Algunas respuestas sobre el hábitat de las corzas y su área de campeo

El corzo es una de las especies más apreciadas por los amantes de la caza mayor que, año tras año, salen al campo en primavera con la ilusión de disfrutar del duende del bosque y practicar una modalidad de caza, el rececho, apasionante por su selectividad, dificultad y necesidad de conocimiento del entorno en el que se practica y, por supuesto, del comportamiento y “querencias” de la especie.

No son pocos los estudios que han tratado de analizar que hábitat prefieren los corzos y de que dependen sus áreas de campeo, esto es, la superficie por la que se desplazan.

Así, Tufto y colaboradores consiguieron marcar con collares de radioseguimiento 35 corzas para, precisamente, aportar más información sobre estos aspectos.

Los autores comprobaron como las corzas ajustaron el tamaño de su área de campeo en función de la disponiblidad de alimento, de modo que trataron de ocupar el área mínima necesaria para cubrir sus necesidades energéticas, sin dispersarse más de lo necesario.

Por otro lado, uno de los factores determinantes fue el grado de cobertura vegetal del entorno y, por tanto, la visibilidad a la que estaban expuestas, de modo que cuando el hábitat era menor frondoso y la visibilidad era mayor por la ausencia de esa vegetación que dificultaba que los animales pudieran ocultarse con facilidad, las áreas de campeo eran mayores.

Se observó además que las corzas pasaban más tiempo en márgenes entre diferentes tipos de hábitat, buscando por un lado espacios para alimentarse sin alejarse demasiado de las zonas más densas donde estaban más protegidas. Además no solo parece que esta ubicación responda a la combinación alimento-protección, sino que también parece tener importancia la presencia de diferentes tipos de nutrientes complementarios en la dieta del corzo, según la vegetación disponible en cada entorno.

Además, comprobaron también que aquellas hembras que no tenían cría presentaban menores áreas de campeo que las que si la tenían. Los autores apuntan a que es posible que precisamente debido a que las hembras sin cría cuentan con menores necesidades energéticas, por tanto, no necesitan llevar a cabo grandes desplazamientos para cubrirlas a diferencia de las que si la tienen.

Por último, los análisis de selección de hábitat por parte de las corzas mostraron que las áreas de bosque o matorral con mayor cobertura y mayor disponibilidad de alimento eran de elección sobre el resto, lo que sugiere que ambos factores, cobertura y alimento, son los determinantes en cuanto a la selección de hábitat por parte del corzo.

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Referencia del artículo:

Tufto, J., Andersen, R., & Linnell, J. (1996). Habitat use and ecological correlates of home range size in a small cervid: the roe deer. Journal of Animal Ecology, 715-724.

Por Ciencia y Caza

 

 

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