La seguridad durante el ejercicio de la caza mayor

 

Hablar de seguridad, se me antoja una cuestión absolutamente antagónica con la vida. Me explico, lo verdaderamente peligroso es vivir porque ello nos lleva indefectiblemente a la muerte.

 

Cualquier actividad humana, está sujeta a la asunción de riesgos. La caza no es menos, evidentemente. Pero sí podemos decir que es una de las más seguras, aunque desde esos ambientes detractores urbanitas; incluso personajes cercanos a movimientos intolerantes vinculados al ecoterrorismo, utilizan la dramática imagen de uno de los pocos accidentes que se producen como una forma más, quizás la más perversa, la de ataque contra el ejercicio del hecho cinegético.

Otras actividades que disfrutan de una imagen más bucólica que la nuestra, como puede ser la pesca de mar-costa se lleva por delante alrededor de 8 víctimas anuales en Galicia. La única víctima mortal que de promedio se produce por accidentes de caza en Galicia; parece convertirse en cientos por mor del eco social tan sensacionalista que generan los medios de comunicación generalistas, especialmente la televisión.

 

Motivos de los accidentes de caza mayor

Un accidente es un cúmulo de circunstancias que llevan a causar un daño físico tanto personal, como en las posesiones y vidas de terceros.

El accidente se produce cuando la inexperiencia, la imprudencia, el desprecio al otro y la falta de disciplina se juntan.

La mala suerte, el imponderable, o la desgracia natural por si solas producen poquísimos casos de daños. Es cuando se suman la  mala suerte y la imprudencia cuando hay víctima seguro.

He dejado claro que la caza es una de las actividades en la naturaleza que menos riesgo entraña. Ni comparación con el alpinismo o incluso el senderismo que dejan al año en este país un número de víctimas muy superior al nuestro.

La cuestión por la que los muertos en  accidentes de caza, parecen más que en otras actividades, es una cuestión de calidad, no de cantidad¡Nuestros muertos, están más muertos que los muertos de los demás!

Si piensan que esto es una ironía, aciertan. Es una ironía, si ustedes lo prefieren, retranca gallega.

Nuestros muertos, aunque pocos, están más muertos que los de otro tipos de accidentes, porque siempre se producen en el entorno próximo. Lo normal de una peña jabalinera  es que esté formada por familiares directos, vecinos, incluso padres o hermanos. El fallecido es la primera víctima, pero no la última. Víctimas son también el que ha disparado imprudentemente y el resto del grupo. Sobre todo juega un papel muy duro el “jefe de batida”, quien en un caso de estos asume una gran responsabilidad. Ha ocurrido en más de una ocasión que el causante del accidente no ha sido capaz de superar el sentimiento de culpa. Un accidente de caza siempre genera un problema social añadido que hace que irónicamente podamos decir que, ¡Nuestros muertos son, y están más muertos que los muertos de los demás!

1.- Accidentes in itínere.-  Son los que tienen lugar durante el desplazamiento por carretera hasta el cazadero y durante el regreso. Viajes que se hacen de noche, viajes con exceso de carga, con bajas temperaturas (placas de hielo). Estas situaciones se agravan siempre si sumamos el exceso de cansancio del conductor, que ha estado cazando todo el día, y el uso generalizado de los remolques, que es un problema añadido en el desplazamiento.

2.- Accidentes personales.- Torceduras, roturas y lesiones en general resultados de resbalones y tropiezos. Mención aparte merecen las lesiones oculares y, sobre todo los accidentes cardiovasculares, los cuales están más al orden del día que los otros. En estos últimos casos,  ha de procurárseles un  tratamiento urgente mediante una rápida evacuación, de esta forma se pueden minimizar mucho desenlaces indeseados. Cabe resaltar como elementos de riesgo el exceso de peso y la avanzada edad.

