La berrea, momento para la gestión

Por Manuel Reglero.

A pesar de que existan muchas dudas sobre la caza durante el periodo del celo, los expertos opinan que es uno de los momentos para realizar la gestión. En estas líneas abordamos los principales problemas de esta próxima berrea… con soluciones.

El comienzo de la berrea marca el inicio del periodo reproductivo en los ciervos, y suele producirse, dependiendo de una serie de factores, desde finales de agosto a comienzos de octubre. La berrea es, sin duda, uno de los espectáculos más impresionantes que nos ofrece la naturaleza, y que cautiva a todo aquel que ha tenido la ocasión de disfrutarlo.

Significado biológico de la berrea

Durante las semanas que dura este proceso, los machos entran en un frenesí reproductivo proclamando a los cuatro vientos la posesión de un harén de hembras o de un determinado territorio mediante sus berridos, y desafiando a sus competidores. 

Hay factores como la latitud o la climatología en los que no podemos influir. Pero hay otra serie de condicionantes sobre los que podemos actuar, y que a la postre, van a determinar un mayor éxito reproductivo tanto en cantidad como en calidad.  Para poder modularlo de forma positiva, debemos conocer mínimamente su significado y los mecanismos que lo desencadenan.

En los ciervos, como en el resto de las especies, el proceso reproductivo tiene como objeto perpetuarse en el tiempo. Todos los individuos compiten porque sus genes estén presentes, en la mayor proporción posible, en la siguiente generación, y esto determina en gran medida la estrategia reproductiva en función de que sean machos o hembras. Aunque ambos progenitores aportan el 50% del material genético, el esfuerzo reproductivo de la hembra es considerablemente mayor, por lo que su estrategia consiste en intentar reproducirse con el macho de mayor vigor y más adaptado al medio para que su descendencia tenga más probabilidades de supervivencia. Por ello, elige al macho que, tras un largo verano, generalmente con escaso alimento, ha sido capaz de mantenerse en mejores condiciones que sus adversarios y sale vencedor en las disputas. Éste, a su vez, muestra orgulloso y desafiante a sus contrincantes, la magnífica cuerna que ha sido capaz de desarrollar y que, en cierto modo, calidad genética aparte, es fiel reflejo de lo sobrado que ha estado de energía y proteína a finales del invierno y durante la primavera y de lo bien que ha sabido competir en ese medio.

Esta ostentación y la intensidad de los bramidos sirven en ocasiones para evitar disputas que, por lo desequilibrado de los contendientes, podrían terminar con graves lesiones para alguno de ellos y en más de una ocasión con la muerte. En el caso de que las fuerzas estén igualadas, la disputa se dirimirá en un encarnizado combate. En los machos, al no tener que encargarse de la cría de su progenie, la estrategia consiste en copular con el mayor número de hembras posible, sin tener en cuenta su calidad, confiando en que la mayor parte de sus descendientes sobrevivan y perpetúen sus genes. Esta estrategia reproductiva se conoce como poliginia. En principio, esto supone que solamente una baja proporción de los machos de la finca, los más fuertes, más sanos y mejor adaptados, accederán a los favores de las hembras y transmitirán sus genes a la siguiente generación. Como veremos más adelante, aunque eso no siempre es necesariamente así, podemos aprovechar esta circunstancia para fomentar, con una serie de medidas de manejo, que los mejores machos cubran a las mejores hembras.

Problemática actual

El mundo de la caza no es ajeno a las difíciles circunstancias económicas por las que atravesamos, tanto es así que en los últimos años la actividad cinegética ha descendido notablemente. Como consecuencia de esto, todos conocemos algunas fincas, incluso emblemáticas, que llevan uno o más años sin montearse, y esto no tiene visos de mejorar a corto plazo.

Los problemas con los que en esta berrea se van a encontrar muchas fincas son los siguientes:

Coyuntura económica desfavorable. Las monterías en muchas de las fincas de nuestra geografía, son prácticamente la única fuente de ingresos, o al menos una de las más importantes. En estos momentos la oferta supera con creces a la demanda y, por lo tanto, bastantes fincas de España no se montearán este año, y las que lo hagan será a unos precios sensiblemente inferiores a los que vivimos en la época de bonanza económica.

Costes de producción. Todo el que viva en el campo y, peor aún, si lo hace del él, no es ajeno a esta circunstancia. Por poner un ejemplo, el precio del maíz ha subido de 151,76 dólares/ton en julio del 2009 a 332,95 dólares/ton durante el mismo mes del 2012, es decir, en sólo tres años ha subido un 120%. Todos los cereales han seguido una progresión más o menos parecida, alcanzando, por ejemplo la soja, máximos históricos en estos días. Nos podemos imaginar que la progresión del pienso ha sido equivalente y alimentar adecuadamente a nuestras reses nos va a costar bastante más que hace tres años. El gasoil agrícola ha subido exponencialmente en ese mismo periodo de tiempo y llenar el depósito del tractor es ahora más de un 40 % más caro. El resto de gastos de una finca, si no han subido, se han mantenido en niveles similares.

