SCI caza y conservación. ¡Valora la cacería, no los cuernos!

Meet die Jag, nie die horings!

“Uno de los alicientes de la caza de los ‘diez pequeños’ es la variedad de métodos que tenemos que utilizar, atendiendo a los diferentes hábitats y comportamientos de las distintas especies”

Allí estaba, una vez más en África, con mi .375 H&H apoyado en las varas, en uno de los grandes momentos de aquella cacería.

–¡Intenta encontrar una trayectoria limpia, entre el matorral! –me susurraba Quinton al oído–.

A pesar de ser, probablemente, uno de los disparos más difíciles que hice, esta vez no era un elefante, un búfalo o un leopardo… tampoco era un gran antílope a más de trescientos metros. Era una preciosidad, ¡un pequeño suni, a menos de treinta metros…!

Quinton, Domingos y Pedro, grandes compañeros y mejores cazadores, tras los pasos del guía en una de las batidas.

Por la mañana habíamos cazado un búfalo en los pantanos y, de regreso al campamento, casi al fin de la tarde, Quinton, mientras conducía, había visto el ejemplar de suni corriendo en medio de la selva.

Salimos del jeep un poco más adelante y muy, muy, lentamente, nos aproximamos al lugar en el que imaginábamos que podría estar el animal.

Un ‘túnel’ en el matorral

Al contrario de otros pequeños antílopes, que también viven en medio de la floresta, y a los que es posible llamar emitiendo un sonido nasalizado, el suni no reacciona a esas llamadas, es necesario buscarlo, lo que es extremadamente difícil teniendo en cuenta el medio en el que vive.

Paso a paso y sin hacer ruido, con el suelo cubierto de hojas y ramas, fuimos parando, escuchando, recechando, buscando entre las sombras y las hojas una diferencia de color, un movimiento o la sacudida de la cola, que denunciara a este pequeño antílope, en el enmarañado típico de la floresta costera de Mozambique. Hasta que los ojos entrenados de nuestro pisteiro, Domingos, descubrieron a uno de los animales más extraordinarios del continente negro.

Buscando un oribi entre los famosos tandus de Marromeu.

El suni, a pesar de ser muy pequeñito, tiene unos cuernos muy largos. Relativamente a su tamaño, es el antílope con los mayores cuernos de todos, y éste era, a buen seguro, un excelente trofeo.

El sudor me escocía en los ojos, mientras buscaba a través del visor un ‘túnel’ por entre el matorral, libre de hojas, ramas y troncos, por el que pasaría la bala. No, esta vez no eran sólo algunas ramas de un arbusto que tapaba el animal, en esta ocasión tenía muchas ramas y troncos desde donde yo estaba hasta al antílope.

La bala era sólida, para no estropear la piel del trofeo y para no sufrir desvíos indeseados si tocaba en uno de los obstáculos, que, aun así, intentaba evitar a toda costa.

El suni, a pesar de ser muy pequeñito, tiene unos cuernos muy largos…

La sacudida nerviosa de su cola significaba que el antílope estaba muy inquieto y presto a huir, un ligero movimiento lo colocó en el sitio donde yo lo quería

Los diez pequeños

El suni pertenence a los ‘diez pequeños’ el grupo de diez de los antílopes más pequeños de África que también incluye el duiker común, el steenbok, el klipspringer, el grysbok de El Cabo, el grysbok de Sharpe, el oribi, el dik-dik, el duiker azul y el duiker rojo.

La Coutada 10 es uno de los pocos lugares en el mundo donde podemos cazar cinco antílopes de este grupo y cuatro de ellos eran el gran objetivo de este safari. Dos días antes habíamos comenzado por buscar un oribi en los famosos tandus de Marromeu. Este antílope se parece mucho al steenbok pero es más pálido, color arena, y con las orejas más pequeñas. La forma de cazarlos también es muy parecida, prefieren zonas limpias, incluso, a veces, con hierba alta.

Un oribi, que suele encontrarse en áreas limpias e, incluso, con hierba alta.