3.- Accidentes con daños personales y a terceros por manejo inapropiado de un arma de fuego.-

a)Transporte de armas, enfundado y desenfundado.- Quiero en este apartado señalar los accidentes que se producen  por negligencia al haber guardado o transportado armas cargadas fuera del campo donde se ejerce la acción venatoria, aquel que transporta un arma cargada en un coche, es un negligente, un furtivo o ambas cosas. En los recechos, que son acciones de caza individual, al margen de tropezones o resbalones, los pocos accidentes que suceden son cuando enfundamos o desenfundamos el arma, ya llegados al coche. Ese arma, evidentemente debería haberse descargado antes y portarla con la recamara abierta máxime cuando estas operaciones de enfundado y desenfundado se realizan siempre en posición horizontal, lo cual provoca que cualquier disparo accidental hiera, con seguridad, al compañero o al guía.

b) Accidentes en el hogar.- También se producen accidentes en el hogar al dejar las armas fuera de los obligatorios armeros de seguridad. Debieran, evidentemente sus llaves estar escondidas. Si quedasen al alcance de los niños, la posibilidad de tragedia estaría servida. (El arma es de fuego, los niños estopa….y viene el diablo y sopla.). Debemos señalar que aunque la actual reglamentación solo obliga a custodiar los rifles en u armero homologado, el sentido común nos dicta que ese mismo tratamiento se lo debemos de procurar a las armas de ánima lisa.

c) La falta de formación.- El manejo inapropiado de un arma de fuego es en muchas ocasiones por falta de formación. ¿Cuántas veces hemos escuchado de un veterano conejero que lleva cuarenta años con la escopeta en la mano y nadie le da clases?…Yo más de una. Uno de los problemas es la falta de instalaciones y campos de tiro homologados para que los cazadores de mayor puedan practicar, regular sus miras, recibir cursos etc. Los sesenta mil cazadores gallegos, en esta cuestión jamás han costado un duro a la administración.

 

Escopeta Vs. rifle

La escopeta.- No tiene nada que ver el manejo de un rifle, con el de una escopeta. La tradición heredada de la caza menor, mediante el uso de la escopeta, es la causante de no pocos accidentes con el cambio de tirar perdigón a disparar bala. No todas las balas sirven para poderse disparar desde una clásica paralela con los típicos choques de ** y *** estrellas. En estos casos solo se debe usar un proyectil de diseño centenario tipo Breneke (las de las aletas)  y siempre y cuando ese arma que está diseñada para tirar perdigón, se encuentre en magníficas condiciones. Si además de estar mal, por ejemplo con flojedad manifiesta, usásemos una de las muchas balas de escopeta actuales que están pensadas para cañones cilíndricos o estriados podríamos quedar, en el mejor de los casos inútiles para hacer un anuncio de dentífrico. ( Dejo de manifiesto el defectuoso etiquetado de mucha de esta munición cuyas advertencias en este sentido suelen estar sin traducir).

Hemos de tener especial cuidado en la formación de un tirador que pasa de tirar perdigón a tirar bala. Es preciso que cambie el chip y piense que con este proyectil de caza mayor ya no puede levantar los tiros tan alegremente. Tendrá el tirador que estar seguro de que siempre en que se entierren los tiros, también es preciso que conozca que tipo de recamara tiene, si de 68, 70 ó quizás un mágnum de 76. Si el montero de escopeta no tiene en cuenta esto último la sobrepresión en la recamara será altísima y el reventón estará garantizado.

Por el tipo de mecanismos, a mi entender, el arma más inapropiada para la caza mayor es la escopeta que utilizamos para la menor. Por el tipo de cañón, por el tipo de dispositivos y por lo delicadas que pueden ser las baterías de disparo de las paralelas, las cuales dependen mucho de una buena conservación e impermeabilización de la madera.

La solución ideal, si se pretende seguir usando escopeta, es recurrir a las ir a las modernas armas que hoy nos ofrece el mercado, siempre con recámaras mágnum (probadas a más de 1300kg/cm2 de presión. Buscaremos además cañones cilíndricos o estriados, Preferiblemente estos últimos.

Sean escopetas o rifles, cada vez que podamos caernos, o tengamos la mínima sospecha de que se ha podido obstruir el ánima por cualquier objeto, incluso agua. Deberemos, antes de nada dejar expedito el cañón.
Especial interés pondremos cuando el sonido de un disparo nos haya parecido flojo. Podríamos encontrarnos  con el cañón obturado por un proyectil.

El rifle, en sus distintas versiones mecanismos y calibres es el arma más adecuada.

También es el que más opciones nos permite en cuanto a calibre, en función de las especies a cazar y de la modalidad. Los calibres más usados para la batida o montería son aquellos que van del 30.06 por abajo al 338 por arriba, pasando por el 7 R.M., 300 W. M., o 9.3×62. Para recechos suelen emplearse cartuchos de menos diámetro y mayor rasante, pues las piezas suelen estar en reposo, no siendo preciso contrarrestar los efectos de la adrenalina de una pieza en batida.

