Opiniones

Perico Castejón: «la ética lo marca todo en la vida». Coloquios con José Ignacio Herce

Don Pedro González de Castejón y Silva, más conocido como Perico Castejón (PC), ingeniero agrónomo, cuarenta y cinco años monteando con su rehala, varios libros escritos y muchos años de experiencia avalando su figura dentro del mundo de la caza.

«Las rehalas están para encontrar la caza, levantarla de sus encames, latirla avisando al montero de su trayectoria y llevarla a las posturas; también en ocasiones y llegado el caso, apresarla para propiciar su muerte a cuchillo por perrero o montero». Batiendo monte, Perico Castejón.

¿Cómo llega un joven ingeniero agrónomo a convertirse en uno de los rehaleros más reconocidos de nuestro país?, cómo y cuándo te surge la afición, quién te enseña…

PCPor contra a lo que se pueda pensar, no tuve referentes, me hice a mí mismo en este mundillo. Mi padre y mi abuelo no eran cazadores. Yo tenía el instinto atávico muy marcado desde niño y en las vacaciones que siempre pasábamos en el campo estaba todo el día cazando la menor. Pero lo que marcó mi trayectoria en la caza, a los 18 años, fueron cinco perros que teníamos para el manejo de las vacas que además estaban muy picados en los cochinos. Cruzados de bóxer y pastores alemanes, eran todos sobresalientes para el marrano. Cacé mucho con ellos y me enamoré de ellos, existía una conjunción especial entre nosotros. Fue el inicio de mi vida como rehalero.

«Por contra a lo que se pueda pensar, no tuve referentes, me hice a mí mismo en este mundillo. Mi padre y mi abuelo no eran cazadores. Lo que marcó mi trayectoria en la caza, a los 18 años, fueron cinco perros que teníamos para el manejo de las vacas que además estaban muy picados en los cochinos»

Recuerda tu primera pieza de caza

PC: Mi primer gran marrano lo cacé a cuchillo con esos perros. Ocurrió en un ganchito donde yo batía y se ponía mi primo. Dieron con él y no quiso huir. Les hizo frente. Yo estaba cerca y pude matarlo. En una pelea larga hubieran perdido.

Perico, pregunta fácil y obligada, ¿cómo entiendes tú la montería?

PC: Para mí la montería es ver y sentir cazar a los perros, y no debería serlo solo para mí, debería serlo también para todos los monteros, sintiendo y viviendo como cazan los perros, multiplicarían el disfrute del día. Los perros te dan un plus en la caza.

En la montería se conoce a la persona, pues en ella, como en otras modalidades de caza, se dan los más altos y más bajos comportamientos humanos. Egoísmo, avaricia, vanidad, mentira y superficialidad frente generosidad, modestia, franqueza y autenticidad.

«Para mí la montería es ver y sentir cazar a los perros, y no debería serlo solo para mí, debería serlo también para todos los monteros, sintiendo y viviendo como cazan los perros, multiplicarían el disfrute del día. Los perros te dan un plus en la caza»

Para ti, que has conocido la caza desde hace ya muchos años, ¿cuál ha sido o es tu época dorada en la caza?

PC: Cuando no se comercializaba. Había mucho respeto por la caza viva, por la caza muerta, entre los monteros, por los rehaleros y por los perros. Se valoraba el resultado global y todos se alegraban del éxito del otro.

Tengo grandísimos recuerdos de esa época. No tenía perrero y lo hacia todo yo. Salía los sábados muy temprano, a veces a las tres o cuatro de la mañana, desde Madrid a Segovia que era donde tenía la rehala. Cargaba los perros y partía hacia la finca nuevamente cruzando Madrid. Monteaba y buscaba los rezagados o perdidos. Muchas veces cuando llegaba a la casa ya se habían ido todos.

Si estaba lejos de la perrera, dormía en algún lado cerca de la montería del domingo. Siempre buscaba un lugar para poder soltar y atender a los perros el sábado por la noche y el domingo temprano. Muchos compañeros me acogían en su casa. En Segovia había una persona que los cuidaba entre semana.

¿Qué papel otorgas a la ética y a la estética en nuestra montería?

PC: (Rotundo) Absoluto. La ética lo marca todo en la vida y en la montería igual. La ética con la Naturaleza y con los animales a los que cuidamos para luego cazar, la ética en las acciones de caza dejando marchar mucha caza viva, la ética en el respeto a los compañeros, a los perreros que se están esforzando en hacer bien su trabajo, ética con los perros a los que no hay que maltratar. La ética aporta siempre un valor añadido en todos los aspectos de la vida.

