En portada. El sueño de una noche de verano

Inmersos en el verano podemos disfrutar de una de las modalidades por excelencia para los amantes de la caza del jabalí: la espera o aguardo, un modelo de aprovechamiento que levanta pasiones entre aquellos que han tenido ocasión de pasar alguna noche de luna apoyados contra una carrasca al encuentro del macareno soñado.

Sólo los que lo han vivido pueden contar con satisfacción como cambia el monte por la noche, rincones de sobra conocidos que desvelan secretos no percibidos de día, olores intensos a jara, a polvo o a verde, sonidos que sorprenden y se hacen profundos o sombras que, como diría Don Quijote a su buen amigo Sancho, parecen gigantes con ganas de pelea. Esa emoción, que la actividad cinegética lleva asociada, se magnifica con la ausencia de luz y genera una irresistible necesidad de repetir una vez que sales por primera vez.

Sin dejar de lado la pasión inherente a la caza, conviene en todo caso ir haciéndonos una serie de preguntas que avalen el interés de esta modalidad y, sobre todo, contribuyan a su realización con éxito.

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