Por ser extremadamente territoriales, fuimos buscando en áreas donde Quinton había visto buenos trofeos las semanas anteriores. No fue difícil descubrir algunos de ellos, la dificultad estaba en la distancia, que no ayudaba mucho en su evaluación, las puntas de los cuernos tienen que rebasar la altura de las orejas. El hecho de que los cuernos sean finos, y al haber mucha hierba, hizo la tarea más complicada de lo que parecía. La otra parte costosa de esta cacería fueron las aproximaciones, dos o tres veces los vieron y huyeron en una carrera desenfrenada, más volando que corriendo, completamente estirados, parecía que ni tocaban la hierba amarillenta.

Fue aprovechar la oportunidad y hacer un tiro a esa distancia…

Felizmente, las bellas planicies de Marromeu están salpicadas de palmeras, lo que acabó por mantenernos encubiertos, hasta cerca de doscientos metros, de un bonito oribi. Después… fue aprovechar la oportunidad y hacer un tiro a esa distancia, a un bicho con menos de veinte kilos. Pero los dioses de la caza estaban conmigo y el oribi cayó redondo.

Los duikers

Uno de los alicientes de la caza de los ‘diez pequeños’ es la variedad de métodos que tenemos que utilizar, atendiendo a los diferentes hábitats y comportamientos de las distintas especies. El duiker rojo y el azul, pueden ser ‘reclamados’ emitiendo un ‘maullido nasalizado’.

La densidad de duikers rojos en la Coutada 10 es impresionante, casi siempre que atravesamos una zona de floresta acabamos por ver una ‘pincelada’ rojiza deslizándose por medio del follaje como un dardo. Se trata del más ‘robusto’ de los duikers, tal vez hasta sea un poco desproporcionado. Tanto los machos como las hembras tienen cuernos y para identificar los machos tenemos que intentar ver el escroto, también muy desproporcionado, demasiado grande para un animal tan pequeño.

Felizmente, los duikers rojos reaccionan muy bien al ‘reclamo,’ y tanto Domingos como Quinton sabían hacerlo muy bien.

La cacería comenzaba por la elección de un sitio en medio de la floresta, que ofreciera alguna visibilidad. Nos escondíamos y quedábamos inmóviles mientras mis compañeros los llamaban… y yo siempre preparado para disparar. La cacería de estos duendes de la selva exige paciencia y perseverancia, sobre todo si buscamos buenos trofeos. Fueron varios los duikers que ‘llamamos’, pero eran hembras o machos jóvenes, hasta que apareció aquel, mayor que los otros, con los cuernos bien visibles y con el escroto que no dejaba dudas.

No estaba muy tapado pero nos vio y se preparó para huir, apunté bien a la zona del corazón y disparé sin perder tiempo. La reacción del bicho al disparo fue de un gran salto seguido de una fuga rápida. Pensé que lo había fallado por debajo, pero en cuanto fuimos al sitio donde estaba encontramos mucha sangre, ¡no había errado!

Cual fue mi sorpresa cuando lo encontramos ¡a más de cincuenta metros!

Seguir el rastro fue fácil y pensé que encontraríamos el duiker muerto a pocos metros. Cual fue mi sorpresa cuando lo encontramos ¡a más de cincuenta metros!, a pesar de tener el corazón deshecho. Más impresionante fue darnos cuenta de que en su fuga fue siempre evitando ramas y obstáculos. Un animal en estado de alerta, independientemente de su tamaño, tiene reacciones increíbles al disparo y el mensaje de la huida permanece en su cerebro durante algunos segundos.

El duiker azul es menos abundante y es el más pequeño de los ‘diez pequeños’. Su tono es ceniciento, por eso es muy difícil verlo entre las sombras de la selva. El método de caza es el mismo, y cuando ‘reclamamos’, los duikers pueden aparecer rojos o azules. La llamada imita a un duiker herido y, por eso, también pueden aparecer aves de rapiña, babuinos o incluso un leopardo o un león. No tuvimos encuentros con felinos, pero los monos y los pájaros aparecieron varias veces en los árboles más próximos, rápidamente nos descubrían y comenzaban en una gran algazara, malogrando nuestros esfuerzos.

