La caza como una garantía de salvaguarda medioambiental (XIV): el conejo (3ª). Por Antonio Conde

Caso concreto: el conejo de monte (III)

Continuando con el examen del Plan de Gestión del Conejo de Monte, en este apartado trataremos sobre las causas de la disminución de la población.

  • Causas de la disminución de la población

Es evidente que el Plan, para ser creíble incluso tras una sola y somera lectura superficial, debía contener alguna referencia a los predadores en su análisis poblacional, lo cual venía exigido para haber obtenido su aprobación por el colectivo de gestores de coto. Pero ¿es esa mención objetiva, correcta y suficiente? En absoluto. Los predadores se citan en varios puntos del Plan de forma discontinua e inconexa. El primer punto en el que esa cita se hace dentro de un argumentario con contenido es en el 1.9, en el que se exponen las conclusiones (es decir, que aparecen en ellas sin haber sido objeto de examen previo), y lo hace de la siguiente forma:

5) La abundancia de predadores generalistas, provocaría que en determinadas zonas mantienen al conejo en bajos niveles poblacionales evitando su recuperación; es el denominado “pozo del depredador”.

“El primer punto del Plan en el que esa cita a los predadores dentro de un argumentario con contenido es en el 1.9, hasta llegar a ese punto 1.9, el Plan contiene muchas referencias a la caza”.

Sin embargo, es de destacar que, mientras el Plan hasta llegar a ese punto 1.9 contiene muchas referencias a la caza (se llega incluso a hablar del estrato socioeconómico del cazador de conejo, lo que influiría poco en la población) esta simple afirmación es la mayor profundidad de análisis que podremos encontrar hasta llegar a esas conclusiones del punto 1.9.

Más adelante, en la Parte III, “recomendaciones y orientaciones para el fomento de las poblaciones de conejo a nivel local, cotos de caza” se dice lo siguiente:

La abundancia de las poblaciones de conejo viene determinada por el equilibrio que existe entre la productividad de la especie y la mortalidad. La productividad, además de por características intrínsecas de la especie, está determinada por el hábitat. La mortalidad por su parte está determinada por múltiples factores: enfermedades, caza, depredación y el hábitat, que influye sobre los anteriores.

Las enfermedades es uno de los factores que determinan la mortalidad del conejo de monte.

Para que este equilibrio se altere y una población de conejos disminuya en densidad o incluso desaparezca, es suficiente que aumente uno solo de los factores que incrementan la mortalidad o disminuyen la productividad”.

Pese a la pretendida objetividad, obsérvese que se cita a la caza como la segunda causa que determina la mortalidad, por detrás de las enfermedades (en principio y en ese momento indiscutible primera causa) y por delante de la depredación, ¿es esto una casualidad? Es cierto que no se numeran por importancia, pero es curioso que la primera en orden sea la principal, la segunda sea objeto de un amplísimo tratamiento en el Plan y que la tercera, en ese punto del Plan, apenas haya sido objeto de tratamiento. Es cierto que es precisamente a continuación cuando el Plan se extiende en medidas de protección de la depredación (punto 3.1.3.), pero es sorprendente que el propio Plan reconozca la exigencia de estas medidas sin ir antecedidas de un solo párrafo dirigido a determinar la intensidad de esa afección a la población de conejos o tan siquiera la cuantificación de la afección de cada una de las especies depredadoras. Esto es así porque tal estudio no existe: se ha hecho un Plan de Gestión del Conejo de Monte sin que se haya hecho un solo esfuerzo para determinar y cuantificar lo que a muchos nos parece obvio; que la predación es causa fundamental y principal en la disminución del conejo.

¿Qué consecuencias tiene esto? La absoluta indefensión del gestor de caza, que no podrá objetar ante la Administración una afección innegable pero no cuantificada para exigir las propias medidas que el Plan propone, aunque las que propone son tan etéreas que se hacen ineficaces, como lo prueba la misma realidad. Analicémoslas y veamos por qué decimos que su ineficacia está demostrada.

Se señalan las siguientes medidas:

El Plan de Gestión del Conejo de Monte dice que “en el caso del zorro, el periodo más adecuado para practicar este control es de forma previa y durante su periodo reproductor, ya que la eliminación de reproductores en esta época disminuye la producción de jóvenes”.

a) Control directo de predadores.

Aplicable exclusivamente a especies cinegéticas como el jabalí o el zorro y especies domésticas asilvestradas como perros asilvestrados y gatos cimarrones, que son por su cuantía los que ejercen un mayor impacto sobre los conejos. Los métodos utilizables son los autorizados por la legislación vigente, teniendo en cuenta que en algunas situaciones se deberá tener en cuenta la excepcionalidad recogida en la legislación cinegética para el control de estas especies.

En el caso del jabalí es recomendable el control de sus poblaciones mediante batidas en el periodo hábil para su caza y/o aguardos nocturnos.

En el caso del zorro, el periodo más adecuado para practicar este control es de forma previa y durante su periodo reproductor, ya que la eliminación de reproductores en esta época disminuye la producción de jóvenes. La desventaja de este método es que sus efectos perduran mientras se mantiene este control sobre las poblaciones de depredadores, siendo necesario mantener un esfuerzo constante y en amplias zonas durante años.

Antes de iniciar un control de predadores, hay que tener presente la existencia de especies amenazadas y en particular la de grandes superpredadores, que colaboran en el control de la depredación mediante el control de mesopredadores, como el zorro, gato montés, jineta, etc.

El hábitat es un factor determinante tanto para la productividad como para la mortalidad del conejo.

b) Control indirecto de predadores mediante manejo del hábitat.

La estructura y fisonomía del hábitat es uno de los principales factores que condicionan el impacto de depredación; en hábitats favorables los conejos tienen más posibilidades de evitar a los depredadores.