Aumento de la densidad de reses en la finca. Toda finca bien gestionada tiene que tener una pirámide de edades y una proporción de sexos acorde con el enfoque que se pretenda y una densidad ajustada a su capacidad de carga. La primera consecuencia de que las fincas no se monteen, o de que lo hagan en menor medida, es que el problema de sobredensidad, especialmente las que se dedican a monterías de calidad media-baja, que se agrava sobremanera. Cuando se altera el equilibrio natural entre el número de reses y la oferta alimenticia de la finca, el sobrepastoreo impide la regeneración de las especies herbáceas y arbustivas y, si no se remedia, se pondrá en peligro la masa forestal. Todos conocemos alguna finca que está en esta tesitura.

Escasez de oferta alimenticia. El aumento del número de efectivos implica que los recursos alimenticios, ya de por si escasos en verano, tengan que repartirse entre un número mayor de animales. Si a esto le unimos un año como el que estamos viviendo, hidrológicamente calamitoso, es más que probable que la finca no pueda mantenerlos. Normalmente, un descenso en los ingresos de la finca suele venir acompañado de un descenso en los gastos, por lo que la partida destinada a alimentación suplementaria suele verse disminuida, agravando aún más el problema de superpoblación. La consecuencia inmediata es la pérdida progresiva de condición corporal y, en casos extremos, como ocurrió durante la sequía de 1995, la muerte de parte de los animales. En algunas fincas, además de ciervos cuentan con una población más o menos abundante de gamos y/o muflones. Estos ungulados compiten mucho mejor que los ciervos por el alimento y, si son abundantes, pueden empeorar notablemente la situación. Esto se debe a que casi siempre ocupan las mejores zonas de comida, pastorean indistintamente durante el día o la noche, la altura de corte del diente es menor que la del ciervo, de manera pueden continuar pastoreando cuando la hierba está muy corta y, por si esto fuera poco, pueden alimentarse, especialmente el muflón, con materias mas groseras.

Puestos en situación, tenemos todos los ingredientes para que, si no actuamos con cordura, podamos hipotecar el trabajo bien hecho durante muchos años y sufrir un grave descenso de la calidad trofeística de la finca. Pero, ¿qué podemos hacer ante una situación tan dramática?

Posibles soluciones. Probablemente poco puedan hacer los colectivos de propietarios de fincas, gestores cinegéticos u orgánicos de caza, por mejorar la situación económica. Pero sí pueden, en cierto modo, amortiguar sus consecuencias con buenas prácticas de gestión. Es poco menos que imposible dar una fórmula magistral universal ya que cada finca, cada propietario o gestor, tiene unas circunstancias particulares que condicionan enormemente la forma de gestionarla. Sin ir más lejos, tienen un tratamiento radicalmente distinto las fincas ‘comerciales’ que las fincas en las que se montea por invitación, las fincas enfocadas a recechos, monterías de calidad o cantidad. Sin embargo, vamos a intentar desgranar una serie de normas básicas que podemos llevar a cabo durante esta berrea y que nos van a permitir atenuar los efectos de la crisis a la vez que se mejora la calidad de la finca.

Como conseguir una mejor berrea

Como la mayoría de nuestros lectores saben, una buena berrea es aquella que se produce pronto y lo más concentrada posible. En la zona centro-sur debe de comenzar a finales de agosto y la mayoría de las hembras deben cubrirse en dos o tres semanas como máximo.

«Sin duda una de las claves para que tengamos una berrea temprana y lo más concentrada posible es mejorar la condición corporal de las hembras». Las ciervas salen en celo cuando su estado de carnes es suficiente como para afrontar una nueva gestación con garantías de éxito. Hasta que no alcanzan un plano adecuado no salen en celo. Las primeras lluvias de finales de verano y principios de otoño, junto con las primeras bellotas, permiten a las ciervas recuperarse de un duro verano y del esfuerzo reproductivo del año anterior. Por lo tanto, todas las medidas de manejo que nos permitan mejorar su estado de carnes, ayudaran directa o indirectamente a mejorar la berrea y que la paridera del año siguiente sea más temprana y más concentrada.

