Canis lupus signatus

353 - Canis Lupus Signatus (1)
Fotografías: Autor y Redacción

Y apareció. Antes de lo que pudiera siquiera imaginar. Llevaba años soñando con este momento: ¡el lobo! Nada más y nada menos que el lobo… Mito donde los haya. Desde niño había oído numerosos historias con él como principal protagonista.

Historias y leyendas cargadas de respeto y miedo contenido hacia este ancestral poblador de los valles, cumbres y montañas en que cohabitábamos. Y desde niño lo había buscado con ahínco, pero nunca lo había podido ver, tocar ni oler –aunque lo había sentido, ¡vaya si lo había sentido!–, nunca hasta esta última expedición a los valles y montañas del Saja.

 

La huella

Apenas un mes antes, en nuestra última visita por las tierras de la Reina Osa, por los altos campos –Campoó, oxigenantes y motivadores aires campurrianos–, a la berrea del venado a inicios de octubre, habíamos podido comprobar in situ su reciente paso por las mismas sendas y trochas que atravesamos para nuestros recechos.

Durante horas oteamos y exploramos hayedos, robledales, escobales, helechales y piornales, rocas y cuevas… pero nada vimos. Quería verlo. Estar, estaba allí. ¿Dónde…? Ésa era la cuestión.

353 - Canis Lupus Signatus (2)Encontramos la huella. Esto nos puso la piel de gallina, así como fugaces potenciales avistamientos, de tan sólo milésimas de segundo y, por tanto, sin poder confirmarlo al cien por cien, en carreras no identificadas a través de lo espeso, que habían hecho recorrer escalofríos por nuestro cuerpo.

Uno de ellos, intuido en plena caza y persecución de dos ciervas –o venadas, como aquí acostumbran a llamarlas– en frenética carrera, y de la cual no pudimos saber el resultado al transponer la cacería la cumbre hasta donde alcanzaba nuestra vista.

Por eso, cuando recibimos la invitación de nuestro amigo Berto para acudir a una batida de jabalíes, con los perros a traílla, en puro abierto, bajo la idiosincrasia y tradición cinegética cántabra, y en la que estaba autorizado el abate de un ejemplar de lobo, no dudamos un segundo en cuadrar imposibles agendas para poder estar presentes en nuestro primer acercamiento cercano y sincero a la realidad del lobo ibérico (Canis lupus signatus) en la media-alta montaña norteña.

La batida

La batida se organizó de forma extraordinariamente coordinada y precisa por el propio Berto Rayón, nuestro experto guía a los corzos y venados cantábricos, apoyado en sus incondicionales José, José Luis, Ramón y Miguel, amigos desde la cuna. Hacia las nueve de la mañana, templada para mayor gozo, partíamos inquietas las armadas, un total de catorce rifles.

Se colocaban tres armadas transversales en una mancha de aproximadamente 700 hectáreas, abiertas, sin cercado cinegético alguno, entre otros a la Reserva Nacional de Saja, más de 180.000 ha, ¡ahí es nada! Siete serían los perros encargados de batir el monte, jagd terriers y sabuesos, principalmente, efectivos perros de rastro, que no fallan en las demandas que descubren sus finos olfatos, logrando un extraordinario número de levantes y de consecuentes lances.

Y, como nos decía recientemente un experto en la materia, Rodrigo Moreno: «El lobo de entrar, entrará al principio, en cuanto note los primeros movimientos, o bien al final, una vez terminado el alboroto. En la medida de tus posibilidades, aguanta el final, no tengas prisa por descargar ni retirarte».

 

Y el lobo cumplió…

Fiel a sus rastros y fechorías nocturnas relatadas en aldeas cercanas.

Estábamos llegando a nuestra postura cuando ya se escuchó la primera detonación y por la emisora nos indicaban, al rato, que acababan de abatir un enorme macho de lobo ibérico. Le había entrado a Javi Ramos, quien había logrado abatirlo sorprendiéndole desde su postura en su escape de la mancha por una trocha del monte, a una distancia de unos 70 metros. Casi que lo de menos es quién fue el cazador en concreto que abatió al lobo, pues por estas tierras se caza en equipo y cuadrilla, y los frutos que se obtienen pertenecen al esfuerzo y orgullo de todos. Es una caza donde prima el colectivo frente a lo individual.

Da gusto. Y, esta partida, al lobo se la ganamos nosotros. Como tantas otras veces lo había hecho él a la inversa. Todas menos una, la última.

353 - Canis Lupus Signatus (3)La batida de jabalíes resultó, además, todo un éxito, habiendo disfrutado de contados y variados lances en todas las armadas y todos, también, los monteros, pues por estos pagos los monteros son los que entran al monte.