El duiker azul es menos abundante y es el más pequeño de los ‘diez pequeños’.

Finalmente, después de varias tentativas fallidas, apareció corriendo un pequeño duende ceniciento, que se paró a menos de veinte metros. Podía verle los cuernos, lo que, con el duiker azul, es la certeza de que se trata de un macho y de un buen trofeo. Con Quinton diciéndome que disparase porque era una belleza, no perdí el tiempo y cobré el más pequeño de los antílopes que cacé después de veintitrés safaris en África.

¡Valora la cacería…!

La cacería de los ‘diez pequeños’ nunca ejercerá la mismo fascinación que la de los ‘cinco grandes,’ o la de otros animales más conocidos, en la mayor parte de los cazadores. Sin embargo, no dejan de ser sorprendentes las sensaciones de una gran satisfacción, incluso de los cazadores más experimentados. Mi amigo Pedro Vitorino, que me acompañó en esta cacería para filmar, me decía al acabar:

João, de todas las cacerías que hice en África, ¡ésta fue la más interesante!

Un viejo dicho de cazadores boers dice: «Meet die Jag, nie die horings!, ¡valora la cacería, no los cuernos!»

Para mí… ¡ésta también fue una gran cacería! 

Dedicatoria

A veces me preguntan cuál fue mi mejor safari… muchos fueron buenos y por eso no sé responder. Pero algunos me dejaron grandes recuerdos, no siempre por los trofeos cobrados. En algunas de esas cacerías eso ni sucedió, pero esos gratos recuerdos tienen siempre tres cosas en común: el esfuerzo, que valora lo que quiere que hagamos en la vida; el lugar, si nos sentimos en casa y hay caza… el resto viene con el esfuerzo y con un bocado de suerte. Finalmente, la compañía, si sentimos que somos parte de un buen equipo las cosas van siempre bien. Por todo esto, este safari fue de los que me dejó grandes recuerdos.

A Quinton, a Domingos y Pedro, grandes compañeros y grandes cazadores.

CALIBRE, TIPO DE BALA, VISOR Y AJUSTES

Cualquier calibre sirve para cazar los ‘diez pequeños’, algunos hasta se pueden cazar con una caçadeira (escopeta), que, sin embargo, muchas veces hiere al animal sin que sea posible seguir un rastro. Por esa razón, muchos cazadores profesionales ya no permiten el abate de estos antílopes con este tipo de arma.

• Hice este safari con mi .375 H&H, el que, para mí, es el calibre más indicado para cazar los antílopes más pequeños del mundo, no por necesitar de un gran poder letal, sino porque si utilizamos una bala sólida no estropeamos la piel o si cazamos en matorrales cerrados y tenemos la mala suerte de que la bala toca en alguna rama,no sufrirá grandes desvíos. Quinton Diedericks, el cazador profesional con quien cacé y que tiene una enorme experiencia en estas cosas, también comparte esta opinión.

• El visor que usé fue un Leupold VX6 2-12X42, con retícula iluminada y torre balística CDS. Se trata de un visor muy versátil en términos de aumentos, tanto que me permite tirar a distancias de varios centenares de metros como a pocos metros, con un gran campo de visión. Este visor da mucha luminosidad, lo que puede ser necesario en condiciones de penumbra en medio de la selva. La retícula iluminada también es muy útil en estas condiciones. La torre balística, específica para la bala que utilizamos, es de una gran ayuda para hacer un tiro preciso a un blanco muy pequeño a grandes distancias, como sucedió con el oribi.

• Si tuviéramos el blanco a dos o tres decenas de metros en medio de la selva, como sucedió con el suni y los duikers, debemos tener cuidado de seleccionar una distancia de 200. Puede parecer una contradicción, pero de esta forma la primera vez que la bala en su trayectoria cruza la línea de vista (el primer cero), será la una distancia más corta (cerca de 20 metros).

Por João Corceiro / SCI Lusitania Chapter 

Fotografías: Licinia Machado, Rogerdelaharpe y Redacción   

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