La estética se está demostrando también que es fundamental, da otro valor a las cosas. Hay que huir de esas juntas llenas de sangre, de esas fotos que después son utilizadas en las redes… la foto del trofeo que hemos cazado, maravilloso recuerdo de aquel día, se debería compartir solo con nuestro grupo más íntimo y no trasladarlo a otros círculos donde quizá no lo entiendan. La estética es fundamental tanto en mostrar la caza como en la vestimenta y en todo lo que rodea a la montería.

«Hay que huir de esas juntas llenas de sangre, de esas fotos que después son utilizadas en las redes… la foto del trofeo que hemos cazado, maravilloso recuerdo de aquel día, se debería compartir solo con nuestro grupo más íntimo y no trasladarlo a otros círculos donde quizá no lo entiendan»

¿Te consideras un ‘talibán’ de la montería?

PC: Para nada, aunque algunas personas pudieran tener esa percepción. Mi empeño es la búsqueda y la persecución permanente de la pureza y la autenticidad. Quizá sea una utopía, pero si no la perseguimos ni siquiera nos acercaremos a ella. En ocasiones mi defensa de esta autenticidad y pureza, ha podido llevar a algunas personas a considerarme como tal.

«Mi empeño es la búsqueda y la persecución permanente de la pureza y la autenticidad. Quizá sea una utopía, pero si no la perseguimos ni siquiera nos acercaremos a ella»

¿Crees que hoy día queda algo de la montería tradicional española?

PC: En círculos reducidos permanece, se valora el resultado global, se disfruta con los éxitos de los compañeros, se vive la montería en toda su dimensión, se ama el campo, a los perros, las ladras… por desgracia hay otros grupos de cazadores que solo valoran los resultados propios, no saben si han entrado a batir perros o gatos, solo les interesa lo suyo.

¿Cuál es a tu juicio el mal de nuestra montería hoy día?

PC: La comercialización de la caza. Cuando la montería cuesta dinero y lo que se busca es amortizar lo que se ha pagado, lleva a disparar sobre todo, a obsesionarse por su resultado y se pierde el respeto al animal y a la ética de la que antes hablábamos.

«Cuando la montería cuesta dinero y lo que se busca es amortizar lo que se ha pagado, lleva a disparar sobre todo, a obsesionarse por su resultado y se pierde el respeto al animal»

¿Tiene solución?

PC: Que lo vayamos denunciando cada uno en nuestro entorno y nos dediquemos, en la medida de los posible, a informar y formar a la gente para crear un espíritu diferente y más puro. Si no lo intentamos no lo conseguimos, eso seguro.

¿Crees que a los jóvenes se les está iniciando bien en el mundo de la montería?

PC: Creo que sí, desde luego en estos grupos que mantienen las tradiciones. También en el mundo rural, allí seguro porque la caza se contempla de manera diferente que en el mundo urbano, donde para algunos el interés es que el joven cace lo más posible consiguiendo en poco tiempo lo que a los demás nos ha costado años. Pero, quiero pensar que en general si se está haciendo bien.

Da un consejo a los jóvenes cazadores y gestores

PC: Que se olviden del resultado, que valoren el resto y el resultado será un plus algunos días. Que sean caballeros en el ejercicio de la caza. Que no vayan a por lo fácil, sino a por lo difícil, lo que exige esfuerzo. Que eviten elementos de ventaja frente al animal. Disparar a una pieza a 600 metros que ni siquiera se está enterando de nuestra presencia y por ello no se pone alerta ni enciende su instinto de supervivencia, no es cazar, no tiene mérito, sino todo lo contrario.

«A los jóvenes les puedo aconsejar que se olviden del resultado, que valoren el resto y el resultado será un plus algunos días. Que sean caballeros en el ejercicio de la caza. Que no vayan a por lo fácil, sino a por lo difícil, lo que exige esfuerzo. Que eviten elementos de ventaja frente al animal»

Háblame de tus perros

PC: (Se le ilumina el semblante) Son la obsesión que tengo dentro, pienso en ellos todos los días de mi vida, disfruto de ellos seis meses en el monte en temporada y otros seis fuera de ella, estando con ellos, viendo los cruces, como van creciendo los cachorros. Ellos me dan todo, todo… se juegan la vida por mí y en ocasiones, como tantos perreros, yo por ellos. Quiero a cada uno de mis perros como cada persona quiere al suyo, cuando le pasa algo a alguno sufro infinitamente, pero me dan tantísimas satisfacciones…

«Mis perros son la obsesión que tengo dentro, pienso en ellos todos los días de mi vida, disfruto de ellos seis meses en el monte en temporada y otros seis fuera de ella, estando con ellos, viendo los cruces, como van creciendo los cachorros. Ellos me dan todo, todo…»

Perico Castejón con uno de sus ‘urracos’.

¿Por qué ‘urracos’?