El resultado fue lo de menos, pero llenará despensas y alimentará mesas y conversaciones en los fríos invernales, contribuyendo a equilibrar una sana población cinegética cara a la próxima y futuras temporadas y a reducir los daños en pastos, praderías, huertos y frutales, cosa muy frecuente.

Nuestro equipo, Caza y Safaris, estuvo allí. Para disfrutar como uno más de ellos, de lo cinegético y de lo humano, pues de ambas cuestiones abundan, y tras la cacería, pudimos deleitarnos con una opípara comida montañesa, cual aldea de irreductibles galos, basada en suculentas, y nada light, viandas de origen en lo cinegético (asadura de venado, arroz con jabalí, corzo asado con patatas fritas, etcétera), organizada en la casa que Montesinos regenta con arte en Fresno del Ebro. Tras la misma, pudimos participar de un improvisado concierto de vitalistas rabeles y cantes montañeses, en donde los jóvenes sucedían a los mayores y viceversa, en un divertido concierto de romances y tonadas, algunas inventadas para la ocasión, sin playback posible. En nuestras memorias quedará.

 

El lobo existe…

Lo quieran unos o no lo quieran. Es una realidad latente y presente en nuestros campos y montañas. Y no sólo al norte del Duero, sino también al sur, como recientes estudios demuestran, lo cual ya era una realidad evidente para nuestro colectivo desde hace bastantes años, tras los frecuentes encuentros producidos en la madrileña Sierra del Guadarrama.

En espera del controvertido y prometido censo del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, de exasperante e injustificable retraso, lo que sí podemos afirmar es que existe un número de grupos ampliamente mayor que las 250 manadas (esto supondría un mínimo de 600 a 700 adultos reproductores) que mostraban las últimas y obsoletas estimaciones existentes, pues se remontan a más de diez años atrás.

353 - Canis Lupus Signatus (7)Desde entonces, y dada la alta protección que ha gozado hasta la fecha, es de suponer, y así es comprobado diariamente por las noticias que llegan a nuestros oídos y a nuestra Redacción, que esta cifra, ya de por sí contenida en su época, ha sufrido indudablemente un aumento exponencial. La realidad actual es que la población lobuna se ha recuperado exitosamente del cruento e irracional exterminio al que fue sometida en toda la Península Ibérica durante el periodo comprendido entre los años cincuenta a los setenta, debido a la superpoblación que entonces había y a los consecuentes estragos que causaban, pero, afortunadamente, se encuentra plenamente recuperada y en una situación que merece toda nuestra atención y vigilancia. Prueba de ello son los cada día más frecuentes encuentros con esta especie que se están produciendo por todos los puntos de nuestro país: Parque Nacional de Saja-Besaya, Parque Nacional de Picos de Europa, Montes de León, Sierra de la Culebra, Sierra de la Demanda, Fuentes Carrionas, Pirineo, Montes Universales, Monfragüe, Sistema Ibérico, Sierra Morena… e, incluso, en Portugal.

La expansión y conquista de nuevos territorios por parte de grupos, en general de seis a ocho individuos por grupo, es la realidad con la que convivimos hoy en día. Está cerca el día en el que, debido a esta amplia y saludable expansión, la inevitable e indeseable peligrosa interacción con la población humana del entorno rural se produzca, pues con la población ganadera ya se produce con excesiva frecuencia.

El retardo en el pago de las compensaciones gubernamentales por ataques a la ganadería es todo un peligro para la población lobuna: si los ganaderos no ven satisfechos, de forma rápida y efectiva, los daños ocasionados por sus ataques, serán ellos mismos quienes protejan a sus ganados.

353 - Canis Lupus Signatus (6)Frente a los 2.000 animales estimados en el censo de 2001, algunas voces hablan de una población que podría superar los 5.000 ejemplares en la actualidad. La población futura, a un horizonte de 5-10 años, con la tasa de crecimiento actual, estable y exponencial, podría llegar a ser preocupante si no se realiza un adecuado control sobre la misma. No queremos ser agoreros, pero el aviso queda ahí. El lobo es una especie muy valiosa para todo el entorno rural, a defender y proteger, pero también a saber gestionar y aprovechar, en sus respectivos espacios naturales.

La conservación de su hábitat y el manejo del control poblacional de las manadas instauradas en un determinado territorio, deben contribuir a su aprovechamiento como un recurso renovable más, a emplear por ayuntamientos y cotos cinegéticos.

 

Por Luis de la Torriente.

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