Cabra montés en Galicia

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Esta temporada 2014/ 2015, la cabra montés ha sido el contrapunto positivo a una nefasta situación que está acercando la caza en Galicia al precipicio.

La excesiva explotación del jabalí, e incluso del corzo, mediante su caza durante casi todo el año en batidas indiscriminadas, promovidas por la Administración y amparadas por el nulo interés en la gestión de la actual directiva de la Federación Gallega de Caza, además del aumento exponencial del lobo, nos lleva hoy, Día de Todos los Santos de 2014, a afirmar que, si no se da un cambio de timón fuerte y valiente, esta temporada será el principio del fin de la caza mayor en Galicia.

Contrapunto positivo, la gestión de la cabra montés

Mucha valentía ha tenido que demostrar la directora xeral, Verónica Tellado, para conseguir sacar adelante el aprovechamiento moderado y prudente de la cabra montés en el Parque Natural de A Baixa Limia-Serra do Xurés. Las presiones de los desconocedores urbanitas de la gestión de las especies han sido muchas. Esto no ha impedido que, en el pasado 27 de julio, se haya celebrado dentro del contexto de la tradicional Festa da caza de Lobios la primera subasta de un lote de cabra montés en la historia de Galicia.

Los siete machos ‘trofeo’ y los seis individuos selectivos, entre machos y hembras, partieron en la subasta de 15.000 euros, por lote entero, y llegaron, a sobre cerrado, a un valor de 26.774,15 euros, impuestos incluidos.

El feliz adjudicatario no fue otro que la conocida orgánica gallega Santa Mariña Riveira Sacra SL, que ha terminado, el día 31 de octubre, con el cupo de selectivos, para empezar, ya pronto, a cazar los medallables con ese regusto a miel en los labios que se les ha quedado al ver la gran cantidad de machos, que sin haber llegado el celo, tapizan ya estas sierras.

Un dato que ha llamado poderosamente la atención ha sido que el precio de los machos trofeo que ha puesto el adjudicatario es cerrado y sin límite de puntos. Soy de los que no les gustan las sorpresas y ésta me parece una medida económicamente interesante y adecuada a la seriedad que requiere lo cinegético.

Algunos de estos avistamientos tan abundantes justifican, más si cabe, la necesidad de control de unas poblaciones que, cuando medran en exceso, son presa fácil de la sarna y otras epizootias que diezman con mucha facilidad su número.

Hay que reconocer el trabajo bien hecho del profesor Enrique Valero, algo que últimamente no está muy de moda en España, bajo cuya dirección, la Facultad de Forestales de la Universidad de Vigo ha culminado –con ese Plan de Caza de la Capra pirenaica victoriae del Xurés– exitosamente el proceso de reintroducción de una especie, que el mismo Valero, en aquel momento subdirector de Caza y Pesca de la Xunta, había iniciado en los años noventa mediante la translocación de los primeros ejemplares desde Gredos.

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Una história… ¿épica o romántica?

Cabrera, en 1911, describió entre las cuatro subespecies de monteses ibéricas a la Capra pirenaica pirenaica o bucardo del Pirineo, ahora también desaparecido, y a la Capra pirenaica lusitánica, que ya había desaparecido de los montes galaico-portugueses en el siglo XIX. Nos quedan pues, dos subespecies que, gracias a Dios, y a no poca gestión, hoy nadan en la abundancia: la Capra pirenaica hispánica, más al sur de la Península, y la Capra pirenaica victoriae, en la zona central, sobre todo Gredos, que constituye el origen de estas otras Victoriae, ya galaicas, y tan bien adaptadas al entorno transfronterizo del Parque Natural del Xurés, del lado gallego y del Parque Nacional Peneda Gêres, en la vertiente lusa.

Hablaba de que el proceso de reintroducción culmina ahora con este primer año en que se puede decir que hacemos historia cinegética en Galicia al sacar a concurso estos lotes, que son recompensa de un éxito medioambiental sin paliativos.

Pero todo comenzó allá por el año 1989, o quizá el 1990, en que ante la inquietud por restituir el esplendor de las monteses a aquellas tierras que antaño habían ocupado, el por entonces presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga, instó al subdirector de Caza, a la sazón Enrique Valero, para que, con más ilusión que medios, pusiese en marcha el proceso de reintroducción de las monteses en Galicia, más concretamente en la zona de A Límia que pretendía dinamizar turísticamente, además de por sus calidades termales y gastronómicas, también promoviendo su potencial cinegético de alta capacidad económica, cosa que, a día de hoy, se ha demostrado como hecho cierto.

Pues, dicho y hecho. Como antes he reseñado, con más ilusiones que medios, e incluso el ‘lujazo’ de un Land Rover, el Subdirector de Caza y un escaso equipo de veterinarios dirigió la expedición y se plantó en la Sierra Norte de Gredos, donde Domingo Blázquez, el mítico guarda, los recibió. Conseguir, en aquel momento, que fuese recibida la expedición gallega y que el germen de lo que hoy es una nueva riqueza a nivel ambiental para el Xurés, viajasen hasta Galicia, amén de las dificultades de captura, no fue fácil.

Hoy las monteses ibéricas están siendo repobladas en el Pirineo francés como si nada, pero, en aquel momento, que Castilla y León se animase a desprenderse de unas cuantas monteses para repoblar los montes gallegos fue casi tan difícil como conseguir la fórmula de la Coca Cola.

