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CRÓNICA DE MONTE DO CRESPO
MONTERÍAS JOSÉ CARVALHO
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Cita tempranera y sorteo
Nuevo día de caza para Monterías José Carvalho, quien había citado a sus monteros en el bar Nova Era de Vila Verde de Ficalho. Allí acudieron puntuales para tomar un café y desayunar antes de desplazarse a la finca donde se realizaría el sorteo de posturas.
De nuevo, doce puestos eran los encargados de cerrar el cazadero, al que se le había suprimido la traviesa de siete posturas por el fallo de un grupo de cazadores, estando previsto inicialmente cazar la mancha con veintidós posturas.
Manos a la obra se ponía el amigo José Carvalho, dando las últimas indicaciones a los allí presentes, todos caras conocidas en este ya consolidado grupo montero.
–Por favor, disparad a todo el cervuno que entre y, por supuesto, disfrutad de los jabalíes, que haberlos, haylos.
Estas eran las premisas justo antes de guardar un minuto de silencio por los que ya no nos acompañan.

Colocación de los puestos y primeras incidencias
Rápido sorteo y no menos rápida distribución de las posturas. Mi posición, inicialmente el cuatro de la Ribera, pasó a ser, tras un error, el cinco de la misma armada. Durante el montaje nos saltamos una postura y finalmente la ocupé yo tras acordarlo con su titular, circunstancia que, todo hay que decirlo, terminó beneficiándome, aunque bien podría haber sido al contrario.

Suelta de rehalas y primeros lances
Eran las doce del mediodía, hora española, cuando José dio la orden de soltar los perros, y fue entonces cuando ocurrió. En esta ocasión se había ideado algo nuevo: al no haber traviesa, se soltó una sola rehala, concretamente la de Caballero, conducida por Rafita y Eduardo, en un arroyo para que diesen vueltas y moviesen la caza.
Nada más abrir los portones, salieron por delante cuatro venados, uno de ellos espectacular, emprendiendo la huida: tres hacia la parte más alta y uno hacia el interior de la mancha. Acto seguido se soltaron las demás rehalas, y poco tardó la del Escuadrón de la Muerte, conducida por el amigo Raúl, en dar con un tremendo jabalí que, fresco y con ganas, plantó cara en el fondo de un barranco lleno de zarzas. Consciente del peligro que entrañaba el animal, Raúl tuvo que acudir en defensa de sus perros, poniendo fin a la contienda.

Venados fallados y jabalíes sin descanso
Mientras tanto, el par de perros que le quedaban al amigo Rafita no paraban de escupir jabalíes del morrón donde habían soltado, aunque, por el momento, no se oían disparos.
Adrián venía dando la mano del eucaliptal sin noticias de jabalíes, aunque sí levantó un precioso venado que emprendió la huida hacia la postura de Conejo. Este le disparó dos veces, pero lo vio perderse barranco abajo. Habría que pistear.
Rafita recuperaba a los perros que habían partido tras los venados, fallados por el puesto uno –omitiremos su nombre–, quien posteriormente reconocería que el primero de ellos tenía entre dieciocho y veinte puntas y que, sorprendido, lo falló estrepitosamente, colándose los tres venados hacia fuera.
Tres kilómetros marcaba el GPS de Eduardo desde la suelta hasta el punto donde los perros perdieron a los astados.

Ajetreo constante en el barranco
Tras recuperar fuerzas, Rafita continuó monteando aquel pegote donde levantó otros seis jabalíes: dos corrieron barranco arriba y cuatro barranco abajo, refugiándose todos en distintos zarzales. Primero fue a por los más cercanos, levantándolos de nuevo y quedando compuesto y sin perros.
La ladra se encendía y los perros iban como si se comieran al navajero que trasponía la loma en dirección a la ribera. Lo que no sabía el animal era que un servidor lo esperaba para poner fin a su carrera con un certero disparo. Tras comunicarlo por la emisora, los nervios comenzaron a templarse: ya había dos jabalíes y, supuestamente, un venado en la cuenta.
La montería se avivaba. Rafita no paraba de levantar cochinos; los cuatro del otro zarzal salieron “a escape” y fueron fallados todos en el cierre. Parecía de película: Eduardo y Rafita sin perros y los jabalíes delante de ellos como si nada, hasta ocho juntos.

Un cochino enorme
El resto de rehalas seguían ofreciendo lances. Ildefonso abatía un venado defectuoso en el cinco de la armada de Jorge, y Conejo se hacía con otro jabalí. Diego Pérez, tras un hat-trick en la jornada anterior, estuvo cerca de repetir, quedándose finalmente en dos jabalíes. Juan María, en el siete de la Ribera, abatía otro, viendo pasar cuatro más que no pudo tirar por la distancia entre puestos.
José, viendo el esfuerzo sobrehumano de Rafita, fue guiando a todas las rehalas hacia el barranco.
Eran ya las dos y media y los monteros estaban «borrachos» de caza, ladras y montería.
El mismo puesto que falló los venados erró cinco jabalíes más, entre ellos uno enorme. Por la emisora sonó mi nombre: «Para ti va, es enorme…». Y apareció, justo por el único sitio imposible de tirar: el viso. Cruzó a todo gas con veinte perros detrás; le solté tres salvas in extremis, sin éxito. Era bueno.
A las tres de la tarde, José dio orden de retirar las posturas.

Una jornada inolvidable, con ladra continua de principio a fin
Me ofrecí para buscar el venado herido por Conejo. Sangre y metros, muchísimos metros, casi un kilómetro hasta la ribera. La búsqueda fue infructuosa. Un precioso venado de doce puntas que no se pudo cobrar.
Algo parecido ocurrió con el abatido por el siete de la armada de Jorge, muerto en la orilla española y cuya recogida suponía casi dos horas más, por lo que se decidió no llevarlo al plantel.
La comida fue en plan compadre; por los 150 euros del puesto, poco más se podía pedir. Diez jabalíes, dos venados y una cierva se cobraron en una jornada inolvidable, con ladra continua de principio a fin.
Crónica y fotografías: Carlos Casilda Sánchez
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DATOS DEL GANCHOS

Organización: Monterías José Carvalho
Fecha: 17 de enero de 2026
Finca: Monte do Crespo / Finca abierta
Localidad: Vila Verde de Ficalho, distrito de Beja, Alentejo, Portugal
Puestos: 12 / Sin cupo / Rehalas: 6
Venados: 2
Jabalíes: 10 (2 navajeros, 1 de ellos muy bueno)
Ciervas: 1
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