Finca de caza española invadida por ciervos refleja la crisis que ha golpeado al país

Fuente: emol.com

El desarrollador español Luis González Chozas solía vanagloriarse de la nobleza de los caballos de su finca de caza de 600 hectáreas ubicada al abrigo de las colinas de San Pedro, una de las mejores de la región para la caza de jabalíes y ciervos.

Hoy, apenas dos años después de que el banco se quedó con su propiedad, las ovejas salvajes deambulan en libertad y, al no haber caza, la población de ciervos se ha multiplicado más de cinco veces, dijo Fabián Vinagre, cuidador de la finca cercana a la ciudad española de Cáceres, ubicada a 305 kilómetros al oeste de Madrid. Por estos días, llegan pocos visitantes. Quien los recibe es la Sareb, el banco malo de España, que está tratando de vender la propiedad antes de que los animales terminen de apoderarse de ella.

La historia de la finca, llamada La Ruda y el Moro, refleja la trayectoria de un ciclo de auge y crisis inmobiliarios que hizo que España tuviera el crecimiento más veloz desde su retorno a la democracia en 1978 y luego obligó al país a aceptar un rescate de 41.000 millones de euros (US$ 56.000 millones) para sus bancos en medio de una desaceleración económica de cinco años. La propiedad es parte de un grupo de por lo menos cuarenta fincas procedentes de las entidades de préstamo de las que se ha hecho cargo la Sareb y de unos 200.000 activos vinculados a bienes raíces con un valor de 50.400 millones de euros que la sociedad debe vender en el término de quince años para sanear la economía.

“Somos conscientes de que estas propiedades pueden degradarse rápidamente si no se las usa y por eso queremos devolverles un uso productivo lo más rápido posible”, declaró Álvaro Escribano, director de desarrollo de suelos de la Sareb. “Por cada minuto que esta tierra sigue en nuestra manos, pierde valor”.

Misión de la Sareb

La Sareb tiene como misión vender los activos inmobiliarios que le fueron transferidos por ocho bancos y cajas que, como el grupo Bankia, recibieron ayuda del Estado cuando el gobierno saneó su sistema bancario con los fondos del rescate europeo. El interés de los inversores en las propiedades está creciendo en tanto los esfuerzos de la Sareb para deshacerse de centros comerciales, viviendas residenciales, edificios de oficinas y préstamos a desarrolladores ayudan a fijar precios de referencia para las ventas, dijo Sergio Amelio, responsable de operaciones de HipoGes en Madrid, compañía de gestión de activos de empresas en dificultades que administra 2.300 millones de euros.

Los salones del pabellón de caza donde antes colgaban decenas de trofeos han sido vaciados y el único indicio de que los establos para quince purasangres estaban en uso es una pila de cascarilla de arroz que servía de cama para los animales. Los azulejos que se hallan al pie de la escalera que lleva a los tres dormitorios del sector principal del pabellón tienen escrita la fecha en que se construyó La Ruda y el Moro en 2002, antes de que los préstamos inmobiliarios españoles se multiplicaran casi por ocho hasta llegar a un máximo de 325.000 millones en 2009.

Crisis inmobiliaria

La crisis resultante dejó sin empleo a 1,3 millones de trabajadores del sector entre 2008 y 2012 en momentos en que la cantidad de empresas constructoras que buscaban protección de los acreedores saltó de 1.064 por año a 2.349, según los datos del Ministerio de Obras Públicas.

El crack obligó a España a nacionalizar cuatro entidades de préstamo incluido el grupo Bankia, cuyo rescate estatal de 22.400 millones de euros dejó a sus accionistas prácticamente destruidos financieramente.

En 2011, González Chozas, presidente de la desarrolladora de propiedades Construcciones Mego, que operaba en las regiones de Andalucía y Extremadura, se vio obligado a transferir la finca a Liberbank, una antigua entidad de préstamos que recibió 124 millones de euros de ayuda estatal. La Ruda y el Moro era parte de 2.900 millones de euros de activos vinculados a propiedades que Liberbank luego transfirió a la Sareb en febrero.

Una recorrida realizada el mes pasado por la finca reveló las consecuencias que está teniendo la falta de uso de sus edificios, mientras los animales silvestres y de caza proliferan en este rincón de Extremadura, provincia escasamente poblada que bordea Portugal. La casa del dueño está sin muebles y sin artefactos de iluminación y hay manchas de humedad en las paredes de un patio andaluz donde antes aquel recibía a los visitantes de la propiedad y el stud de caballos.

La Sareb valuó la finca en 3,7 millones de euros frente a un precio de 5 millones de euros hace unos tres años, antes de que fuera transferida a Liberbank, antigua entidad de préstamo que nació de la fusión de tres cajas de ahorro entre las que se contaba Caja de Extremadura. Esta estimación toma en cuenta que el nuevo dueño podría tener que gastar 500.000 euros para restaurar la propiedad, dijo Escribano de la Sareb.

Criar cerdos

La tierra, que tiene abundancia de bellotas, podría utilizarse para la cría de cerdos y el nuevo propietario podría cosechar corcho de los robles cada nueve años, dijo el cuidador Vinagre. La posible infección de turberculosis que afecta a las manadas de grandes ciervos que viven en la tierra haría más difícil la cría de ganado, agregó.

En los últimos dos años, varios posibles compradores han venido a mirar la finca, incluidos un torero y un hacendado con propiedades en Argentina, indicó Vinagre. En su opinión, quien quiera comprar la propiedad ante todo debe amar el campo y la cultura cinegética de España, expresó. Dijo que acaba de disfrutar en primera fila de uno de los mejores espectáculos del campo español: el periodo anual de celo de los ciervos o berrea, cuando los machos pelean entre sí usando sus astas para conquistar a las hembras durante la temporada de apareamiento de septiembre.

En su momento de mayor auge, cuando pertenecía a González Chozas, la finca era uno de los mejores cotos de caza de Extremadura, explicó Antonio Pavón Jaraiz, que dirige Monteros de Sopetrán, firma que organiza excursiones de caza de ciervos y jabalíes en la región. “Era una finca muy cuidada con caza magnífica”, señaló Pavón Jaraiz en entrevista telefónica. “No es el tipo de propiedad que uno compra para tener retorno de la inversión: uno la compra por el placer de tenerla”.

González Chozas, por su parte, ha tratado de buscar nuevos horizontes. Mego ahora trata de aprovechar oportunidades de desarrollo inmobiliario en Perú, donde el empresario ve un “gran futuro”, le dijo el año pasado a Emprendedores TV, canal peruano de Internet de entrevistas de negocios.

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