PC: Siempre he sido un admirador de Valdueza y su perrero Periquillo. En algún momento cuando se decidió por la capa blanca y quitaba los blancos y negros yo los cogí. Luego me fije en que eran perros con muchísimo rendimiento que sobresalían sobre los demás y además se distinguen mucho mejor en el monte.

¿Qué raza es para ti la gran desconocida, si la hay?

PC: Siempre salen perros excepcionales de otras razas, el drathaar maravilloso, el braco, los pachones, los perros de agua, he conocido algunos increíbles. Pero los más efectivos son el podenco y su cruce con mastín. El tipo de perro varía según sea la zona a montear y las reses a cazar.

¿Cuál de tus perros permanece y permanecerá siempre en tu memoria?

PC: (Duda) Tengo tantos y me han dado tantas alegrías… pero guardo un recuerdo magnífico de un mastín que se llamaba Serio que, en una montería, cuando un gran cochino se refugió en una charca, él se metió en ella, lo agarró solo, el cochino le pegó siete u ocho puñaladas en el cuello, yo me metí a rematarlo rezando para que el perro no soltara porque me podría costar la vida, y solo cuando lo conseguí matar el perro lo soltó y se desvaneció como diciendo «gracias». Era un perro impresionante.

Yo te he visto trabajar con tus perros y buscarlos durante días si hacía falta, y me hago una pregunta, ¿hasta dónde llegarías por uno de tus perros?

PC: Llegaría a todo. Yo he tenido momentos muy comprometidos en algunos agarres por salvarles, me he metido en zarzales imposibles porque había batalla allí y poco perro, y tenía que desequilibrar la pelea, he tenido enfrentamientos con gente por maltratar a los perros… los defiendo a muerte, llegaría a todo… sería capaz de vivir toda mi vida como un asceta solo con mis perros.

«Por mis perros llegaría a todo… los defiendo a muerte, llegaría a todo… sería capaz de vivir toda mi vida como un asceta solo con mis perros»

¿Cómo ves el mundo de la rehala?

PC: Es un mundo de románticos con gran amor a sus perros. Digo románticos porque mantenerlos les cuesta mucho dinero y en algunos sectores no se les reconoce su importancia. No se les reconoce ni su trabajo, intentando tener perros sobresalientes para el éxito de la montería, ni económicamente. Las rehalas alquiladas con 250 € por montería no tienen para cubrir mínimamente los gastos que acarrea mantenerla. Una rehala buena que resuelve el día al organizador debería valer el doble.

«A los rehaleros no se les reconoce ni su trabajo, intentando tener perros sobresalientes para el éxito de la montería, ni económicamente. Las rehalas alquiladas con 250 € por montería no tienen para cubrir mínimamente los gastos que acarrea mantenerla. Una rehala buena que resuelve el día al organizador debería valer el doble»

¿Qué piensas cuando oyes a un animalista hablando del ‘sufrimiento’ al que se somete a un perro en la montería?

PC: Yo le diría que viniera conmigo a la perrera y que los viera cuando los cargamos en el camión, que viera su cara de felicidad… como si dejas a uno de ellos su cara es un poema y te mira como diciendo «por qué me dejas…». Tendría que ver la alegría con la que salen al monte a hacer su trabajo, que vea un perro al que le han rajado tres o cuatro veces y sigue entrando al cochino… y cuando vean esa felicidad, el cuidado que se les tiene, el cariño del perro a su perrero y viceversa… verá que son los perros más felices que existen.

¿Qué diferencia una buena rehala de otra mala?

PC: Una buena rehala es la que le hace la cacería montería al organizador. ¿Y cómo lo consigue? Pues teniendo perros con las cualidades necesarias, como son, afición para estar buscando todo el día que no todos los perros la tienen, olfato para encontrar la caza y no levantar solo lo que se tropieza, tiene que tener dicha, ladrar a la caza porque potencia la persecución, llama a los demás y eso hace difícil perder la res y hace mucho más seguro que esa res llegue a las posturas y, por último, tiene que tener valentía el conjunto de la rehala para que si un cochino no quiere salir sean capaces de sacarle, y eso solo lo consiguen los buenos perros a base de trabajo, esfuerzo y dedicación.

«Una buena rehala es la que le hace la cacería montería al organizador. ¿Y cómo lo consigue? Pues teniendo perros con las cualidades necesarias, como son, afición, olfato, tiene que tener dicha, ladrar a la caza porque potencia la persecución, y, por último, tiene que tener valentía»

¿Cuáles son los valores que deben primar en buen rehalero?

PC: Amor a los perros, mucha dedicación, no tener pereza a la hora de trabajar con ellos ni en la perrera ni en el monte y mucha exigencia en el nivel de calidad de cada uno. Si le vale todo tendrá una rehala mediocre, debe perseguir la selección en sus perros, buscando siempre un buen destino para los que se descarte.