El propio Manuel Fraga, según se contaba en los mentideros políticos de la época, se vio obligado a llamar, e incluso mostrarse muy insistente, al que por aquel entonces era presidente de la Comunidad castellanoleonesa, Juan José Lucas. Cierto o no, la cosa es que, a su regreso, un pequeño lote de machos y hembras tendrían un nuevo hogar en la finca propiedad de la Xunta en los Montes de Invernadeiro.

Los cuatro machos y ocho hembras iniciales parece que supieron sacarle rendimiento al cercado de aclimatación de 80 hectáreas del hoy llamado Parque Natural de los Montes do Invernadeiro. Siete años más tarde, en 1997, la simiente había producido hasta 71 animales, por lo cual, 20 de esos ejemplares fueron de nuevo translocados a distintos puntos de la Sierra del Xurés, que era su objetivo final, sobre todo al Concello de Lobios.

Aunque la relación al principio era de un macho por cada dos hembras, posteriormente cambió, hasta aproximadamente equilibrarse en las posteriores repoblaciones. Siempre trabajaron con cercados de aclimatación, también en el Xurés, similares a los existentes en los Montes del Invernadeiro.

Nadie daba un duro por aquella romántica y casi secreta expedición a Gredos, en el año 1990… Pero la naturaleza, el esfuerzo de aquel equipo que encabezó Enrique Valero y las ganas de brindar nueva riqueza y fuentes de ingreso a una comarca fronteriza y de alta montaña, de quienes fueron unos visionarios, constituyó una prueba ampliamente superada.

Esas monteses de Gredos, hoy gallegas, han progresado en tal número que, no reconociendo fronteras, han poblado el lado portugués, dentro del marco de trabajos transfronterizos, aunque alguna repoblación se hizo también en suelo luso.

La naturaleza algunas veces es destructora, pero todas las veces crea vida o acelera procesos como ocurrió en algún caso fortuito, en que los incendios de 2011 propiciaron que las cabras escapasen del cercado de Salgueiro y se esparciesen quizá antes de lo pensado. Al final no hay mal que por bien no venga.

La realidad es que no sólo tenemos una población de cabras monteses de gran calidad en el Xurés. En los propios Montes del Invernadeiro, donde fueron concebidos los primeros cercones de aclimatación, existen hoy un número muy importante de monteses, que actúan en principio como reservorio de diversidad genética. Pero que también están sufriendo un proceso de expansión, esta vez ya en el Macizo Central Orensano, donde ya no se hace extraño avistar también aquí algún grupo ya interesante.

360 - Cabra montes en Galicia

Dinamización económica en el Xurés

Puestos en contacto con nuestro amigo Javier, el Lusitano, quien es promotor y enamorado de todo lo que beneficie a la caza en su Concello de Lobios, nos confirma que este primer año ya se ha notado una interesante dinamización económica alrededor de la caza de las monteses gallegas.

Como hotelero que es y absolutamente recomendable restaurador, ha visto como este primer año puede ser el preludio de un futuro aún mejor alrededor de la caza y la dinamización económica que arrastra. Piensa que, a nivel internacional, están todavía por llegar todos aquellos trofeístas que pueden tener íbices cazados en el mundo entero, pero de Galicia no. Si desean estos trofeos de hermosos ejemplares de C.p. victoriae, tendrán que venir aquí y cazarlos, porque estas sierras abruptas nada tienen que envidiar a los mejores destinos monteses del mundo.

Yo, personalmente, estoy en total y absoluto acuerdo con Javier, el Lusitano, los que quieran cazar monteses, aquí en el Xurés, en la frontera orensana con Portugal, no sólo van a disfrutar del monte y sus monteses, sino que disfrutarán, sin duda, junto con sus familias, si así lo prefieren, del termalismo, los balnearios de altísimo nivel, paisaje, senderismo, rutas a caballo y, claro, como buenos seguidores del gran Álvaro Cunqueiro que somos, también del buen yantar…

Absolutamente imprescindible conocer los callos limiaos del restaurante de Javier, el Lusitano. ¡Qué no todo va a ser caza y gestión! Todo debiera ser caza y digestión, que aquí, en el Parque Natural del Xurés será magnífica, se lo aseguro.

Bien está lo que bien acaba y así, delante de un plato de esos famosos callos limiaos y de un vino mencía, podemos hablar de caza, de aquel sueño que tuvo un cazador llamado Fraga, y que tantos quebraderos de cabeza le costaron a otro cazador e ingeniero de montes, Enrique Valero, y a su equipo. Sobre todo, podemos congratularnos de que todo ello se haya convertido hoy en una realidad de buena gestión alrededor de la cabra montés de Galicia.

Alrededor estas delicias gastronómicas hemos terminado disertando con El Lusitano. Hemos recordado lo bueno que en estas sierras se ha hecho con la gestión de la cabra y nos hemos intentado olvidar de lo mucho que hay que hacer con el abismo que se cierne sobre el corzo y el jabalí, en tanto no se quiere ver, tampoco, el problema que significa una población excesiva de lobo tanto en éstas, como en otras sierras de la Galicia más agreste.

 

Por Francisco Chan.

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