Naturaleza Real

Cuando José Luis Garrido me invitó a participar en el proyecto de Naturaleza Real, de la Federación Castellanoleonesa de Caza, he de confesar que tuve alguna reticencia. Ya estamos cansados de bregar un día sí y otro también con aptitudes de intransigencia y críticas desde el desconocimiento más elemental del proyecto, y desde extremos muy distintos y radicales en el rechazo de cualquier instrumento que aúne conocimiento y difusión de acciones protagonizadas por cazadores.

 

Podría llegar a entender críticas vertidas de nuestro lado sobre esta iniciativa y recogidas en la web, donde se mezclan diferentes tipos de sentimientos: el anti-federación como entidad promotora y el odio visceral por la fórmula actual, sugiriendo, posteriormente, la unión de todos los cazadores, y el de «¿lo que hay que hacer?», con comentarios muy manidos sobre alternativas que ayuden en ésta u otra tarea para difundir el conocimiento cinegético entre los jóvenes y del cual estamos tan necesitados.

 

Los otros, los de siempre, cuando se lanzó el proyecto intentaron intoxicar a la opinión pública mintiendo sobre el dinero adjudicado en convenio por la Junta de Castilla y León, de lo cual siempre se hacen eco los medios y que no merece más comentarios.

 

De muy gratificante fue la experiencia pionera en Castilla y León de hace ya unos años (1999/2000), que puso en marcha la Asociación de Cazadores de Valladolid, Proyecto Natura, y en la que tuve el honor de participar. Desde entonces, mi percepción y trato hacia nuestro propio colectivo cambió. Se reunió un grupo de cazadores muy dispuestos a la colaboración y con bastos conocimientos. Las sensaciones que experimenté en las aulas con el mundo infantil-juvenil, con preguntas muy directas y respuestas meditadas, en el entorno de las aulas por el impacto que podrían producir, medidos y marcados muy directamente, por profesores que nos escuchaban y que, al terminar nuestras intervenciones, algunos nos confesaban que su postura y visión que tenían del mundo de los cazadores podría no ser tan distinto del nuestro.

 

En las actuales jornadas Naturaleza Real me tocó hablar del mundo canino con nuestros pequeños, espléndidas jornadas, en la que intenté explicarles, en las demostraciones con perros de muestra, la utilidad de todas las razas caninas. 

 

Existe una especial simbiosis entre el niño y el perro, ¿quién, de pequeño, no ha deseado tener uno en casa?, con la salvedad de que, ahora, nuestros niños, sueñan con cachorros, influenciados por la imagen del perro infantilizado de los dibujos y cuentos. No quieren perros adultos, éstos les producen sensaciones contradictorias, un poco de temor y rechazo que, conforme avanzábamos en la jornada, iban desapareciendo al comprender las cualidades del perro adulto, en el cual todos los cachorros terminan convirtiéndose. 

 

Es muy interesante comprobar como la atención, interés y preguntas realizadas, se centran en conocer el trabajo y el adiestramiento del perro. Esta faceta adquiere una dimensión diferente sin el abate de la pieza, muy interesante para futuros talleres de trabajo e iniciación en el entorno de nuestros jóvenes.

 

Ya que los ecologismos no aceptan la caza con muerte y esta práctica está condenada a reglamentaciones cada vez más draconianas, estas tesis, además, son adoptadas por la sociedad como doctrina de obligado cumplimiento y, quizá, solamente justificadas en el futuro, de no remediarlo, como regulación de poblaciones. 

 

El resto quedaría como la práctica de la caza sin muerte, donde el verdadero protagonista será el perro de caza. Esto ya ocurre en sociedades muy cercanas, Inglaterra, Francia, Alemania…, donde muchos criadores-adiestradores no son cazadores; incluso en nuestro país ya conozco casos de dueños de perros de rastro de sangre como participantes en pruebas de trabajo, que no son practicantes de caza real.

 

Esta posible nueva dimensión puede ser un objetivo a cubrir como etapa ¡necesaria! para la aproximación a la práctica de la cinegética, tan necesitada de nuevos acólitos. Debe de hacerse realidad la imagen, para nosotros tan positiva, en las grandes urbes, de hogares familiares en perfecta simbiosis familiar, perro de caza-cazador. 

 

Los cazadores, al menos unos pocos, se han dado cuenta de que el valor más importante dentro de la caza es el lance. Trasmitir la belleza del mismo con la colaboración del trabajo y adiestramiento del perro, no tienen los niños mayor problema en aceptarlo, aunque no estén familiarizados en modo alguno con la caza, insistiendo siempre en el perfecto binomio que forma el cazador con el perro y el niño como colaborador.

 

Debatir ampliamente las aptitudes de los diversos sectores, asociaciones, personajes, que dentro de nuestras filas en nada ayudan a que la caza se dignifique en un papel de acuerdo a nuestra sociedad actual, que pongan contra las cuerdas sus prácticas, nos sobra. Ya hay caminos marcados con muchas acciones emprendidas por clubs, asociaciones, federaciones y demás. Una más puede ser la difusión de la imagen cazador-adiestrador-responsable, ofreciendo y explicando sus conocimientos al servicio del aprendizaje de los más jóvenes, en un preámbulo de una futura actividad cinegética. Es una opción que se puede disfrutar y la cual recomiendo.

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