílope en el que, generalmente, se comete el error de ver más grande al trofeo de lo realmente es. Debido a la dificultad a la hora de juzgarlo, deberemos dejar trabajar a nuestro profesional para que nos diga de forma ‘estimativa’, el tipo de animal ante el que nos encontramos.

Aunque siempre nos dejemos llevar por el criterio de nuestro profesional, algunos de los aspectos que debemos tener en cuenta a la hora de conocer si realmente nos encontramos ante lo que se viene denominando un ‘macho maduro terminado’ son los siguientes:

-El tamaño de los cuernos: podemos seguir el criterio que tiene que ver con el tamaño de sus orejas. Sus pabellones auditivos rondan los 22 cm (8 ½”), por lo que si sus cuernos abarcan más del triple nos encontraremos que sobrepasa los 66 cm (26″).

-La base de los cuernos de los ejemplares adultos se presenta ancha y muy marcada.

-Color de la piel: se tornará más oscuro en los machos adultos. Es destacable una pérdida progresiva de cabello, encontrándonos con zonas lampiñas.

-El frontal del animal va perdiendo pelo con el paso del tiempo, dando un aspecto algo deslucido.

-Los individuos viejos presentan una frente mucho más oscura que los jóvenes, que tienden a un color algo más anaranjado.

-En las puntas de los cuernos de los machos adultos, al igual que ocurre con especies como el kudu o el bushbuck, busquemos su terminación en color marfil y con la máxima apertura posible.

-El cuello de un gran macho se nos mostrará ancho y con falta de pelo en todo su diámetro, tomando una coloración grisácea con aspecto aceitoso debido a las glándulas utilizadas por los machos para marcar su territorio.

Encontrar un nyala que sobrepase las excepcionales 30 pulgadas vendría a ser como tropezar con un kudu de 60 pulgadas. Actualmente, sin tener en cuenta la ‘caza enlatada’, es algo muy difícil de conseguir

-Sus características rayas blancas verticales van perdiendo intensidad hasta casi desaparecer con el paso del tiempo.

El prestigioso libro de mediciones del Safari Club Internacional utiliza su método número 2 para la valoración de este tipo de trofeos. Tiene en cuenta el largo de la longitud de cada cuerno medida a lo largo de sus espirales, tomando como punto de origen la parte frontal de sus bases a las que se les suma la anchura de base de los mismos.

El récord actual nyala común se encuentra en posesión de Ann Dodgson con un ejemplar abatido en Hluhluwe (R.S.A):

Por su parte, el libro Rowland Ward utiliza su método número 8, basado en la medida del cuerno más largo del animal. El mejor trofeo registrado corresponde a Hendrik Ehles con un trofeo de algo más de 84 centímetros en su cuerno más largo. Fue abatido en la localidad de Mkuze (Zululand, R.S.A.) en 2010.

Sin ánimo de querer dogmatizar y a efectos didácticos para quien se enfrenta por primera vez a su caza, podríamos establecer un cuadro orientativo para poder conocer la categoría de nuestro trofeo:

Encontrar un nyala que sobrepase las excepcionales 30 pulgadas vendría a ser como tropezar con un kudu de 60 pulgadas. Actualmente, sin tener en cuenta la ‘caza enlatada’, es algo muy difícil de conseguir, que requiere tiempo, mucho trabajo y unas dosis inmensas de suerte.

Apuntes sobre su caza

Como punto de partida se podría decir que podremos enfrentarnos a su rececho durante todo el año, pero la ubicación de los animales va a depender del terreno y de la época del año en que visitemos nuestra querida África. Existen cinco puntos básicos a los que deberemos prestar atención: la abundancia de agua, el celo, el frío, la comida y la depredación/presión que tengan los animales en un área determinada.

Dependiendo de la época del año y del calor existente, el nyala suele acudir a beber dos veces al día. Su primera visita se suele suceder en el intervalo que va de las 11:00 a las 14:00 horas, mientras que la segunda suele tener lugar a última hora de la tarde e incluso en las primeras horas de la noche. Es por eso que los profesionales suelen colocar a sus clientes en los caminos que llevan desde los dormideros de los animales hasta las charcas y acuíferos, sabedores de estas conductas diarias.

Aunque el periodo de celo en la especie suele tener lugar generalmente entre los meses de abril y mayo, debemos tener en cuenta que este ungulado cría durante todo el año, por lo que, cuando veamos hembras, debemos de perder un buen rato en inspeccionar la zona con ayuda de los binoculares, ya que su ‘sultán’ puede estar en las inmediaciones y, gracias a su increíble camuflaje, no habernos percatado de su presencia.

La mejor forma de practicar su caza es sumergirnos literalmente en su hábitat, teniendo en cuenta la dirección del viento y aprovechando la cobertura para pasar desapercibidos

Otro aspecto que debemos tener en consideración en la época de celo hace referencia al acercamiento al animal. Una vez que hemos localizado un macho digno de ser recechado, deberemos seguir la misma regla citada anteriormente, pero a la inversa. Aunque éste no nos vea en nuestra aproximación, seguro que sus damiselas estarán más que atentas para detectarnos y poner tierra de por medio, dando al traste con nuestras depredadoras intenciones.

