Reinos de taifas

Así se escribe la Historia. Aunque, en la inmensa mayoría de los casos, a nadie se le ocurra echarle un vistazo, sobre todo para no caer una y otra vez, cual acémila en piedra, en los mismos errores. Taifa, en traducción del árabe, significa banda o facción. En una parte de nuestro suelo patrio, en un determinado momento de nuestra historia, porque la historia de la España musulmana nuestra es, le pese a quien le pese, hubo ¡hasta 39! El Califato de Córdoba, la dinastía Omeya, una brillante página de nuestra cultura, se cierra acosada por las ansias de poder de las bandas ante la impotencia de los legítimos califas. Y, claro, llegó el listo de turno, léase Alfonso VI, el Bravo, entre otros, y aprovechando del famoso divide y vencerás, les dio lo que no estaba escrito.

Viene a cuento, esta burlesca referencia histórica, a propósito de la situación, de miles de situaciones, que han sucedido, y están sucediendo, en nuestra más reciente historia, ahora mismo, en las que las ansias por tocar púrpura de unos cuantos, o de unos muchos, no repara en cuentas a la hora de plantear situaciones un tanto rocambolescas, pero que no dudan en poner en peligro la estabilidad común en aras de sus propios intereses, crematísticos, sobre todo. Que en pleno siglo XXI –cuando todo está tan globalizado que el famoso aleteo de las alas de la mariposa en Tokio hace temblar la estabilidad de Wall Street– aquí nos estemos planteando, siglo tras siglo y erre que erre, la estructura del estado, pues no deja de ser un asunto de boinas y cejijuntos que, si no fuera por la situación dramática de millones de personas, sería como para tomárselo a chufla.

Pero dichas ansias no se limitan a los ámbitos del poder político. Siguiendo el ejemplo de esta caterva de… padres de sus patrias, los distintos estamentos, asociaciones, federaciones y demás integrantes de esta maraña, se pillan el rábano por las hojas y deciden que, si no me gusta lo legalmente establecido, pues ahora voy y me independizo. Y van y se independizan. Y se buscan argumentos tan estrambóticos que, a veces, hasta incluso parece que les asiste la razón. Sobre todo cuando reciben el aliento de unos cuantos que se sienten sumamente involucrados (por propio interés, que nadie se engañe) y ofendidos… cuando se miran el ombligo.

Si pasamos de lo general a lo particular, en esto lo nuestro que nos ocupa, comprobamos con una cierta estupefacción como algunas federaciones autonómicas han hecho de su capa un sayo y, como no les gusta, como no les conviene, aceptar los resultados del último proceso electoral a la presidencia de la Real Federación Española de Caza, deciden, por su cuenta y riesgo, independizarse, o al menos intentarlo. Acusando, a diestro y siniestro, de fraude –involucrando y denunciando al mismísimo Consejo Superior de Deportes–, sobre la base de que no se les han otorgado los delegados que legalmente les correspondían a la hora de votar en las citadas elecciones, deciden, insistimos que tras unos resultados que no les convienen –quizá les convenía más un presidente más manejable–, no acatar los resultados electorales y separarse, o intentarlo, de la RFEC.

Tenemos en nuestro poder, y por eso hablamos, un certificado oficial de la RFEC, de fecha 24 de septiembre de 2012, día en el que se convocaron las elecciones –firmado por el entonces Secretario General, del que nadie pone en duda su independencia–, que certifica, por eso es un certificado, que, a fecha 14 de septiembre de 2012 habían tenido entrada, recibidas y tramitadas, ante la RFEC, 11.347 licencias de una autonomía, 1.846 de otra, 4.100 de una tercera y 8.629 de una cuarta. ¿Cuántos delegados les corresponden a la hora de votar…?

Pero no es nuestra intención inmiscuirnos en cuestiones de votos. Si hacemos referencia a estas cifras es porque se nos plantea otra pregunta que, esta sí, nos parece un poco más preocupante: ¿no será, todo esto, cuestión de ‘pasta gansa’? ¿No será que si no envío las licencias al ‘estado centralista’ me quedo con la pasta que nos corresponde a todos…? ¿No será –como está ocurriendo estos días– que si al ‘estado opresor centralista’ no le digo que se me han muerto, por desgracia, miles de personas con derecho a cobrar ayuda por dependientes, me quedo con la ‘pasta’ de esas ayudas…? Buenas e independentistas razones para declararse independiente.

Por cierto, que resulta cuanto menos curioso que algunos de todos estos ‘independientes’ –apoyados por los que quieren beneficiarse de ‘la independencia’– la liaran parda, no ha menos de un año, con el ‘fraude-estafa’ y otras lindezas sobre el dichoso plomo ecológico, y ahora, dicha ‘estafa’ del plomo se haya presentado nada menos que ante la Comisión Europea.

¿Qué hacemos…? ¿Denunciamos también a la Comisión Europea…?

Igual, como decían los inimitables Tip y Coll, la semana que viene ‘hablamos del gobierno’.

Editorial Caza y Safaris mes de febrero

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