‘El comienzo: Mozambique 1971’, preámbulo del libro ‘Mar de nubes’ del Dr. Gómez Sequeira

Antes que nada quiero comentar que mi primer safari realmente fue el que realicé en 1970 en Angola, pero fue todo tan rápido, tan sobre la marcha, que no guardo ningún documento de aquella cacería, ni escrito ni gráfico. Por lo que, a todos los efectos, considero que mi primera cacería internacional fue ésta que realicé en Mozambique en noviembre de 1971.

Pude realizar este viaje gracias a la iniciativa de José Alonso de Celada, consumado cazador, en cuya casa pasé muchas horas con la atención en suspenso mientras contemplaba sus trofeos. Ya entonces José realizaba, por lo menos, dos expediciones anuales a África.

El autor con ‘Kubi’ y José Alonso de Celada.

La organización del safari corrió a cargo de United Safaris, compañía del señor Salzone, uno de los más veteranos cazadores de Mozambique, famoso por sus ‘descastes’. Al cazador profesional que me correspondió le llamaban Kubischek, por haber vivido muchos años en Brasil. Kubi resultó ser una excelente persona. No tenía mucha experiencia en los safaris, no obstante, era un buen experto en algunas especies africanas. Durante muchos años había sido cazador de cocodrilos en las charcas y ríos de Mozambique –sus capturas pasaban ampliamente del millar– y conocía muy bien la psicología de los leopardos, ya que su cazadero o cobijo estaba próximo a una zona donde había muchos.

Estuvimos en los campamentos de Marromeu y Champalimaud y cacé, entre otros, estos animales: facochero, antílope acuático común, eland de Livingstone, suni de Livingstone, hiena manchada, antílope sable, duiker rojo de Natal, alcélafo de Lichtenstein, redunca común, antílope jeroglífico de Chobe o cebra común. Cabe destacar un búfalo meridional o del Cabo conseguido no sin mucho sufrimiento y a trompicones, un hipopótamo que nos costó mucho cobrar, un león inesperado y, por último, un elefante tras dos días de intensa y agotadora búsqueda, aunque resultó muy satisfactorio por mucho que la ‘máquina infernal’ que utilizamos para desplazarnos, el segundo día en la zona pantanosa, casi acabara con nosotros. Fue el colofón perfecto al safari.

Pero la mejor manera de reflejar lo que significó este safari para mí es transcribir de manera literal la parte inicial del capítulo dedicado a esta expedición en mi primer libro, Relatos de caza, publicado en 1988.

“Siempre he creído que el hombre debe dejar testimonio de lo que le ha enseñado la experiencia, con sencillez y objetividad, como una práctica sin pretensiones literarias. Todo lo que ve un médico –decía el doctor Gregorio Marañónsi lo ve con honradez es rigurosamente interesante.

Se refería el gran clínico y humanista al médico que, después del examen metódico del enfermo, recoge con minucia desde el pasado biológico del paciente hasta sus observaciones personales en una historia clínica que además de un diagnóstico, puede llegar a alcanzar la belleza de una obra de arte.

El noble ejercicio de la caza, desarrollado en plena naturaleza, es menester duro y esforzado. Cada jornada resulta un hecho peculiar e irrepetible, como así lo testimonian las crónicas monteras clásicas.

De mí puedo decir que una vez superada la inexperiencia de los primeros años, cuando lo importante era abatir la pieza y cobrarla, comencé a cumplir los mandamientos de la moral deportiva, relacionados con el equilibrio ecológico y de supervivencia de las especies. Cada excursión suponía el planteamiento de problemas innumerables, de interrogantes, de situaciones nuevas, de enseñanzas recibidas de cazadores veteranos. Comenzó a interesarme la anatomía, la vida y las costumbres de cada especie animal y, por qué no decirlo, empecé a distinguir y a apreciar los buenos trofeos.

Todo ello me llevaría al propósito de ordenar las ideas y dar cauce por medio de la pluma a las experiencias que iba acumulando en las sucesivas partidas venatorias. Retornaba a mis años estudiantiles en la Facultad de Medicina de Madrid, a aquellos tiempos en que hube de confeccionar las primeras historias clínicas. En esta ocasión ya no contaban los síntomas del resultado exploratorio, sino mis propias experiencias cinegéticas.

¿Hasta qué punto mi diario de cazador comenzó a influir en las primeras salidas al monte o a la sabana africana? Se ha dicho muchas veces que la persona que escribe un diario acaba viviendo para él; que hace con frecuencia cosas para escribirlas después. Ese no es mi caso. La caza me interesa por sí misma, con incontenible pasión, y el escribir un diario no tiene otro objeto que revivir unas horas, unos días o unas circunstancias, del mismo modo que los viajeros ingleses venían atraídos por la leyenda de la España hidalga y pobre, y luego, al volver a su país, escribían el relato de los peligros del camino y de los lances en las posadas. Terminado el viaje que había parecido un sueño, era entonces, al referirlo, cuando los viajeros románticos empezaban en realidad a soñar”.

Texto: Dr. Marcial Gómez Sequeira

Artículo perteneciente al libro del autor Mar de nubes

Información y pedidos: Teléfono 615 10 18 78

CARACTERÍSTICAS DEL LIBRO

Autor: doctor Marcial Gómez Sequeira. Editorial: Cega Multimedia, S.L. Tamaño: 225 x 280 mm, 212 páginas, impresas a 4/4 en estucado semimate de 150 gramos. Cromo de cubierta impreso a color en estucado de 150 gramos plastificado mate. Encuadernación: cosido con hilo vegetal, en tapa dura con lomo recto, con sobre cubierta a color una cara plástico mate. Ediciones en español (Mar de nubes) e inglés (Sea of Clouds). PVP: 45 € (Mar de nubes) / 48 € (Sea of Clouds).

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