En el punto de mira. El reglaje del visor

Tras la limpieza del arma llega la asignatura pendiente del cazador de mayor, sin duda: la puesta o reglaje. Un porcentaje aún muy pequeño se atreve a enfrentarse a la regulación, prefiriendo la gran mayoría encargárselo, por lo general, a algún armero o conocido acostumbrado a hacerlo habitualmente. ¿Cuántas veces ha oído eso del temer ponerlo peor que está? Al final es, simplemente, un problema de inseguridad motivada por una nula confianza en la propia capacidad de tiro y en los escasos conocimientos técnicos. Se pierde con ello una magnífica oportunidad para familiarizarnos con nuestra arma, dejando palpable una visible carencia en cultura cinegética y en formación.

Mientras en otros países el entrenamiento del cazador es una práctica habitual, aquí raro es el que dedica una cierta periodicidad a la tarea, llegando, como mucho, a llevar su equipo a comprobar cómo está justo al comenzar la temporada. Hay que reconocer que la legislación y las instalaciones deportivas no son ni mucho menos lo deseable, sorprendiéndome siempre cuando viajo al norte y tengo la oportunidad de tirar allí. La oferta con la que cuentan va desde las canchas más ostentosas a las galerías subterráneas o a las siluetas móviles, no olvidado los campos de tiro casi improvisados, sabedores de que el cazador no es ningún delincuente y que, con poco más de un talud, el tema de la seguridad está completamente resuelto. Bueno, bueno, volvamos a la realidad de la piel de toro, la ley es clara aquí: si quiere tirar y practicar debe hacerlo en una cancha oficial y homologada.

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