La ley de Castilla-la Mancha.

Juan-Caballero

A finales del pasado mes de diciembre el Gobierno de Castilla-La Mancha dio el visto bueno al proyecto de Ley de Caza y su remisión a las Cortes Regionales. Desconozco el tiempo que será necesario para la aprobación de nueva la Ley de Caza, más aún si habrá zancadillas o/y una insufrible oposición. Todos sabemos que siempre hay asesores que hacen cábalas sobre la influencia en el voto de tomar una medida o de aprobar una Ley. Pienso sinceramente que la nueva normativa trae muchas mejoras, sin cambiar en lo sustancial lo permitido y lo prohibido actualmente. En especial producirá una notable mejoría en cuestiones relacionadas con el papeleo administrativo, lo que siempre es de agradecer, tanto por funcionarios como por los administrados. Los beneficios sociales de la nueva Ley no son discutibles, pues son un hecho, cuestión importantísima sobre todo cuando estamos ante una actividad en la que la gran mayoría de sus practicantes son gentes sencillas de nuestros pueblos.

No se entendería, principalmente desde el punto de vista de la sociedad rural, que la oposición del actual Gobierno Regional intentara evitar su aprobación, con independencia de que pudiera aportar algunas enmiendas constructivas. Aunque esto último tendrá su dificultad, pues deben tener en cuenta que el conjunto del sector cinegético apoya el texto como está, con independencia de cuestiones que puedan gustar más o menos. La unión de todo el sector les aseguro que es un auténtico milagro. Además, precisamente los cazadores y afines a la actividad no tenemos un color político determinado, este es uno de los motivos para que la actividad siga viva en nuestro país. Igualmente deben considerar que la oposición a la nueva Ley es única y exclusivamente de los grupos anticaza. Estos siempre han apostado por no hacer nada en el campo, por su abandono, y todo aquello que no suponga un recorte es para ellos inaceptable. Mienten de forma continua para desvirtuar la actividad, a la que tildan de deporte para ricos, aunque si esto fuera así nos encontraríamos con una auténtica bendición para nuestras zonas rurales, pues habría en ellas centenares de miles de personas adineradas. No todos los grupos ecologistas están en contra, aunque se adhieran a tal o cual plataforma contra la Ley, eso lo sabemos de muy buena tinta. Esta gente siempre funciona en bloque, aunque sólo sea en las formas. Tampoco lo están los agentes medioambientales, con independencia de que la minoría que hace más ruido diga lo contrario. Estos que parecen llevar la voz cantante pecan al generalizar, realmente son políticos de oposición o/y miembros de grupos abandonistas y además claramente posicionados en contra de la propiedad privada. En mis últimas cinco salidas al campo he tenido la oportunidad de hablar con distintos agentes medioambientales y no he encontrado a uno solo que se oponga a la nueva Ley.

La Consejería de Agricultura ha hecho un buen trabajo, empezando, como no debe ser de otra manera, por prestar sus oídos a todos los grupos que tenían algo que aportar. El hecho de llevar la batuta no ha significado para ellos cargarse de razón. Los distintos políticos y funcionarios, que se encargaron de la redacción de la Ley, han dado un ejemplo de lo que realmente deben ser: servidores de la sociedad. Además los máximos responsables han dado la cara, la prueba la tenemos en esta misma revista con la entrevista que realizó Antonio Mata a la Consejera de Agricultura, María Luisa Soriano, publicada el pasado mes. Merece que su trabajo, que es el de todos, llegue a puerto. Otro gallo hubiera cantado, en los pueblos de casi toda España, si el personal del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, antes de poner en marcha sus políticas para el control del empleo en la actividad cinegética, se hubiera informado de cuál es la auténtica realidad del sector, de los daños y prejuicios que podría originar si las cosas no se hacían bien. Lo mismo puedo decir del Ministerio de Agricultura, cuyos mandatarios actuales regalaron al francés parte de nuestro patrimonio, con las repoblaciones de cabras monteses en la cara norte de los Pirineos.

 

por:Juan Caballero de la Calle.

 

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