El rifle tiene como punto débil a la hora de considerar su uso, el extraordinario alcance de sus proyectiles, por lo cual no es permisible que se dispare sin tener claro que se entierren las balas y nunca. Nunca bajo ningún concepto debemos disparar al viso de un monte, nunca sabremos que, ni quien hay detrás del perfil del monte.

Hemos de ser conscientes de que en España tendemos a usar armas de calibres sensiblemente más potentes que en otras partes del mundo. Cierto es que parar un jabalí a la carrera, que es quizás el animal que más adrenalina puede generar cuando se altera, precisa de algo contundente. Gracias a Dios los disparos a este suido se producen normalmente en un ángulo bajo. Otra cosa es la batida al corzo (llamado tragabalas) donde por culpa de sus saltos y la imprudencia del tirador inexperto puede provocar que nuestros proyectiles vuelen libremente miles de metros antes de estrellarse contra algo, o contra  alguien.

Por sus mecanismos de repetición más utilizados los divido en tres grupos:

Rifles de cerrojo.– Quizás los más precisos y fuertes

Rifles semiautomáticos.- Quizás los más usados, también los que requieren mayor  mantenimiento, además de un manejo más profesional por parte de los cazadores que los emplean. No son los más adecuado, aunque si los más usados.

Rifles de repetición de palanca o por corredera.- Quizás los ideales, usando calibres lentos y pesados (tipo 44 mag.) para los que tienen que cazar dentro de la maleza, pues son muy seguros al permitir alimentar la recámara con rapidez, no necesitando de esta forma llevarla en posición de disparo. Esta situación es la que mayor seguridad le proporciona a un perrero, ya que en los ganchos de Galicia, al contrario que en otras zonas de España, a estos se les permite legalmente llevar arma.

 

Rompiendo un mito,  accidentes con rebote de proyectiles

La capacidad de rebote de un proyectil depende de que conserve energía después de impactar. La energía depende a su vez de que concurran dos circunstancias, una que dicho proyectil conserve velocidad suficiente y otra que conserve su masa.

( Ec=1/2 m x v2). En el caso de los rifles con puntas deformantes para caza, es difícil que el proyectil conserve su masa, una vez haya impactado en la tierra, raro es el caso en el que encuentran el proyectil entero. Se rompe, se deforma y su, ya de por sí, pequeña masa casi desaparece. Luego, si no hay masa, poca energía podrá transportar, o ninguna.

En el caso de los rifles, aparte del disparo fortuito, que en ello están a la par con el uso de la escopeta, el incidente más habitual, es el alcance por disparo perdido a gran distancia. Esta es la mayor precaución que hay que tener en cuenta junto con el disparo al viso.

Es pues falso que las balas de rifle sean más propensas al rebote que las de escopeta. Estas últimas al ser más lentas y pesadas conservan su masa y por poca velocidad que lleven, su energía residual es suficientemente letal en el rebote.

Debemos tener un especial cuidado al disparar a una pieza de caza cuando tenemos un compañero en un plano superior. El rebote, sobre todo de escopeta, realizará al igual que en el billar una fatal carambola que puede fácilmente costarnos un serio disgusto.

 

Armas enfundadas
 La  mejor defensa es un ataque, y la mayor seguridad durante el camino a los puestos, es que las armas estén enfundadas. La legislación en Galicia no tiene previsto esta cuestión. En muchas partes del mundo civilizado y en otras zonas de España con más tradición de batidas o monterías, resulta obligatorio ir con las armas enfundadas al puesto. He visto como en ocasiones alguno de los que se dirige al puesto, no solamente lleva el arma desenfundada, incluso llegan a presumir de tenerla cargada por si acaso.

Sería rarísimo, yo no lo he visto nunca, que un jabalí saliese mientras se colocan los puestos. Si eso ocurriese ¿Qué haría alguien con un arma desenfundada y cargada?. Seguramente disparar, poniendo en peligro a todos sus compañeros, evidentemente. Espero que la próxima ley de caza, recoja cuestiones como el portar el arma enfundada hasta el puesto, o el obligatorio uso del chaleco de seguridad, del que hablaré más adelante.

 

La emisora un elemento principal de seguridad

Además del cumplimiento de las normas de seguridad, que son comunes a batidas, ganchos y monterías. Existen dos elementos básicos  que la tecnología moderna ha puesto a nuestra disposición. Uno de estos elementos es el chaleco de seguridad o prendas técnicas asimiladas, de lo que hablaremos más tarde; el otro es la emisora.