Medidas eficaces para disminuir la depredación son:

–Incrementar la cobertura vegetal natural.

–Fomentar las lindes y setos no lineales.

–Construir refugios y madrigueras artificiales.

–Disminuir la distancia entre las zonas de refugio y alimentación de los conejos.

–Procurar que las áreas de refugio o de vegetación natural no sean excesivamente pequeñas o que sus bordes sean irregulares.

–El cierre de vertederos de residuos sólidos urbanos, especialmente los no cercados.

–La recogida de animales muertos, evitando el mantenimiento de elevados niveles de densidad de carnívoros generalistas (zorros, perros asilvestrados y gatos cimarrones). El ganado muerto abandonado en el campo puede multiplicar varias veces la población de cánidos.

Las ventajas del control indirecto respecto al directo de los depredadores, es que estas medidas son perdurables y eficaces a largo plazo, y que con el mismo esfuerzo, además de reducir el impacto de depredación se potencia la idoneidad del hábitat para la reproducción del conejo

Sobre este texto transcrito debemos hacer las siguientes observaciones:

1.- La afirmación de que la mayor predación sobre el conejo corresponde a zorros, gatos cimarrones y perros asilvestrados no está sustentada en base alguna; sólo en que se afirma que su número es mayor que el de otros predadores. No obstante, y pese a que el zorro es incontestablemente la especie con mayor número de especímenes, la afirmación de un mayor número de gatos cimarrones y perros asilvestrados frente a otros es absolutamente gratuita. Piénsese que, de esta forma, se está derivando siempre la responsabilidad en el hombre, porque esos perros y esos gatos tendrían un origen doméstico; siempre el hombre.

Pero no puedo compartir esa idea. Los perros asilvestrados son perfectamente detectables, tanto por su gregarismo, sus hábitos diurnos, como por su tamaño. Los gatos cimarrones son más difíciles de ver, pero por su color destacan sobre otros felinos silvestres.

“El jabalí sólo es especie predadora del conejo de forma muy limitada y concretada a gazapos”.

El jabalí sólo es especie predadora del conejo de forma muy limitada y concretada a gazapos muy pequeños que todavía no abandonan los vivares, porque ningún jabalí es capaz de capturar a la carrera a un conejo que corra, por pequeño que sea.

Por ello se insiste en una intención de querer desviar la atención de la principal causa de predación del conejo, que no el hombre ni las consecuencias de su gestión en el medio ambiente.

2.- Se aconsejan los métodos indirectos sobre el hábitat frente a los directos sobre las especies predadoras, por ser más efectivos y duraderos. Ahora bien, tendrá que reconocerse que todas esas medidas ambientales ya existen en las zonas que el propio Plan señala como principal hábitat del conejo, ya que se refieren al mantenimiento de zonas de cobertura vegetal. El Plan, en su punto 1.8 señala como zonas de más abundancia precisamente la zonas donde estas medidas son innecesarias, porque ya existen. Igualmente, en el punto 2.3 dice: “Existe una clara relación entre la zonificación establecida en los planes de recuperación del águila imperial y lince ibérico y las zonas de presencia del conejo a nivel nacional. Esta correlación es más evidente entre las zonas de dispersión del águila imperial y la abundancia de las poblaciones de la especie.” Le falta decir “hay conejos donde dice este Decreto y por decreto”, porque cualquier conocedor de esta geografía se echará las manos a la cabeza, dada la casi desaparición del conejo precisamente en las zonas señaladas, que no están precisamente huérfanas de esas zonas de cobertura vegetal que el Plan considera como la panacea frente al exceso de predación. No obstante ahondar más adelante sobre este tema, no podemos desaprovechar la ocasión para señalar otra incongruencia entre las afirmaciones del Plan y la empecinada realidad.

En el punto 2.3 el Plan dice: “Existe una clara relación entre la zonificación establecida en los planes de recuperación del águila imperial y lince ibérico y las zonas de presencia del conejo a nivel nacional”.

3.- En el mismo punto 3.2 del Plan, titulado “control de predación”, se señala que “la presencia de superpredadores de la comunidad de carnívoros en un determinado territorio presenta un efecto positivo sobre la población de conejos. Al necesitar unos niveles poblacionales de conejos más elevados que las poblaciones generalistas, eliminan la competencia de estos depredadores. Dicho de otro modo, al matar el superpredador a los depredadores generalistas, la depredación sobre el conejo disminuye permitiendo niveles poblaciones superiores de esta especie. Así, en áreas de presencia de lince, la densidad de las especies de carnívoros más pequeños (mesopredadores) y de los predadores generalistas disminuye hasta niveles muy bajos, dándose el caso de que en algunos lugares la presencia de estos parece ser meramente ocasional.

No puedo dejar de preguntar a los autores de este Plan a qué zonas con presencia de lince se refiere, porque en el año 2009 (fecha de aprobación del Plan. Necesariamente el informe es anterior) no había una sola zona lincera en los Montes de Toledo, siendo su presencia “meramente ocasional” en Castilla-La Mancha y sólo en alguna zona de Sierra Morena.

No obstante, tampoco puedo dejar de lado que las afirmaciones sobre la acción benefactora de los superpredadores, como sistema casi mágico de control de mesopredadores chocan con la revisión de tales afirmaciones siete años después y la molesta realidad. Así, es sorprendente ver que, precisamente en las zonas que en el 2009 se señalan como de gran población de conejos (que son las que se corresponden con los superpredadores objeto de protección en sus correspondientes planes) hoy el que es prácticamente “meramente ocasional” es el conejo.

Un artículo de Antonio Conde Bajén

Fotografías: Adolfo Sanz

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