En los meses de mucho frío (esto es, de principios de junio a julio) buscaremos nuestros trofeos en las zonas altas donde poder solearse a primeras horas de la mañana para luego descansar generalmente en zonas protegidas de viento, como medias laderas cubiertas de árboles que les sirvan de escudo contra el frío. No debemos olvidar que estos bóvidos odian las bajas temperaturas. Revisemos cuidadosamente las zonas más altas que no hagan cima, protegidas del viento y que sean de solana.

La mejor forma de practicar su caza es sumergirnos literalmente en su hábitat, teniendo en cuenta la dirección del viento y aprovechando la cobertura para pasar desapercibidos. Nos moveremos lentamente, tan silenciosamente como nos sea posible, realizando numerosas paradas para prospectar cada rincón, cada ángulo, cada sombra, en busca de unos cuernos de largas puntas color marfil. Deberemos estar preparados para un disparo rápido, ya que tendremos pocos segundos antes de escuchar sus llamadas de alarma y desaparecer de nuestra vista para siempre.

Fue cazando en el Eastern Cape, en compañía de Lu y de mi mujer, cuando, en una mañana muy fría, vimos un nyala viejo en lo alto de una loma. Lu me insistía en tirarlo a pesar de la distancia de 300 metros y de no encontrar un buen apoyo. Entonces, pese a su opinión, tomé la decisión de hacerle la entrada a pesar de que, junto a éste se encontraban algunos facos y una pareja de bushbucks.

Al ir avanzando hacía nuestro objetivo con una ligera brisa en nuestra cara, observaba la cara de duda de mi profesional con cierta intranquilidad. Tal vez no tenía que haber corrido el riesgo. Una vez llegados al alto de aquel cerro, en un hábitat plagado de euphorbias, acacias y algún que otro aloe, parecía que nuestro trofeo había desaparecido, tal vez alertado por el resto de animales hasta que, en un segundo, a menos de 20 metros, se levantó un vetusto animal de piel completamente gris. Tuve la grandísima suerte de que, en aquel momento y debido a la espesura del bush, llevaba el rifle en la mano por lo que pude realizar un disparo a brazo franco cuyo resultado fue un precioso macho de avanzada edad e increíble rececho.

Al igual que ocurre con el kudu, la huella de nyala es extremadamente pequeña si la comparamos con la talla del animal asemejándose mucho a la de bushbuck. Una vez identificadas por el pistero o el PH, si ven que son frescas, suelen seguirlas durante algunos centenares de metros.

Un consejo de seguridad que debemos seguir siempre que recechamos en terrenos muy espesos, es llevar siempre nuestra arma con el seguro montado

Cuando nos encontremos ante grupos de hembras cerca de la espesura con una conducta muy cautelosa y permanentemente pendientes de su alrededor, en ocasiones revelará la presencia del macho, el cual se encontrará literalmente encajado en la maraña, de tal guisa que sólo podremos identificar alguna parte de su cuerpo. En estos casos, en completo silencio y camuflados convenientemente, esperaremos acontecimientos que nos permitan valorar el trofeo y optar por un disparo con garantías. Pasados unos minutos, cuando las hembras recuperen la tranquilidad, nuestro sueño aparecerá como por arte de magia haciendo las delicias del cazador.

No debemos tomar como regla el que los machos que acompañan a las hembras son siempre ejemplares viejos. Los nyalas pueden ser relativamente gregarios en determinados momentos del año y, así, podremos observar machos jóvenes en compañía de las hembras y sus crías de años anteriores.

Un consejo de seguridad que debemos seguir siempre que recechamos en terrenos muy espesos, es llevar siempre nuestra arma con el seguro montado. Serán numerosas las ocasiones en que, al transitar entre la maleza, se produzcan roces con el gatillo a pesar de la protección del guardamontes.

Los grandes machos de nyala son, por regla general, muy cautelosos y tímidos. En lugares con alta presión cinegética, se suelen comenzar a mover con el crepúsculo e incluso de noche, acudiendo a los puntos de agua con la luna como testigo. Suelen ser solitarios y, a la menor señal de peligro, desaparecerán tan sigilosamente como les sea posible, a diferencia de las hembras que suelen emitir ladridos de alarma al descubrir a sus depredadores. Cuando hayamos tenido la suerte de encontrar el ejemplar que vamos buscando y éste nos ha detectado, lo más normal es que salga corriendo para volverse a parar pasados un centenar de metros. Tomémonos, entonces, nuestro tiempo y, si cabe, con más sigilo, comencemos de nuevo nuestra marcha agudizando nuestra vista al máximo. Estará más cerca de nosotros de lo que creemos.

En otras ocasiones veremos algún buen ejemplar mientras transitamos con el coche por los diferentes caminos. En estos casos, lo que se suele hacer es pasar de largo del mismo para que, a una distancia prudente, saltar literalmente del coche, que continuará encendido, y aproximarse al lugar del avistamiento tan camuflado como nos sea posible.

Por Alfonso Mayoral  / Fotografías: autor y A. Sanz  / Pintura: Iñaki Blanco

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