La emisora nos permite intercomunicarnos con nuestros compañeros. Nos informamos les pasamos datos; ayudamos,  gracias a ella, en la recogida de perros etc. Pero su principal función es la coordinación y la seguridad. Por la emisora escuchamos la orden de comienzo de la batida, la información de la suelta. También escuchamos la orden de recoger, de descargar las armas y esperar a que el postor, jefe de la armada o simplemente el compañero responsable nos recoja.

Existe el bulo de que la emisora está prohibida por la ley de caza, no es cierto. Lo único que podemos infringir es el Reglamento de Telecomunicaciones si no usamos alguno de los modelos y canales que Federación ha puesto a nuestra disposición. Las multas son fuertes para el que no usa aparatos homologados.  No es una cuestión caprichosa o de recaudación. Es un servicio deficitario que  cuesta dinero, pero sin él estaríamos a  merced de tener que abonar fuertes sanciones por el uso inadecuado del espacio radioeléctrico.

Sea como sea los beneficios en cuanto a su uso, surten efecto además cuando se usa con auricular, (el famoso pinganillo). Una emisora usada en abierto espantaría al las piezas de caza.  Se debe de señalar la laguna legal existente  con respecto al uso de cascos o auriculares durante el ejercicio con armas de fuego. El reglamento de armas lo prohíbe. Pero yo nunca he visto que se sancionasen a los tiradores olímpicos o a las mismas fuerzas de seguridad cuándo realizan muchas intervenciones policiales.

 

El chaleco de seguridad y ropa técnica

Otro ejemplo de lo adelantado de la realidad social, comparado con la poca capacidad de modificación legislativa que la clase política demuestra en Galicia, es el uso del chaleco de seguridad en batidas y monterías. Mi opinión es que solo se deberían emplear en estas modalidades de caza colectiva. No en modalidades de caza individualistas como es el rececho, pues en esta última donde el cazador armado, está solo en el monte.

Hace unos nueve o diez años, cuándo yo empecé en Galicia con la promoción de estos elementos de seguridad, más de uno y más de dos se choteaban. Esta promoción surgió de experiencias personales, pero como todo lo bueno, no fue un invento…Ya se obligaba a su uso en toda Europa EE UU etc. Recuerden desde siempre la imagen de los cazadores canadienses con sus camisas de cuadros rojos.

Haré una pregunta que está muy de moda¿Por qué?

Pues muy sencillo, porque el ser humano ve muy bien de día y mal de noche. Porque los ungulados (ciervos y jabalíes) ven muy bien de noche, y mal de día.

La diferencia substancial final, es que nosotros distinguimos bien los colores, y un ciervo o un jabalí ven en blanco y negro; para ser más precisos ven de una forma similar a una foto antigua de color sepia. Por lo cual, el chaleco naranja, ellos, nuestras presas los ven como un tono marrón.

Que los ungulados no vean en color, no significa que no puedan distinguir perfectamente nuestra silueta. Si nuestro puesto es en lo alto de una roca y nos recortamos contra el cielo, reconocerán nuestra silueta. Por eso  en la actualidad la ropa técnica nos ayuda con camuflajes negros de ramas sobre fondo naranja que permite que los cazadores nos distingamos a kilómetros y ante las presas aparezcamos perfectamente camuflados.

Esto, evidentemente, no sirve para cazar palomas, las aves tienen muy buena visión en color y detectan espectros más allá del violeta que nosotros no percibimos. Es por ello que durante el receho yo no uso estas prendas, porque muchas veces va a ser el canto de un mirlo lo que ponga un corzo que estás acechando en estado de alerta, porque eres tu el que se mueve, al contrario que en la batida o montería.

 

Amarillo Vs. naranja

El naranja es el más visible para el ojo humano y el que más nos camufla ante un suido.

Se usa el amarillo porque un pequeñísimo porcentaje de la población son daltónicos, y estos no ven bien el naranja, en cambio si distinguen perfectamente el amarillo. La prenda ideal, sería una prenda con ramas de camuflaje negro, sobre un fondo general de “naranja internacional” y con algunos pequeños detalles tales como cuello o puños, quizás coderas, para poder satisfacer a ese pequeño porcentaje de daltónicos que existe en nuestra sociedad. Algo similar a los chalecos de seguridad que se usan en las carreteras de EEUU, salvo por una cuestión importante, un chaleco de seguridad para caza nunca debe llevar una banda reflectante, eso sí que resulta un autentico faro.

