La caza como una garantía de salvaguarda medioambiental (XII): el conejo (1ª). Por Antonio Conde

Caso concreto: el conejo de monte (I)

Del conejo, como especie cinegética en la base de la cadena trófica, pueden sacarse tantas o más conclusiones que con el lobo como especie predadora. Pese a no tratarse de fauna protegida, es pacífico que compone la dieta básica de la especie protegida más emblemática de la península Ibérica, el lince, así como de la mayoría de las especies predadoras protegidas, por lo que lo incluimos en este apartado.

El conejo de monte (Oryctolagus cuniculus), ha sido la especie más numerosa de la península Ibérica, hasta el punto de que hay quien defiende que Hispania significaba “tierra de conejos”; hoy no está tan claro. Es cierto que ha sufrido dos grandes epidemias cuyos efectos continúan; la mixomatosis y la hemorragia vírica, que limitaron sus poblaciones hasta menos de la vigésima parte de lo que eran, pero hoy día se hace necesario hacer un examen del pasado y un análisis del presente que no esté condicionado por la repetición mántrica de las afirmaciones interesadas o erróneas que se hicieron hace casi 20 años.

En la vega de Las Ventas con Peña Aguilera.

Se da la circunstancia de que el conejo ha pasado de especie casi testimonial en los Montes de Toledo a plaga en otras zonas donde antes era casi testimonial, como La Sagra, la Mesa de Ocaña o las llanuras de La Mancha. Me parece claro que la afección de las antedichas enfermedades no puede ser muy diferente entre ambas zonas, máxime cuando las epidemias antes citadas se extendieron por toda España sin freno geográfico u orográfico alguno hace no demasiados años. Por ello es forzoso considerar que la enorme diferencia de densidad de conejos entre las otrora zonas conejeras y las actuales, no puede ser achacada a una diferente respuesta ante esas enfermedades. Respecto a la presión cinegética, en las otrora zonas cinegéticas la caza del conejo es puramente testimonial, siendo prueba suficiente de su bajísima densidad la desaparición de las antes tradicionales ‘mallas conejeras’ que se instalaban en el perímetro de las siembras para defenderlas de los conejos. Quiero decir que si hubiera conejos pero sus densidades bajasen anualmente por presión cinegética, es forzoso que hubiera daños en las siembras, a menos, al principio de temporada; pero no es así. Para realizar este estudio se han realizado visitas a fincas situadas en Mazarambroz, Las Ventas con Peña Aguilera y Pulgar. Se han realizado recorridos por caminos para comprobar la existencia de siembras dañadas por conejos, siendo el resultado absolutamente limitado y constatando en la mayoría de los casos, bien no había instaladas mallas conejeras, bien la que había llevaba muchos años instalada, sufriendo desperfectos o caídas por multitud de puntos sin que ello hubiera originado daños destacables a las siembras. En la siguiente galería se pueden ver fotografías de siembras en dichos cotos.

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Paralelamente, la explosión de conejos en otras zonas no es una simple frase no probada, al más puro estilo ecologista. Muy por el contrario, en los últimos cinco años ha habido hasta tres declaraciones de emergencia cinegética, siendo la más extensa la de 2017, cuya publicación, al igual que las anteriores, se adjuntan a este trabajo en los ANEXOS.

De igual forma, para mejor comprensión, se adjunta mapa de las provincias de Ciudad Real y Toledo, en el que se marcan en diferente color la zona definida e incluida en el Plan de Gestión del Conejo de Monte (coincidente con la LIC de protección del lince y con las ZEPAs de águila imperial, águila real y buitre negro) así como los términos municipales afectados por la emergencia cinegética del conejo. Podrá comprobarse que esta emergencia por exceso de conejos se está dando fuera de la zona del Plan de Gestión del Conejo de Monte. Únicamente existe una superposición en el término municipal de Consuegra, pero hacemos constar que se trata de un término muy alargado en el que sólo en su cara sur coincide con la zona de recuperación del conejo, mientras que las declaraciones de emergencia cinegética se hacen (hasta ahora) por términos municipales completos.

 

Plano de las diferentes figuras de protección que existen en las provincias de Ciudad Real y Toledo.
Municipios de Ciudad Real afectados por la declaración de emergencia cinegética del conejo.
Municipios de Toledo afectados por la declaración de emergencia cinegética del conejo.