Algunas de las medidas que podemos realizar durante estos meses y que mejoraran la calidad de la finca son:

Ajuste estricto de la capacidad de carga del medio mediante caza selectiva. Es  absolutamente imprescindible eliminar el excedente de animales, en el caso de que lo haya, mediante una caza selectiva bien dirigida hacia los individuos que, por sus características, aporten menos a la finca. Las labores de selección pueden realizarse de forma tradicional, realizando salidas con el rifle, pero son mucho más eficaces si se dispone de un capturadero y un módulo de manejo.

Es necesario también ajustar la sex ratio y la pirámide de edades. Estos momentos, en los que la demanda ha caído dramáticamente, son buenos para hacer reajustes en la finca, disminuir la cabaña, permitir que se regenere el monte y aumentar la calidad. Esto nos permitirá, por una parte,  obtener unos ingresos por la carne (superiores a los que obtendríamos durante la veda general), a la vez que disminuimos el número de ‘bocas’ en la finca. Al quitar animales técnicamente improductivos, habrá menos competencia por el alimento, mejoraran las condiciones alimenticias para los que quedan y el coste de mantenerlos en buenas condiciones, a pesar de la sequía, va a ser menor.

Las hembras con poco porte, viejas, sin gabato o con uno tardío deben ser nuestro objetivo. «Es bien sabido que el desarrollo de un animal durante el primer año o año y medio de su vida marcan profundamente su futuro como reproductor o como trofeo». Mientras mejor coman, más probabilidades tendrán de desarrollar su potencial genético. Se ha demostrado científicamente que la calidad de la leche de las ciervas desciende notablemente a medida que avanza la primavera, de modo que un gabato que nazca tarde, además de tener menos tiempo para crecer hasta que llegue el duro verano, lo va a hacer mucho más lentamente, por eso, los gabatos de partos tardíos, nunca serán ni buenas hembras ni buenos trofeos. Los varetos y venados con una cuerna deficiente para su edad reflejan un mal desarrollo durante sus primeras etapas, una mala calidad genética o ambas, de modo que también se deben eliminar para evitar que, en un futuro, puedan transmitir a su descendencia caracteres indeseables. 

Una vez realizada una correcta caza selectiva habrá en el coto la cantidad de animales idónea, con una estructura poblacional adecuada y de la mayor calidad genética que nos permita la finca. 

Alimentación suplementaria. Una de las técnicas bien conocida en zootecnia para favorecer la aparición del celo se denomina Flushing, y consiste en un estimulo nutritivo que se les ofrece a los animales desde, aproximadamente, tres semanas antes hasta tres semanas después de la época reproductiva. Al realizar un aporte nutricional suplementario, simulamos artificialmente que ha llegado la época de bonanza, las hembras engordan y se producen una serie de cambios hormonales que desembocan en la aparición del celo. 

Con el Flushing, además de conseguir adelantar la época de cubriciones, aumentamos la ovulación y la nidación de los embriones aumentando el porcentaje de gestación. Otro efecto que se consigue de forma indirecta es el aumento de la proporción de crías macho. Esto se produce en virtud de que las ciervas tienen cierta capacidad de seleccionar el sexo de su cría y lo hacen en función de su condición corporal. Una cierva muy bien alimentada tiene muchas más probabilidades de criar un gabato ya que el gasto energético es mayor que el de criar a una hembra. Por el contrario, una primala o una cierva con peor condición corporal es mucho más probable que su cría sea una hembra.

Renovación genética. Otra medida complementaria, que aunque no sea ahora objeto de este reportaje trataremos ampliamente en futuros artículos, consiste en realizar un aporte de genética de calidad procedente de granjas de selección. Es  muy fácil suponer que el aporte de genes de muy alta calidad redunde en una rápida mejora del potencial genético de una finca y, a la postre, de sus trofeos. «Sin una buena base genética es imposible obtener buenos trofeos».
En la actualidad, existe una finca de selección genética de ciervo ibérico en la que sus mejores ejemplares alcanzan la medalla de oro con tan sólo tres años y sobrepasan los 200 puntos con cuatro. La introducción de estos genes permite mejorar cualquier finca tanto por vía paterna como materna en muy poco tiempo, al tener el carácter cuerna un altísimo coeficiente de heredabilidad. 

Otra de las ventajas de que la berrea sea temprana y concentrada es que es más probable que la mayoría de las hembras sean cubiertas por los mejores venados. A medida que avanza la estación reproductiva los machos más poderosos se van debilitando y ceden terreno a otros de peor calidad que cubren a las hembras más tardías.

En definitiva, hay muchas actuaciones que podemos llevar a cabo durante este mes que permitirán mejorar la calidad de la finca, su rentabilidad y minimizaran los efectos de la sequía tanto hidrológica como económica.

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