 

La seguridad en la colocación de las posturas, deberes del montero y sus responsabilidades

Las normas básicas de seguridad en ganchos batidas y monterías, a estas alturas debieran ser conocidas por todos:

Respetar las normas e indicaciones del jefe de cuadrilla, cuya función y responsabilidad quedan comprometidas porque es la persona responsable cuando firma la lista de cazadores. Este deberá de asegurarse que el cazador que se anota, esté en posesión de toda la documentación, seguros incluidos necesarias para el ejercicio responsable de la caza.

Muchas de las cuestiones necesarias para una jornada de caza mayor segura, ya las hemos ido desgranando con antelación. Aquí nos centraremos en respetar unas pautas muy básicas:

  • No moverse del puesto que se nos indica. (El postor que ha colocado nuestra armada nos recogerá).
  • No disparar en línea de nadie, no disparar hacia la mancha que se está batiendo
  • Usar siempre chaleco de seguridad  y hacerse ver con los puestos adyacentes antes de empezar la cacería.
  • Entrar y salir del puesto con el arma descargada y enfundada.
  • Identificar perfectamente la pieza de caza, no tirando al taraneo o al bulto y asegurarse que la bala se entierra.
  • No sacar el seguro hasta el momento inmediatamente anterior al disparo.
  • No intentar mejorarse, ni disparar a una pieza lejana que le cumple a otro compañero (no es de gente cabal cortar la caza).

 

Colocación de los puestos

Debe de hacerse siempre de forma que el ángulo de tiro le quede claro a cada puesto.

Entre ellos, y aprovechando accidentes orográficos, no debería existir la posibilidad de alcance de un disparo.

Nunca colocar los puestos de las armadas en zigzag, ni de forma  de circulo disparando a hacia la mancha rodeada.

Tampoco situarlos en las zonas de seguridad (100 m a las viviendas, y 50 m a las vías principales)

En la mayor parte de los casos, si la mancha es pequeña y es preciso rodearla, o armar un cortafuegos o camino ancho, es necesario que los tiradores se coloquen de espaldas a la mancha que estamos batiendo, disparando a pieza pasada. De esta forma nuestros proyectiles cada vez se alejarán más de los compañeros que están en línea, a derecha o izquierda. Si lo hiciésemos al contrario, cada disparo se acercaría más a nuestros compañeros, o incluso podríamos disparar sobre los perreros que están monteando dentro de la mancha. Esto no se debería confundir con manido concepto de la prohibición de disparar a línea de retranca, a efectos de Galicia esta expresión me parece tan vacía de realidad, que más bien parece venir de una simple copia de conceptos aptos para otras latitudes y que ya existían en la antigua reglamentación española.

 

Carteles de señalización de las batidas

Es responsabilidad del jefe de batida, además de comprobar todas las otras cuestiones de seguridad ya mencionadas, no olvidar que el monte, además de por nosotros, también es usado por más gente. Será preciso colocar en todas las entradas de la mancha a batir, carteles provisionales anunciadores de que se está realizando una batida; tanto por el bien de terceros, como por nuestra comodidad para evitar que importunen el desarrollo del lance.

Para terminar, quisiera aclarar, puesto que es algo que se suele desconocer que la ley de Caza de Galicia (4/97 de 25 de junio) fue modificada el 23 de octubre de 2006 para, entre otras cosas permitir cazar en viales que no sean estatales, autonómicos, provinciales o locales, siempre que las condiciones de seguridad lo permitan, pudiendo establecer en ellos puestos de ganchos, zapeos etc 8Art. 25 bis). Eso nos ha permitido atender a una necesidad de legalización de una realidad social y geográfica de Galicia, ya que de otra forma no podría realizarse ni una batida, por la cantidad de microviales que existen en nuestra geografía.

Si Galicia es el país de los mil ríos,  probablemente lo sea también de los cien millones de caminos.

Bien, solo me resta despedirme, agradecer su atención, ponerme a su disposición, pero no puedo dejar pasar esta oportunidad si pedirles que vuelvan a ver esta fotografía. Comprueben el rostro de la desolación en el local social donde se reúne una cuadrilla, a donde ya para siempre echarán en falta a uno de ellos.

Pongamos todo esto en práctica, para que nunca sea alguien de nuestro entorno al que vayamos a echar de menos.

Por Francisco Chan Méndez

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