Tanta diferencia en zonas absolutamente vecinas y no tan lejanas geográficamente, evidentemente no puede ser achacado a enormes diferencias de comportamiento de virus, bacterias o miasmas. Muy por el contrario, sólo puede existir una diferencia clave entre zonas; la predación. Ello es así porque en las nuevas zonas conejeras no existe un paisaje y una vegetación que permita el ocultamiento de predadores, la nidificación de aves rapaces o el ocultamiento generalizado de madrigueras de zorros, hurones o meloncillos. Se da en esas zonas una predación muy inferior a la que existe en las zonas de monte bajo, que antes eran el paraíso poblacional del conejo; y por eso hay tanto conejo, incluso concediéndose todos los años permisos extraordinarios para su captura, ya sea durante la temporada de caza, fuera de ella, o con métodos tan radicales como es la caza con hurón y capillo. Es más, la declaración de zonas de emergencia cinegética ya es algo recurrente en los últimos cuatro años.

“Dicho de otro modo, en estas nuevas zonas conejeras existe una mayor presión cinegética (y más desordenada) de lo que jamás hubo en las otrora zonas conejeras, y aun así hay muchos conejos y su población va en aumento”.

Dicho de otro modo, en estas nuevas zonas conejeras existe una mayor presión cinegética (y más desordenada) de lo que jamás hubo en las otrora zonas conejeras, y aun así hay muchos conejos y su población va en aumento. Suele decir el refrán que si tiene pelo, cuatro patas y maulla, es gato, no perro. Pues de igual forma, en este caso parece clara la conclusión; son los predadores.

Yo mismo escribía en el 2009 un artículo en la revista Hunters que se titulaba Del conejo de monte al conejo de llano, que por desgracia ha resultado premonitorio de la actual situación, no por dotes adivinatorias, sino porque ya entonces el campo daba señales inequívocas de lo que iba a pasar y que la Administración no supo o no quiso ver.

Sea como fuere, la realidad es que la ausencia de conejo dificulta de forma clara, no sólo la legítima explotación cinegética, sino la misma supervivencia de otras especies protegidas de primer orden, como por ejemplo, el lince.

“Los esfuerzos de reintroducción del lince vienen chocando contra un muro inexpugnable, como es la ausencia de presas que permitan su supervivencia”.

Los esfuerzos de reintroducción del lince vienen chocando contra un muro inexpugnable, como es la ausencia de presas que permitan su supervivencia. El enorme esfuerzo económico que se está haciendo para conseguir logros puntuales no viene sino a ratificar esta situación. Así, su aclimatamiento se hace en enormes parques impermeables donde periódicamente se hacen sueltas de conejos (en bastantes casos incluso domésticos), que no pueden escapar de los parques. Sin embargo, luego su libertad se dificulta o impide por la ausencia de conejos, obligándoles a esfuerzos de dispersión que demasiadas veces acaban con sus vidas en accidentes de carretera u otros de carácter más doméstico, como ha llegado a ser su ahogamiento en balsas de riego en zonas humanamente pobladas. También se ha observado que la supervivencia de bastantes de los especímenes liberados (todos procedentes de cría en cautividad) ha dependido de un cambio en sus hábitos naturales, mediante la caza de pequeños cérvidos (principalmente crías de corzo), gallináceas u otro tipo de aves, que antes no formaban parte principal de su dieta tradicional. Incluso, aunque no quiera ser reconocido por la Administración, debe analizarse si los linces (al igual que lo hacen otras muchas especies) obtienen su dieta de los animales que son atropellados en la carretera, que no constituiría propiamente una mutación a carroñeros, dado que se trataría de piezas recién muertas. Esta posibilidad, que llevo barajando desde hace años, dado el gran número de atropellos de lince y que siempre ha sido negada por los responsables técnicos de la Administración ambiental de Castilla-La Mancha, me ha sido ratificada por personas de mi máxima confianza, que han avistado un lince comiendo conejos recién atropellados por la noche ¡EN LA AP-41! Soy consciente de que esta afirmación no puede ser probada, porque, evidentemente, ese avistamiento se realizó durante una conducción de rutina, sin que el vehículo dispusiera de cámaras de grabación de la conducción. No obstante, ahí dejo estos testimonios, siendo responsabilidad de la Administración aplicar todas las medidas necesarias para evitar dichos atropellos.

Un artículo de Antonio Conde Bajén

Fotografías: Antonio Conde (galería de siembras en cotos) y Adolfo Sanz (generales)

Señalización de ‘peligro paso de linces’ en la carretera CM-410 entre las localidades toledanas de Cuerva y Mazarambroz.

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