«Un buen rehalero ha de tener amor a los perros, mucha dedicación, no tener pereza a la hora de trabajar con ellos ni en la perrera ni en el monte y mucha exigencia en el nivel de calidad de cada uno»

Un perrero de referencia

PC: Siempre ha sido Periquillo, el perrero de Valdueza. Es el perrero con más talento que he conocido. Otro sería Ángel Campos, el Titi, que ha fallecido hace poco, y sus hijos Sebastián y Ángel también destacan por su sabiduría y oficio.

¿Cómo debe de ser un cuchillo de remate?

PC: Ancho, de doble filo, suficientemente largo, pero no en exceso, que pudiera atravesar a un cochino pequeño y pinchar a un perro que estuviera al otro lado, muy afilado porque hay cochinos que tienen una auténtica coraza sobre todo a los lados, con una cruceta que evite que al pinchar te rajes la mano por deslizamiento y, por último, con una hebilla que impida que lo puedas perder.

«Un cuchillo de remate debe de ser ancho, de doble filo, suficientemente largo, pero no en exceso, muy afilado, con una cruceta y con una hebilla»

¿Cuál ha sido el día más triste en tu carrera como montero y rehalero?

PC: Cuando le pasa algo a alguno de mis perros, ese día se me cambia el semblante y tengo un sufrimiento infinito. Recuerdo un perro que me mató un ‘montero’ al disparar a un venado envuelto por la rehala y lo escondió, salió corriendo, lo cogió de una pata y lo arrastró hasta el monte y si no lo ve otro perrero yo me habría tirado un mes buscándolo. Me pareció el hecho más ruin que se pueda hacer.

«Recuerdo un perro que me mató un ‘montero’ al disparar a un venado envuelto por la rehala y lo escondió, salió corriendo, lo cogió de una pata y lo arrastró hasta el monte… Me pareció el hecho más ruin que se pueda hacer»

¿En qué momento te sentiste verdaderamente orgulloso de lo que estabas haciendo?

PC: Siempre me siento orgulloso y feliz cuando un montero de los que le reconozco criterio me dice «joder, cómo han trabajado tus perros».

¿Crees que el mercantilismo está acabando con el mundo de la caza, al menos tal y como la conocíamos?

PC: Sin duda.

¿Ha desaparecido el romanticismo de la caza en España?

PC: Por supuesto, y en gran parte por lo que hemos comentado anteriormente del mercantilismo. Da igual como se haya conseguido el trofeo, lo que importa es llevárselo a casa. Nadie se queda a ver la caza y a disfrutarla…

«Da igual como se haya conseguido el trofeo, lo que importa es llevárselo a casa. Nadie se queda a ver la caza y a disfrutarla…»

¿Qué futuro ves a la caza en general y a la montería en particular?

PC: Yo sí le veo futuro porque hay una concienciación en el mundo de la caza de hacer llegar la esencia de la caza a las zonas urbanas, porque en las rurales no hace falta, denunciando los malos comportamientos y así conseguiremos ir marginando a los malos cazadores, siempre en búsqueda de esa utopía de la que hemos hablado antes y que si no la buscamos no encontraremos nunca.

¿Hay relevo en el mundo de la rehala?

PC: Soy pesimista. El mundo de la rehala es muy sacrificado, tienes que cuidar los perros los 365 días del año y los tienes que atender y atender bien, y la juventud no quiere sacrificios…

«El mundo de la rehala es muy sacrificado, tienes que cuidar los perros los 365 días del año y los tienes que atender y atender bien, y la juventud no quiere sacrificios…»

El día que te retires, ¿a dónde te gustaría hacerlo con tus perros?

PC: Yo solo le pido a Dios que me de salud para seguir entrando a batir diez o quince años más. Y cuando esté impedido físicamente, estaré en el campo recordando mis perros, mis amigos y todo lo que me han dado.

Ya es la hora, vamos a comer, ¿qué plato de caza te hace salivar solo de pensarlo?

PC: Me apasiona la comida de caza, las becadas que hace Raúl en el Club Estrada de Comillas que son para morirte, me apasiona el corzo, el cochino, los zorzales, las palomas… me muero por cualquiera de sus platos.

¿Qué pregunta no te he hecho y te gustaría haber contestado?

PC: Creo que no se ha quedado nada en el tintero.

Hemos terminado una de las entrevistas más intimistas que he hecho. A lo largo toda ella se ve la pasión por su ‘trabajo’ de Perico y su preocupación durante todo el coloquio por conseguir transmitir su visión de los valores de la caza y de la ética y la estética de la montería. Espero haber captado su sentir por la pureza y la autenticidad de caza y trasmitirlo tanto a los que conocemos a Perico como a los que no tienen esa suerte.

Coloquios con José Ignacio Herce Álvarez

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